1° de Mayo de capa caída para los K

Los números de la economía no dejaron mucho margen para que el Gobierno pudiera vivir un verdadero “día peronista” . Por Hugo E. Grimaldi | columnista de dyn.

04 Mayo 2014
BUENOS AIRES.- Engullido por la realidad económica y social antes que por el envase del fin de semana largo que la cháchara kirchnerista usa una vez por mes para mostrar cómo los que pueden se movilizan por el país y gastan en otro lado lo que dejan de gastar en su terruño, este 1° de mayo no fue para nada un “día peronista”, tal como si se hubiese perdido definitivamente la mística.

Ya dejó de serlo desde hace mucho tiempo de acuerdo a como lo entendían los históricos, pero el año del ajuste, de la crisis inflacionaria, del parate económico, del temor a la desocupación y de la explosión de la pobreza pareció haberle quitado a la militancia y a los dirigentes políticos y gremiales más cercanos al Gobierno las ganas del festejo, quizás por el sentimiento de culpa que los embarga. Desde la más pura ortodoxia en dos cuestiones clave (devaluación y suba de las tasas de interés), de las que siempre abominó el ministro Axel Kicillof, aunque no el conservadurismo instintivo que posee la Presidenta, el proceso económico pareció entrar en un remanso en relación a la dinámica de enero, sobre todo porque se controló la caída de reservas a partir de una nueva experiencia de tipo de cambio fijo y de un cierto freno a la escalada de los precios.

Si bien la cosa pareció funcionar desde la cosmética, aunque no por los “Precios Cuidados” como quiere hacer creer el relato, el gran detalle de toda la cuestión es que casi no hubo medidas fiscales que le pusieran algún ancla al desborde del gasto, la tercera pata de la cual los políticos nunca quieren dar cuenta porque creen que tienen un reaseguro si disponen de la máquina de emitir moneda o deuda.

En el mercado bursátil hay por estos días apuestas de corto plazo que se traducen en compras o ventas de acciones de empresas o de títulos nacionales o provinciales, ya sea si hay o no hay confianza en que el Gobierno va a ir a fondo con la cuestión de los subsidios o con otras medidas que apunten a cortar los gastos.

Los eufóricos entienden que a Kicillof no le queda otra forma de avanzar, ya que lo hecho hasta ahora parece insuficiente y creen que finalmente lo hará aún a costa de dejar aún más de lado sus convicciones, mientras que los pesimistas suponen que será la naturaleza de la Presidenta la que impedirá profundizar en este renglón, ya que estaría entregando el último eslabón de lo que alguna vez se llamó “el modelo”: el consumo interno.

El concepto de creer que el dinero todo lo puede, la Argentina lo viene repitiendo sistemáticamente desde la mitad del siglo pasado y ha llevado al país a más de una situación de zozobra. Sin ir más lejos, desde el advenimiento de la democracia, Raúl Alfonsín se llevó puesto al Plan Austral de Juan Vital Sourrouille con la hiperinflación de 1989 y Carlos Menem a la Convertibilidad de Domingo Cavallo con el endeudamiento feroz de los ‘90.

Para enmarcar el momento económico, que tiene con cara de preocupación y con el pie levantado del acelerador a muchos argentinos, hay que precisar que estar en la zona de 2% de inflación y ya no en la de 3% mensual es un logro, pero que eso no asegura nada si la política económica sigue jugando a la gallina distraída. Un salto mensual de ese calibre de aquí en más, más casi el 10% que ya lleva 2014, hace que el tipo de cambio fijo vaya perdiendo competitividad, mientras el nivel de tasas genera desincentivo a tomar créditos. Así, el pronóstico de otra devaluación hacia mitad de año no resulta osado.

En tanto, las estadísticas oficiales han sido contundentes sobre cómo está la situación en materia del nivel de actividad. Primero, fue la producción industrial y luego, la construcción, las que mostraron durante marzo peligrosos retrocesos de 6 por ciento en cada caso.

En la industria, el sector automotor retrocedió 25,1 por ciento respecto a marzo del año pasado y acumuló en el primer trimestre una baja de 14,5 por ciento. Para hablar del tema, el mismo Kicillof salió como los bomberos hacia Brasil, ya que la tesis local, al menos la que se intenta vender en público, es que el parate productivo le llega a la Argentina debido a la menor demanda automotriz de ese país.

En ese sentido, resulta muy interesante comparar las versiones que se dieron a conocer en los dos países. Mientras en la Argentina, el Jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, aseguró que en la reunión del martes pasado en Brasilia hubo un “avance cualitativamente importante”, para los medios brasileños se registraron “divergencias” en temas de riesgo cambiario que el gobierno argentino no querría asumir, lo que derivó en “promesas de nuevos encuentros”. Y tanto es así que ambas partes agendaron una nueva reunión en Brasil para el 6 y 7 de mayo,

Por el lado de la construcción, se profundizó el retroceso que venía experimentando el sector desde la instrumentación del cepo cambiario, aunque había mostrado una reacción en parte de 2013. Desde septiembre del año pasado, comenzó a insinuarse un cambio de tendencia, que primero se materializó con una suave desaceleración para luego profundizarse y transformarse en un franco tobogán productivo desde enero de este año. De estos datos tan críticos a que se manifiesten problemas con el empleo hay un solo paso y las novedades sobre retiros voluntarios, adelanto de vacaciones, recorte de turnos, horas extras y suspensiones para reducir costos son elocuentes a diario.

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