"El emprendedor no se permite dormir sin pensar"

La diseñadora tucumana instaló una fábrica en Tucumán y desde aquí exporta las prendas íntimas que fabrica a todo Bolivia. Además, comercializa sus productos en el NOA y continúa en plena expansión. Un ejemplo de constancia, imaginación y capacitación constante.

LA GACETA / HECTOR PERALTA
LA GACETA / HECTOR PERALTA
18 Enero 2009

Encaró un proyecto alternativo y con pocos antecedentes en Tucumán. Antes había viajado a Buenos Aires para capacitarse y, de regresó, comenzó sola con la ilusión del éxito y el empeño de alcanzarlo. Cecilia María Aybar es una joven empresaria que impulsó sus diseños de ropa interior hacia afuera de las fronteras de la provincia y del país, y que avanza a paso firme con su emprendimiento económico.

- ¿Cuándo comenzaste?
- Con la lencería y la corsetería comencé en 2004, volví de estudiar en Buenos Aires y me instalé en Tucumán con un pequeño taller para empezar la confección y la venta de esa parte de la indumentaria que no estaba muy explotada en Tucumán.

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- ¿Dónde estudiaste?
- La formación comienza desde pequeña; iba a la primaria y me gustaba todo lo relacionado a las manualidades. Durante la secundaria hacía cursos de corte y confección; después cursé la carrera de Ciencias de la Educación en la facultad de Filosofía y Letras. Cuando terminé esa carrera me fui a Buenos Aires donde comencé con la carrera de diseño de indumentaria en un instituto privado, que se llama Espacio Buenos Aires, donde hice un curso de dos años de moldería industrial con hombres, niños y damas, con Hermenegildo Zampar, que es un referente muy importante en la Argentina, en todo lo relacionado a la moldería.

- ¿Fue difícil lanzarse con un emprendimiento de estas características en Tucumán.
- Cuando estaba en Buenos Aires ya tenía una visión de comenzar a trabajar en esto y mi objetivo es vivir de lo que hago. Allá me fui introduciendo en las maneras de instalar una empresa; pero, lo más importante, es que ví el vacío que había en Tucumán. Pude relacionar ese vacío con mi trabajo; detecté que no hay mucho diseño aplicado a la lencería y comencé con un pequeño taller. Cuando ya estaba instalada con lo que es la lencería, comencé con los uniformes corporativos, que era otro vacío que había en Tucumán, donde las empresas buscan transmitir una imagen a través de la indumentaria.

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-¿Cuáles fueron los primeros problemas con los que te encontraste al empezar a trabajar en tu rubro?
- El primer problema que hay y que sigue existiendo en Tucumán es la falta de mano de obra calificada; no existen empleados que sepan manejar las máquinas industriales. Estas máquinas avanzaron mucho durante los 90, pero la industria textil en la Argentina se quedó. Al reactivarse esa industria, a partir de 2001, las máquinas ya estaban avanzadas por lo menos 10 años y la gente no sabía manejar esa maquinaria. La cuestión de tallerista o los oficios, dentro de lo que es la costura, no se lo ve como un medio de crecimiento, sino como algo pasajero; entonces la gente no se capacita y no intenta seguir trabajando. El segundo problema era la falta de financiamiento, de parte de un banco o del Gobierno, para solventar un microemprendimiento no muy grande para una persona que recién empieza; era muy difícil conseguir un crédito a mi nombre para instalar un talles o una fábrica.

- ¿Cómo lo conseguiste?
- Primero trabajando y, con mis propios medios, llegué a armar un taller; después, a través de una fundación a la que me acerqué (la Fundación Impulsar).

