Desborde y descontrol

La economía presenta síntomas de stress: como un paciente enfermo, entró en una fase de debilitamiento. Por Miguel Angel Rouco - Agencia DyN.

29 Julio 2007
BUENOS AIRES.- La economía se asemeja cada día más a la medicina. Al menos eso parece ocurrir por estos días en la Argentina, un caso al que los galenos calificarían como "un paciente de libro".
Es que sus diagnósticos económicos no escapan a lo que muchos académicos vienen advirtiendo día a día. Sus síntomas son tan claros, tan evidentes que hasta el menos avezado puede acertar en la terapia. Todos. O casi todos, menos, parece, la actual regencia "K" que ha fracasado en el tratamiento.
Los traumáticos episodios financieros de estos días nos llevan a revisar al paciente. El cimbronazo en el mercado cambiario, la suba de tasas, el incremento del riesgo-país a más del doble desde el inicio del año, el alza de tarifas de combustibles y el galopante proceso inflacionario fueron los síntomas de un diagnóstico certero: ¡Stress!
Al igual que en los episodios clínicos, se trató de una patología silente que llega en el momento menos esperado y en el menos deseado, pero que es el resultado de un cúmulo de presiones que detonan en un desequilibrio total. ¡Justo cuando se proclama la continuidad del modelo!
La presión del congelamiento tarifario, los cortes en suministros de gas y electricidad, la falta de inversiones, el cierre de las fuentes de financiamiento, la inflación ficticia de los acuerdos de precios, una emisión monetaria abundante y un gasto público exorbitante, son las causas del stress.
En algún momento, debía hacer eclosión, y así fue. El sistema de precios relativos todavía no se terminó de reacomodar de la brutal devaluación de 2002 y el aval a un tipo de cambio alto es un detonante para el combustible inflacionario. Esa letanía: "me gusta un dólar a $ 3", proveniente de la Casa Rosada no hizo más que fijar un nuevo piso para una convertibilidad ficta, una vez que el fuego de la inflación se devorara el tipo de cambio real. Ahora, vuelta a empezar.
Ese dólar en torno de los $ 3, significó para la administración "K" un reaseguro de durabilidad para un esquema económico que se autofagocita, al igual que nuestro paciente.
A pesar de que sostener este tipo de cambio le obligaba a emitir moneda, los altos ingresos fiscales que le garantizaban las retenciones a las exportaciones le permitieron mantener el control político a través del Tesoro, vía un aumento de la variable consumo, mediante incrementos salariales y del gasto público. Un modelo económico caído en desuso en los ?70 debido a sus probados fracasos, menos podría funcionar en pleno siglo XXI, en un ambiente signado por el mayor crecimiento y desarrollo de la historia económica del mundo. Era como echar combustible a la hoguera. Revisemos ahora a nuestro paciente. ¿qué cuadro clínico se puede esperar al cabo de varias trasnochadas con una ingesta copiosa de comidas, libaciones, tabaco y mujeres? Imagine la respuesta. En la economía pasa algo similar: ¿a quién se le puede ocurrir, en su sano juicio, que nada va a suceder si se aumenta el gasto público y se emite moneda para luego recomprarla a un costo varias veces superior a sus posibilidades? ¿Cómo no esperar una escalada inflacionaria y una salida de capitales ante semejante desborde y descontrol? ¿Cómo no esperar que los agentes económicos se vayan al dólar? ¿Acaso la moneda buena no desplaza a la moneda mala?

Fase de debilitamiento
La economía, como nuestro paciente, entró en una fase de debilitamiento. Ya no es cierto que tenga tantas reservas como parece. Las reservas se encuentran a la mitad porque están seriamente afectadas por una bacteria llamada "emisión monetaria" que produce una seria enfermedad llamada "Lebac-Nobac", que daña a esas reservas y produce fugas de capitales. Ahora, nuestro paciente necesita de antídotos para frenar la hemorragia de divisas. Lo más probable es que la reacción de un anticuerpo llamado "devaluación", licue el exceso de gasto público y ello sirva para frenar, al menos por un tiempo, los efectos de la bacteria de la emisión. Al menos hasta las elecciones.
Sin embargo, esa no parece ser la solución adecuada. Esa es una reacción para poder seguir de parranda. Nuestro paciente, lejos de cambiar de rutina y ajustar sus hábitos a una vida sana, insiste con sus desbordes provocando nuevos problemas. Los últimos resultados de sus análisis fiscales así lo revelan. Ya no le alcanza una dieta normal, todo es poco. Ahora arremete con una ingesta extraordinaria. El dinero proveniente de los aportes de los trabajadores que dejaron las AFJP para pasarse al Estado fue devorado por el Tesoro y le sirvió para satisfacer su apetito desmedido en épocas de elecciones. En otros términos, a los que pasaron sus ahorros al Estado, hay que decirles que lisa y llanamente "desaparecieron" en las fauces de un gobierno omnívoro. Esos dineros ajenos le sirvieron a la administración "K" para presentar un saldo fiscal en "azul", esto es, cosmética contable para ocultar las cuentas en "rojo". Este episodio de "stress" es una seria advertencia para nuestro paciente. Los síntomas son muy claros: suba de precios, retraso de tarifas, agotamiento de fuentes energéticas, corrida cambiaria, fuga de capitales, suba de tasas de interés, puja salarial y deterioro de la competitividad, entre otros.

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