País delirante

El Gobierno ha logrado enfrentar a pobres contra pobres. Sin plata para los jubilados, pero sí para los contenidos digitales. Miguel Ángel Rouco | Columnista de DyN.

24 Octubre 2010
BUENOS AIRES.- Trabajadores de izquierda pugnan por establecer una relación laboral fija y, como no lo consiguen, deciden pasar a la acción directa. Sindicalistas de derecha salen a respaldar al patrón -el Estado-, se encolumnan en defensa de sus intereses y deciden pasar también a la acción directa. El resultado, una refriega que causó un muerto y heridos en un episodio en que el gobierno se mostró ausente aunque era parte interesada y prefirió quedarse en las sombras.

Si este relato hubiera surgido de una crónica de la Alemania de los años 30, nada hubiera parecido extraño. Pero esto es la Argentina de 2010, un país que funciona a merced del corporativismo y que desnuda a diario los vicios del régimen.

El esfuerzo de la administración Kirchner está logrando sus frutos y está alcanzando la meta. Estos tristes episodios no son otra cosa que el resultado de la política de dividir para reinar, el núcleo de la liturgia K. En su esquema fascista, el Gobierno ha logrado enfrentar a pobres contra pobres. La única diferencia entre ambos sectores es la lealtad al régimen de emergencia que les permitirá gozar de las prebendas y de los subsidios.

El reclamo de un grupo de trabajadores tercerizados para ser incorporados como personal permanente en una empresa del Estado chocó con los intereses corporativista, permitiendo que el propio gobierno que se dice luchar contra el empleo en negro mantenga en la informalidad a los peticionantes.

El Gobierno empuja y acompaña el delirio cegetista de entrometerse en las ganancias de las empresas privadas, envalentonando al sindicalista camionero con tal que le sirva de dique de contención en la interna partidaria.

Mientras Kirchner construye poder de cara al 2011, las reservas del Banco Central siguen comprometiéndose y el Gobierno continúa endeudándose, en el mercado interno, a tasas superiores a las que puede conseguir en el hiperlíquido mercado exterior. La inflación sigue su marcha y no para de perforar el bolsillo de las familias argentinas a pesar del esfuerzo oficial por mitigar las escandalosas cifras del costo de vida, alimentadas por un gasto público exorbitante que está creciendo a un ritmo cercano al 40% anual. El FMI actualizó sus perspectivas económicas para este y el próximo año y reiteró sus observaciones sobre las cifras oficiales. Pese a la grosera manipulación de las cuentas públicas, el sector público presenta un profundo desequilibrio y de no haber sido por los giros del Banco Central y de la Anses, el saldo fiscal sería escandaloso. Según el FMI, el déficit de la Argentina será de entre un 3,5% y un 4% del PBI. Es decir, el gobierno deberá conseguir U$S 30.000 millones hasta finales de 2011.

El anuncio de invertir U$S 2.000 millones en TV digital para producir películas en remotos lugares del interior en los cuales se carece de agua potable, cloacas, escuelas y servicios sanitarios, es un cachetazo en la cara de millones de poblaciones que ven postergadas sus necesidades más urgentes. No hay dinero para los jubilados pero hay dinero para montar al Estado como proveedor de contenidos digitales cuando existen recursos ociosos en el sector privado.

Mientras se gasta en tecnología que en pocos años estará en desuso, en la Argentina mueren más de 10.000 personas en accidentes de tránsito por falta de inversiones.

Mientras, se queman recursos, el país se va convirtiendo en un terreno dominado por pandillas criminales que se cobran víctimas diariamente por falta de seguridad. ¿Adónde está llevando este Gobierno al país?

Este proyecto faraónico de la digitalización, representa para el matrimonio regente, lo que el Mundial 78 fue para el régimen militar: una cortina de humo para ocultar los reales problemas estructurales que tiene la Argentina.

¿De qué le sirve el WIFI a un chico que no alcanza a cubrir sus mínimas necesidades? ¿De que le sirve la TV digital a poblaciones que se encuentran azotadas por las sequías o por las inundaciones o por las pandemias como el dengue o el ya crónico Mal de Chagas que se cobra 1.000 vidas por año en el noroeste argentino (NOA)?

Son los últimos latidos de un régimen que languidece. Solamente en un país delirante pueden ocurrir semejantes fracturas en el tejido social que llevarán años volver a recomponer. No es la Alemania de los 30, pero se le asemeja. Es la Argentina 2010 donde todo es posible, menos la racionalidad.

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