No tan distintos

El rasgo distintivo entre Peirano y Miceli reside en el esfuerzo propagandístico oficial. Por Marcelo Batiz - Agencia DYN.

22 Julio 2007
BUENOS AIRES.- "No tengo detrás mío grandes corporaciones", dijo Felisa Miceli pocos días antes de presentar su renuncia y ser reemplazada por Miguel Peirano, que se desempeñó 11 años en el Departamento de Economía de la Unión Industrial Argentina (UIA).
Resta dilucidar si la sentencia de Miceli intentaba resaltar una virtud o admitir una falencia, pero es seguro que no podría ser refrendada por su sucesor.
En rigor, la procedencia de Peirano no es algo extraño, si se tiene en cuenta que hubo varios dirigentes provenientes de la UIA en diferentes gobiernos de, por lo menos, el último cuarto de siglo. Eduardo Oxenford, Murat Eurnekian, Javier Tizado y José Ignacio de Mendiguren son los más destacados de esa lista.
Podría argumentarse que, a diferencia de ellos, Peirano no es dirigente empresario sino economista, pero tampoco en eso es el primero, si se tiene en cuenta que quien estrenó la titularidad del Departamento de Economía de la UIA fue José Luis Machinea (el primer ministro de Economía durante la gestión aliancista de Fernando de la Rúa).
El rasgo distintivo, en realidad, reside en el esfuerzo propagandístico oficial y para-oficial de mostrar la designación de Peirano como algo diferente a lo que viene sucediendo desde hace años: los mismos que denostaron a Machinea, Mendiguren, Tizado, Eurnekian y Oxenford por su procedencia de la central fabril ensalzan al flamante ministro por su perfil industrialista.
De todas maneras, no cabe esperar cambios de importancia de parte de un ministro que se desempeñará en los últimos cinco meses del mandato presidencial.
El propio Peirano se encargó de atenuar las expectativas que algunos pudieron haber tenido, al ratificar los lineamientos de la política económica. Lineamientos que, por otra parte, no fueron diseñados precisamente por Miceli, cuyo alejamiento del cargo estuvo signado por la indiferencia de los mercados, en particular, y de la sociedad, en general.
Y por si fuera poco, Peirano tampoco dio señales de pretender avanzar en recomponer la deteriorada imagen del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), al asegurar que los índices de precios al consumidor "son confiables".
Desde la perspectiva de un ministro de emergencia que debe tapar un bache de 146 días, Peirano no estuvo equivocado: el Indice de Precios al Consumidor (IPC) que mide el Indec es confiable, pero para un gobierno que no sabe cómo salir de la trampa de una deuda pública que él mismo propuso indexar; lo es también para quienes impusieron que una pauta de incremento salarial del 16,5% anual representa una mejora del ingreso real; o que un plazo fijo mensual del 0,5% de tasa de interés es un buen negocio para el pequeño inversor.
Para el resto de la sociedad, no hace falta aclarar que los números oficiales no son confiables ni para los propios técnicos del organismo encargado de elaborarlos: estimaciones de los trabajadores del Indec muestran una inflación para el primer semestre que oscila entre el 9,4% y el 10,6%, mucho más que el 3,9% oficial.

Vínculos
El capítulo que resta por descifrar es el de la relación con los sectores productivos.
Se descuenta que Peirano continuará con los excelentes vínculos que viene desarrollando desde hace más de una década con los industriales de todas las ramas. Pero no pasó inadvertido el silencio de las entidades agropecuarias, siempre tan dispuestas a fijar posición mediante comunicado más que explícitos.
Será difícil que la relación vaya a ser peor que la que los ruralistas tuvieron con Miceli, a quien en los últimos meses directamente resolvieron eludir, para negociar directamente con el jefe de Gabinete, Alberto Fernández.
Sin embargo, desde las oficinas de las entidades del campo parecen estar más preocupados por conocer la identidad del funcionario que conducirá los destinos de la cartera económica a partir del 10 de diciembre.

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