21 Noviembre 2010 Seguir en 
La toma de créditos personales viene creciendo con vigor en los últimos meses, a un ritmo de un 50% anual, debido a que se percibe una mayor predisposición al consumo y a que buscan apalancar financieramente sus adquisiciones. Es una de las conclusiones del estudio realizado por la consultora Actividad Moneda y Finanzas (AMF Economía).
De acuerdo con el informe, los datos de octubre pasado, cuando subió un 50% la toma de créditos personales, son contundentes y, de sostenerse esta dinámica, en los próximos 12 meses uno de cada dos trabajadores formales contará con los fondos de un préstamo personal para apuntalar sus decisiones de consumo.
También, es probable, de acuerdo con AMF, que la mayoría de los tomadores reciba montos relativamente reducidos que aplicarán a la cancelación parcial o total de saldos de tarjetas de crédito para así poder sostener el circuito de compras que le permite el instrumento.
Es decir que el sobreendeudamiento es saneado con más deuda, pero para sostener el consumo.
Así, muchos consumos realizados a través de las tarjetas pueden estar siendo sufragados a través de un préstamo personal que evite un desborde de su saldo deudor.
En rigor, una buena porción de los montos otorgados a través de este tipo de créditos es destinada, sin embargo, a la compra o al cambio de vehículos o a refacciones en la vivienda, según AMF. "En general, apuntan a fines más ambiciosos que la compra de un electrodoméstico y/o la reducción de un saldo deudor de tarjeta de crédito", amplió la consultora.
Proporción
El estudio -elaborado sobre la base de información del Banco Central, BCRA- da cuenta de que en octubre de 2010 el 57% de los créditos personales otorgados fue de un importe de hasta $ 5.000; un 19% correspondió a créditos personales por importes de entre $ 5.000 y $ 10.000; un 14%, a créditos de entre $ 10.000 y $ 20.000 y el 10% restante a montos superiores a los $ 20.000.
¿Qué procuran quienes acceden a este tipo de financiamiento? En rigor, más de la mitad de los créditos otorgados en octubre corresponde a coberturas de pequeñas necesidades de fondos destinadas a, quizás, salvar contingencias asociadas a otro tipo de necesidades financieras; por caso, bajar el saldo de tarjeta.
AMF razona que, contrariamente a lo que pudo haberse visualizado como una canibalización entre el financiamiento con tarjetas y préstamos personales, a la larga (o a la corta) termina surgiendo una complementariedad entre ambos instrumentos, ya que, finalmente, los individuos acuden a un préstamo personal para regularizar sus pasivos con el emisor del plástico.
Las últimas estadísticas revelan que progresivamente tiende a sostenerse la vigencia del préstamo personal, operatoria estrella de la posconvertibilidad. La información correspondiente a la primera semana de noviembre, según AMF, revela que el stock de este tipo de financiaciones se expandió en los últimos 30 días a un ritmo anualizado del 52,7%. Según las estadísticas difundidas recientemente por el BCRA, surge que en octubre se cursaron favorablemente más de 300.000 solicitudes de créditos personales por montos diarios promedios que superaron en un 48% a los otorgamientos de julio pasado.
Confianza
¿Qué lleva a las familias a acrecentar sus niveles de deuda con las entidades financieras? En general, un conjunto de factores que pueden traducirse en sus expectativas de consumo. Al respecto, el Índice de Confianza del Consumidor (ICC) que elabora la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT) lo refleja en toda su dimensión: tanto en los niveles de ingresos altos como en los de menores recursos, se acrecientan las respuestas afirmativas sobre las previsiones de mayores compras de electrodomésticos, automóviles e inmuebles.
Por eso, al ritmo de octubre pasado, cerca del 50% de los trabajadores formales completarían en los próximos 12 meses una solicitud de préstamo personal para adquirir una diversidad de bienes.
Según calcula el informe de AMF, si los tomadores de créditos de hasta $ 5.000 destinaran el 70% de esos fondos a la adquisición de electrodomésticos, podrían estar volcando al mercado aproximadamente U$S 1.000.000 en los próximos 12 meses.
