23 Septiembre 2007 Seguir en 
Claro y contundente, Juan Mario Jorrat es de esos economistas que se arriesgan a decir algunas verdades que, para muchos, resultan incómodas. Desde hace algún tiempo, el economista tucumano viene observando signos que hacen prever el ingreso de la Argentina en un ciclo recesivo para su economía. Y ante las últimas turbulencias del mercado mundial, Jorrat no tuvo pelos en la lengua para decir: “la Argentina no tiene la espalda suficiente para aguantar un shock económico externo”. Lo explica en la entrevista concedida a LA GACETA.
-¿Cuáles son los argumentos que sostienen su pensamiento respecto del impacto de las turbulencias externas en la economía nacional?
-En primer lugar, tenemos esa ilusión de las reservas internacionales del Banco Central. Gran porcentaje de esas reservas son pasivos y, si se netea, quedará bastante poco. El segundo problema también es una ficción: el superávit. El gasto está subiendo a mayor ritmo que los ingresos y hasta cambiaron las definiciones de uno y otro de tal manera que juegan con los números y entonces sigue habiendo un aparente superávit fiscal. En esas circunstancias no siempre estamos a merced de los shock externos. Este shock seguramente va a disminuir la tasa de crecimiento del mundo y va a impactar indirectamente en la Argentina. Puede ser un proceso suficientemente fuerte como para revertir el ciclo positivo de los precios de nuestras exportaciones. Entonces de nuevo vendrá el problema de las retenciones, que no se podrán mantener, y todos los inconvenientes derivados de un mal sistema impositivo, de la falta de estabilidad institucional y de la falta de inversión en todo el sector energético, que es clave. Todas esas son señales muy malas, porque están ocurriendo sistemáticamente juntas. Y como he mencionado, no tenemos espalda, no tenemos ahorro y tampoco una tradición para generar un ambiente propicio para la inversión privada.
-¿Qué debería hacer el Gobierno para regenerar esas condiciones?
-Lo primero que tendría que hacer es dejar de manejar las estadísticas como lo hace actualmente. Además, debe garantizar la independencia total de la Justicia y reformar el sistema impositivo, de tal modo que surja una nueva ley de coparticipación a las provincias. Hay que hacer muchas cosas y, sobre todo, con seriedad y coherencia en la toma de decisiones. Sino basta recordar que la Argentina termina siempre atrapada por los vaivenes de un ciclo económico sin crecimiento. Ahora hubo tal crecimiento, pero vengo observando que se está frenando.
-¿Puede tratarse de una desaceleración brusca o suave?
-Vengo advirtiéndolo desde hace un año y medio o dos que puede resultar brusca y, eventualmente, el país se expondría a iniciar una nueva recesión. Está la omnipresente inflación de vuelta entre nosotros, a tasas que algunos estiman que está por encima del 20%, lo cual es mucho.
-¿Cuáles son los efectos que puede ocasionar el cambio de un ciclo de vacas gordas a vacas flacas?
-Ya hemos vivido una recesión muy importante para conocer cuáles pueden llegar a ser los efectos. Pero, en este caso, no podemos saber la magnitud; claro que hay luces amarillas, pero no podemos predecir la intensidad de la próxima caída.
-¿Por qué?
-Sabemos muy poco de los ciclos económicos para moderarlos o predecirlos. Si supiéramos hasta lo evitaríamos. Lo que sí se puede apreciar es que políticamente, las cosas (en materia económica) se hacen al revés. El Gobierno, en vez de ser atemperador de los ciclos, termina actuando como exacerbador de los ciclos.
-¿La caída paulatina del nivel de reservas del Central, puede constituir una señal de debilitamiento?
-En general, es un indicador de que en el país se deberá producir algún cambio. No se pude seguir manteniendo un tipo de cambio fijo. El tipo de cambio debería ser fijado libremente en el mercado; pero si esto ocurre, reflejaría la inflación real en el país. Por eso, el Gobierno no quiere que sepamos cuál es la inflación real. Sin frena el índice de inflación, entonces habrá menos pobres porque la canasta básica (que sirve como parámetro para delinear el límite de ingresos para no caer en la pobreza) es de menor valor de lo que en realidad debería ser. Pero eso no es un escenario real; sólo le sirve para llenarse la boca diciendo de que en el país hay tres millones de pobres menos.
-¿Qué nos puede deparar el futuro, la economía de 2008, por ejemplo?
-En general, tendrá que haber un ajuste en las tarifas de los servicios públicos privatizados. Cuanto antes se haga, será mejor. Este ajuste repercutirá más en la clase media, que verá disminuido sus ingresos. En los pobres, el efecto será inferior porque se generarán tarifas sociales. Los ajustes son inevitables. Cuando se los postergan tiene un costo mayor para todos. Y en esto también nos estamos engañando. Siempre digo que la Argentina tropieza con la misma piedra. La provincia de Buenos Aires es deficitaria y ahora se dice que son tres las que generan déficit, lo cual demuestra que los gobernantes están procediendo como en el pasado. Siempre se empieza con crisis fiscales en las provincias que luego se cargan a Nación y, por ende, a todos los contribuyentes. En realidad, estamos haciendo las cosas mal y se siguen haciendo esas cosas mal. No aprendemos. Necesariamente el Gobierno y también la oposición necesitan un cambio de actitud. Si no lo hacen, la economía y los mercados, que son tan duros, le torcerán el brazo para que lo hagan. De otro modo, el país caerá en un escenario de recesión económica.
