"Lo que están haciendo en los moteles me parece una aberración"

Alperovich desaprobó los controles que realiza Rentas a la salida de hoteles alojamiento. "Voy a hablar con Clavarino".

ESPERANDO A LA SALIDA. La camioneta de Rentas se instaló afuera del motel Stop para exigir factura a las parejas. ARCHIVO LA GACETA/HECTOR PERALTA
ESPERANDO A LA SALIDA. La camioneta de Rentas se instaló afuera del motel Stop para exigir factura a las parejas. ARCHIVO LA GACETA/HECTOR PERALTA
30 Agosto 2010
El gobernador, José Alperovich, se mostró hoy en desacuerdo con las inspecciones que la Dirección General de Rentas (DGR) realizó este fin de semana a la salida de un motel ubicado en la ruta 305. "Lo que están haciendo en los hoteles alojamiento me parece una aberración", declaró esta mañana, en su habitual contacto con la prensa. 
"Voy a hablar con Pablo Clavarino, pero no estoy de acuerdo para nada. Ahí no se puede controlar", agregó el mandatario. La inspección en el motel Stop comenzó el viernes a las 18 y duró hasta ayer al mediodía; durante 42 horas, inspectores y policías pidieron a las parejas las boletas por el alquiler de la habitación. 
Clavarino confirmó a LA GACETA que los agentes solicitan tickets y facturas a los comercios de todos los rubros. "Y este (el de albergues transitorios) no es la excepción", aseveró. A los clientes, al personal y a los propietarios del motel les indignó la torpeza con que se llevó a cabo el operativo y que los agentes aprovechasen la ocasión para reclamar también las facturas pagadas del impuesto Automotor correspondientes a 2010.
"Imaginate: las parejas salían con discreción, en sus autos, y se topaban con policías y una camioneta. No sabían si era control de alcoholemia o un operativo antidrogas o lo que sea", comentó un empleado.
"Es incómodo para la gente. Podían pedir las boletas tranquilamente dentro del hotel. Hay clientes que no las llevan, ¡pero eso no es culpa nuestra! Hay que entender. Además, tenemos la registradora fiscal. Incluso, les ofrecimos que la manejen ellos", se quejó Cati, una de las propietarias del establecimiento. LA GACETA ©

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