En el extremo opuesto, y con la misma proporción de aplicación, quienes tomen préstamos por $ 50.000 volcarían alrededor de U$S 700.000 a la adquisición de unos de 55.000 vehículos anuales.
De acuerdo con el informe, los datos de octubre pasado, cuando subió un 50% la toma de créditos personales, son contundentes y, de sostenerse esta dinámica, en los próximos 12 meses uno de cada dos trabajadores formales contará con los fondos de un préstamo personal para apuntalar sus decisiones de consumo.
También, es probable, de acuerdo con AMF, que la mayoría de los tomadores reciba montos relativamente reducidos que aplicarán a la cancelación parcial o total de saldos de tarjetas de crédito para así poder sostener el circuito de compras que le permite el instrumento.
Es decir que el sobreendeudamiento es saneado con más deuda, pero para sostener el consumo.
Así, muchos consumos realizados a través de las tarjetas pueden estar siendo sufragados a través de un préstamo personal que evite un desborde de su saldo deudor.
En rigor, una buena porción de los montos otorgados a través de este tipo de créditos es destinada, sin embargo, a la compra o al cambio de vehículos o a refacciones en la vivienda, según AMF. "En general, apuntan a fines más ambiciosos que la compra de un electrodoméstico y/o la reducción de un saldo deudor de tarjeta de crédito", amplió la consultora.
Proporción
El estudio -elaborado sobre la base de información del Banco Central, BCRA- da cuenta de que en octubre de 2010 el 57% de los créditos personales otorgados fue de un importe de hasta $ 5.000; un 19% correspondió a créditos personales por importes de entre $ 5.000 y $ 10.000; un 14%, a créditos de entre $ 10.000 y $ 20.000 y el 10% restante a montos superiores a los $ 20.000.
¿Qué procuran quienes acceden a este tipo de financiamiento? En rigor, más de la mitad de los créditos otorgados en octubre corresponde a coberturas de pequeñas necesidades de fondos destinadas a, quizás, salvar contingencias asociadas a otro tipo de necesidades financieras; por caso, bajar el saldo de tarjeta.
AMF razona que, contrariamente a lo que pudo haberse visualizado como una canibalización entre el financiamiento con tarjetas y préstamos personales, a la larga (o a la corta) termina surgiendo una complementariedad entre ambos instrumentos, ya que, finalmente, los individuos acuden a un préstamo personal para regularizar sus pasivos con el emisor del plástico.
Las últimas estadísticas revelan que progresivamente tiende a sostenerse la vigencia del préstamo personal, operatoria estrella de la posconvertibilidad. La información correspondiente a la primera semana de noviembre, según AMF, revela que el stock de este tipo de financiaciones se expandió en los últimos 30 días a un ritmo anualizado del 52,7%. Según las estadísticas difundidas recientemente por el BCRA, surge que en octubre se cursaron favorablemente más de 300.000 solicitudes de créditos personales por montos diarios promedios que superaron en un 48% a los otorgamientos de julio pasado.
Confianza
¿Qué lleva a las familias a acrecentar sus niveles de deuda con las entidades financieras? En general, un conjunto de factores que pueden traducirse en sus expectativas de consumo. Al respecto, el Índice de Confianza del Consumidor (ICC) que elabora la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT) lo refleja en toda su dimensión: tanto en los niveles de ingresos altos como en los de menores recursos, se acrecientan las respuestas afirmativas sobre las previsiones de mayores compras de electrodomésticos, automóviles e inmuebles.
Por eso, al ritmo de octubre pasado, cerca del 50% de los trabajadores formales completarían en los próximos 12 meses una solicitud de préstamo personal para adquirir una diversidad de bienes.
Según calcula el informe de AMF, si los tomadores de créditos de hasta $ 5.000 destinaran el 70% de esos fondos a la adquisición de electrodomésticos, podrían estar volcando al mercado aproximadamente U$S 1.000.000 en los próximos 12 meses.
En el extremo opuesto, y con la misma proporción de aplicación, quienes tomen préstamos por $ 50.000 volcarían alrededor de U$S 700.000 a la adquisición de unos de 55.000 vehículos anuales.