- ¿Qué fue lo mínimo con lo que comenzaste?
- Lo primero que necesitaba, y que necesita todo el mundo, es un mínimo de capital para poder invertir. En un emprendimiento hacen falta varias cosas: primero, el espíritu emprendedor de la persona; ser idóneo en lo que uno pretende hacer; y, sobre todo, el capital: si no hay plata, no se puede emprender. En ese momento contaba con eso y pude arrancar. Después me acerqué a la Fundación Impulsar, porque yo veía, mientras avanzaba, que la información que tenía era artística, en lo que es moda y diseño, pero ninguna información en cuanto a lo que es costo, plan de negocio, un cash flow (flujo de caja, hace referencia a las disponibilidades financieras o de tesorería de una empresa), en la parte impositiva. Ahí tuve que capacitarme. La fundación me capacitó en esas cosas y me otorgó un crédito tras aprobar mi proyecto.

- ¿Cómo te financias actualmente?
- Lo primero que hago es la venta, porque si uno fabrica y no vende, no tiene sentido; en eso también tuve que capacitarme. También salí a vender, que es una parte muy importante de la empresa. Una vez que la comienza es como un círculo; se vende y se invierte constantemente. Es un ciclo que, cuanto más ventas, mayor trabajo. Pude incorporar el tema de los uniformes, que los desconocía, e incursionar en este tema.

- ¿Cómo comenzaste a exportar tus productos?
- El año pasado me fui, a través del Idep (Instituto de Desarrollo Productivo), a una misión comercial en Bolivia, donde iba a buscar mayor venta. Ahí conseguí un cliente importante que realiza ventas por catálogo por todo el país. Yo le vendo dos cuestiones: el trabajo intelectual aplicado a las prendas que ellos trabajan; y todo lo que es lencería y corsetería, directamente les vendo yo el producto. Hay que aclarar que es un producto exclusivo para Bolivia, porque hay que ver la talla, que no es la misma que en la Argentina; los colores que se utilizan allá; los estilos, tampoco son iguales. También participé en la feria Puro Diseño, en marzo del año pasado, que permitió que se me abrieran las puertas en Buenos Aires. Conseguí compradores de Santiago del Estero y de todo el NOA.

- ¿Tenés pensado expandirte?
- Lo que más quiero es seguir creciendo y apunto a que la empresa llegue a ser referente en el NOA, por lo menos en Tucumán; que cuando se hable de diseño, se relacione directamente mi nombre: "Cecilia Aybar", que tiene la línea de diseño corporativo y la línea de lencería y corsetería.

- ¿Cuál es la clave?
- Primero y principal la constancia y el trabajo, estar permanentemente pensando; en mi caso estoy todo el tiempo pensando en cómo crecer. El emprendedor no se permite, muchas veces, ni dormir sin pensar. Una vez que uno problematiza las situaciones que puede trabajar o descubrís, hay que ponerse manos a la obra. Pero también está el aprendizaje, aprender de los errores.

- ¿Seguís capacitándote?
- Me dí cuenta del vacío que tenía, entonces contraté un especialista en lo que hace a la cuestión de los negocios. Tenemos reuniones semanales y evaluamos el día a día de la empresa, en cuanto a costos, cuestiones impositivas, nuevos clientes. Algunas veces se presentan oportunidades que pueden parecer muy interesantes pero que no son rentables. Hay que saber a qué darle más prioridad. Hay veces en que es mucho trabajo pero la rentabilidad es poca. Es un asesor comercial. Ese paso es fundamental para crecer, pero dentro de un buen camino.

- ¿Cómo te imaginás de aquí a 10 años?
- Ojalá tenga una fábrica con muchos empleados, con mucha maquinaria (que sea totalmente digital). Me encantaría seguir exportando a más lugares. Quiero que, dentro de 10 años, esto se multiplique por 10.

- ¿Cómo conseguiste tus clientes?
- A través de conocidos, o de contactos personales, pude llegar a empresas importantes. La campaña de promoción del Ente Tucumán Turismo estuvo realizada con mis diseños. Es muy amplio el rubro, tengo desde uniforme para hombres, hasta promotoras de exposiciones, o eventos donde las chicas van vestidas de acuerdo a la ocasión.

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