19 Agosto 2007 Seguir en 
En las últimas semanas sentimos en el mercado local las repercusiones de una caída global de los mercados financieros relacionada con el mercado hipotecario americano. Las hipotecas de riesgo tienen justamente esta característica: alta morosidad cuando las situaciones económicas se tornan menos favorables. Justamente, los segmentos de crédito más arriesgados florecen en períodos de bonanza, como lo fueron los últimos años, con bajísimas tasas de interés, y colapsan anticipadamente en las contracciones de crédito o con las caídas de los precios de los activos.
Nada para sorprenderse, sino simplemente la dinámica de cualquier ciclo económico. Adentrémonos un poco en este mercado hipotecario que está en el centro del problema. Al igual que en otros casos en el pasado, el boom viene impulsado inicialmente por una innovación que aumenta el valor de ciertos activos. En este caso, la profundización de los mercados financieros y el desarrollo permitido por la creciente securitización y comercialización de hipotecas potenciaron el efecto de las bajas tasas de interés. Así, los bancos y demás instituciones originadoras de las hipotecas pudieron financiarse colocándolas luego en un mercado secundario en donde fondos de inversión y otros jugadores estuvieron dispuestos a ser los tenedores de largo plazo.
En todos los grupos
Esto potenció la capacidad comercial en un mercado ya naturalmente en alza por cuestiones macroeconómicas, dando las condiciones para que al boom siguiera una euforia en la que se podía prever que la asunción de riesgos por parte de los diferentes participantes del mercado era excesiva. Y aquí caben todos los grupos: consumidores que se endeudan, originadores de hipotecas, inversores de largo plazo, calificadoras de riesgo y reguladores.
Particularmente interesante es el hecho de que quienes generaban las hipotecas y evaluaban a los consumidores más de cerca ya no serían quiénes conservarían las hipotecas en el largo plazo, generando una novedad que a la vez brindaba un incentivo a colocar más hipotecas que lo conveniente.
Así, el riesgo se transfería de quienes más cerca están y mejor pueden evaluarlo a inversores cada vez más distantes y que podrían quedar invertidos en activos excesivamente riesgosos. Esta falla en el mercado exigía a las calificadoras de riesgo y a los reguladores una mayor capacidad de supervisión que la habitual, haciendo que los riesgos fueran mayores. Junto a la mayor securitización, otras innovaciones fueron la posibilidad de emitir deuda usando como colateral hipotecas de riesgo.
De esta manera, el tenedor final de la deuda tenía, en cierto sentido, dos potenciales pagadores por el mismo instrumento, haciendo que pudiera calificar como AAA y permitiendo entonces que fondos de pensión y compañías de seguro pudieran, en última instancia, canalizar fondos hacia deudores hipotecarios de riesgo, dando impulso a este segmento.
Otras condiciones ampliamente usadas permitieron que sujetos de crédito con peores calificaciones accedieran a créditos. Entre ellas estuvieron los créditos a tasa variable en momentos de tasas extremadamente bajas, y créditos de amortización negativa.
Cuotas bajas
Estos últimos permiten planes de pago con cuotas iniciales que no alcanzan ni siquiera a cubrir el interés, por lo que a medida que avanza el crédito, el deudor debe cada vez más. Esto obviamente está previsto que se compense con pagos más altos sobre el final del préstamo, pero también puede ser un negocio arriesgado. La dinámica expresada anteriormente es la habitual en cualquier mercado que sufre una innovación.
Inicialmente, grandes ganancias alientan una suba de precios y la entrada de jugadores menos conocedores del mercado con el afán de repetir los éxitos observados. Aquí, las innovaciones financieras favorecen a todos los participantes del mercado enumerados anteriormente.
Eventualmente los precios deben estabilizarse en un nuevo nivel, pero muy probablemente eso suceda luego de una caída desde un pico en el que los más optimistas aún invertían. A veces esto coincide con una burbuja especulativa, aunque no necesariamente deba estarse en presencia de una burbuja para apreciar un movimiento de precios similar.
Nada para sorprenderse, sino simplemente la dinámica de cualquier ciclo económico. Adentrémonos un poco en este mercado hipotecario que está en el centro del problema. Al igual que en otros casos en el pasado, el boom viene impulsado inicialmente por una innovación que aumenta el valor de ciertos activos. En este caso, la profundización de los mercados financieros y el desarrollo permitido por la creciente securitización y comercialización de hipotecas potenciaron el efecto de las bajas tasas de interés. Así, los bancos y demás instituciones originadoras de las hipotecas pudieron financiarse colocándolas luego en un mercado secundario en donde fondos de inversión y otros jugadores estuvieron dispuestos a ser los tenedores de largo plazo.
En todos los grupos
Esto potenció la capacidad comercial en un mercado ya naturalmente en alza por cuestiones macroeconómicas, dando las condiciones para que al boom siguiera una euforia en la que se podía prever que la asunción de riesgos por parte de los diferentes participantes del mercado era excesiva. Y aquí caben todos los grupos: consumidores que se endeudan, originadores de hipotecas, inversores de largo plazo, calificadoras de riesgo y reguladores.
Particularmente interesante es el hecho de que quienes generaban las hipotecas y evaluaban a los consumidores más de cerca ya no serían quiénes conservarían las hipotecas en el largo plazo, generando una novedad que a la vez brindaba un incentivo a colocar más hipotecas que lo conveniente.
Así, el riesgo se transfería de quienes más cerca están y mejor pueden evaluarlo a inversores cada vez más distantes y que podrían quedar invertidos en activos excesivamente riesgosos. Esta falla en el mercado exigía a las calificadoras de riesgo y a los reguladores una mayor capacidad de supervisión que la habitual, haciendo que los riesgos fueran mayores. Junto a la mayor securitización, otras innovaciones fueron la posibilidad de emitir deuda usando como colateral hipotecas de riesgo.
De esta manera, el tenedor final de la deuda tenía, en cierto sentido, dos potenciales pagadores por el mismo instrumento, haciendo que pudiera calificar como AAA y permitiendo entonces que fondos de pensión y compañías de seguro pudieran, en última instancia, canalizar fondos hacia deudores hipotecarios de riesgo, dando impulso a este segmento.
Otras condiciones ampliamente usadas permitieron que sujetos de crédito con peores calificaciones accedieran a créditos. Entre ellas estuvieron los créditos a tasa variable en momentos de tasas extremadamente bajas, y créditos de amortización negativa.
Cuotas bajas
Estos últimos permiten planes de pago con cuotas iniciales que no alcanzan ni siquiera a cubrir el interés, por lo que a medida que avanza el crédito, el deudor debe cada vez más. Esto obviamente está previsto que se compense con pagos más altos sobre el final del préstamo, pero también puede ser un negocio arriesgado. La dinámica expresada anteriormente es la habitual en cualquier mercado que sufre una innovación.
Inicialmente, grandes ganancias alientan una suba de precios y la entrada de jugadores menos conocedores del mercado con el afán de repetir los éxitos observados. Aquí, las innovaciones financieras favorecen a todos los participantes del mercado enumerados anteriormente.
Eventualmente los precios deben estabilizarse en un nuevo nivel, pero muy probablemente eso suceda luego de una caída desde un pico en el que los más optimistas aún invertían. A veces esto coincide con una burbuja especulativa, aunque no necesariamente deba estarse en presencia de una burbuja para apreciar un movimiento de precios similar.
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