-¿Cuáles son los argumentos que sostienen su pensamiento respecto del impacto de las turbulencias externas en la economía nacional?
-En primer lugar, tenemos esa ilusión de las reservas internacionales del Banco Central. Gran porcentaje de esas reservas son pasivos y, si se netea, quedará bastante poco. El segundo problema también es una ficción: el superávit. El gasto está subiendo a mayor ritmo que los ingresos y hasta cambiaron las definiciones de uno y otro de tal manera que juegan con los números y entonces sigue habiendo un aparente superávit fiscal. En esas circunstancias no siempre estamos a merced de los shock externos. Este shock seguramente va a disminuir la tasa de crecimiento del mundo y va a impactar indirectamente en la Argentina. Puede ser un proceso suficientemente fuerte como para revertir el ciclo positivo de los precios de nuestras exportaciones. Entonces de nuevo vendrá el problema de las retenciones, que no se podrán mantener, y todos los inconvenientes derivados de un mal sistema impositivo, de la falta de estabilidad institucional y de la falta de inversión en todo el sector energético, que es clave. Todas esas son señales muy malas, porque están ocurriendo sistemáticamente juntas. Y como he mencionado, no tenemos espalda, no tenemos ahorro y tampoco una tradición para generar un ambiente propicio para la inversión privada.
-¿Qué debería hacer el Gobierno para regenerar esas condiciones?
-Lo primero que tendría que hacer es dejar de manejar las estadísticas como lo hace actualmente. Además, debe garantizar la independencia total de la Justicia y reformar el sistema impositivo, de tal modo que surja una nueva ley de coparticipación a las provincias. Hay que hacer muchas cosas y, sobre todo, con seriedad y coherencia en la toma de decisiones. Sino basta recordar que la Argentina termina siempre atrapada por los vaivenes de un ciclo económico sin crecimiento. Ahora hubo tal crecimiento, pero vengo observando que se está frenando.
-¿Puede tratarse de una desaceleración brusca o suave?
-Vengo advirtiéndolo desde hace un año y medio o dos que puede resultar brusca y, eventualmente, el país se expondría a iniciar una nueva recesión. Está la omnipresente inflación de vuelta entre nosotros, a tasas que algunos estiman que está por encima del 20%, lo cual es mucho.
-¿Cuáles son los efectos que puede ocasionar el cambio de un ciclo de vacas gordas a vacas flacas?
-Ya hemos vivido una recesión muy importante para conocer cuáles pueden llegar a ser los efectos. Pero, en este caso, no podemos saber la magnitud; claro que hay luces amarillas, pero no podemos predecir la intensidad de la próxima caída.
-¿Por qué?
-Sabemos muy poco de los ciclos económicos para moderarlos o predecirlos. Si supiéramos hasta lo evitaríamos. Lo que sí se puede apreciar es que políticamente, las cosas (en materia económica) se hacen al revés. El Gobierno, en vez de ser atemperador de los ciclos, termina actuando como exacerbador de los ciclos.
-¿La caída paulatina del nivel de reservas del Central, puede constituir una señal de debilitamiento?
-En general, es un indicador de que en el país se deberá producir algún cambio. No se pude seguir manteniendo un tipo de cambio fijo. El tipo de cambio debería ser fijado libremente en el mercado; pero si esto ocurre, reflejaría la inflación real en el país. Por eso, el Gobierno no quiere que sepamos cuál es la inflación real. Sin frena el índice de inflación, entonces habrá menos pobres porque la canasta básica (que sirve como parámetro para delinear el límite de ingresos para no caer en la pobreza) es de menor valor de lo que en realidad debería ser. Pero eso no es un escenario real; sólo le sirve para llenarse la boca diciendo de que en el país hay tres millones de pobres menos.
-¿Qué nos puede deparar el futuro, la economía de 2008, por ejemplo?
-En general, tendrá que haber un ajuste en las tarifas de los servicios públicos privatizados. Cuanto antes se haga, será mejor. Este ajuste repercutirá más en la clase media, que verá disminuido sus ingresos. En los pobres, el efecto será inferior porque se generarán tarifas sociales. Los ajustes son inevitables. Cuando se los postergan tiene un costo mayor para todos. Y en esto también nos estamos engañando. Siempre digo que la Argentina tropieza con la misma piedra. La provincia de Buenos Aires es deficitaria y ahora se dice que son tres las que generan déficit, lo cual demuestra que los gobernantes están procediendo como en el pasado. Siempre se empieza con crisis fiscales en las provincias que luego se cargan a Nación y, por ende, a todos los contribuyentes. En realidad, estamos haciendo las cosas mal y se siguen haciendo esas cosas mal. No aprendemos. Necesariamente el Gobierno y también la oposición necesitan un cambio de actitud. Si no lo hacen, la economía y los mercados, que son tan duros, le torcerán el brazo para que lo hagan. De otro modo, el país caerá en un escenario de recesión económica.







