22 Julio 2007 Seguir en 
A Rubén Lo Vuolo le sorprenden las diferencias que marca el Gobierno en materia económica con respecto al modelo de los 90. Y afirma que la bonanza económica actual todavía no logró calar hondo en la corrección de las asimetrías sociales en la Argentina, que son demasiado profundas, según sostiene. "Falta una matriz integrada que acompañe el nuevo modelo macroeconómico. Ahí es donde hay un fetichismo con la tasa de crecimiento, que da la imagen de que hubo profundos cambios con respecto a los 90, pero, en realidad, hay muchos elementos que aún están vigentes", aseveró el economista, que asesora al partido Afirmación para una República Igualitaria (ARI), que fundó Elisa Carrió.
- ¿Cómo observa usted la marcha de la economía nacional, con la crisis energética y la inflación que no da tregua, entre otros aspectos negativos, a pesar del crecimiento?
- Lo que se hizo en la Argentina fue cambiar las reglas macroeconómicas, para bien. Pero el modo en que se hizo ese cambio y la falta de la modificación de la institucionalidad creada en la década del 90 generaron una cantidad de distorsiones que se empiezan a expresar con cada vez más evidencia en la actualidad. Una de ellas es la matriz energética. Claramente, la Argentina continúa con un modelo energético basado en hidrocarburos, bajo el control de empresas multinacionales, con una institucionalidad de regulación ausente y absolutamente permisiva en materia de regulación de inversiones y con una carencia total de estrategias de mediano y largo plazo en materia de fuentes alternativas. Con respecto a la inflación, es bastante evidente que una economía, que crece a esta tasa, requiere, necesariamente, un reacomodamiento de precios. El problema es la incapacidad oficial de prever esto. El Gobierno prefirió privilegiar la relación personal y absolutamente intransparente entre los funcionarios de turno y ciertos formadores de precios. Y, además, en una muestra de un desprecio muy preocupante sobre lo que significa la institucionalidad y el interés público, con una manipulación de la información, en el Indec. Por último, también, se están estrechando los márgenes de una política monetaria de sostenimiento del tipo de cambio que ya ha generado una deuda en el Banco Central, que es preocupante, pese al aumento de las reservas.
- ¿Cómo se le gana la carrera a la inflación, con estas tasas de crecimiento y con un estímulo a la demanda, que continuará, al decir del propio Kirchner?
- En primer lugar, esto no se resuelve con una sola política, sino con varias. En segundo lugar, hay que pensar seriamente en generar una menor dependencia del conjunto del modelo económico de una tasa de crecimiento tan alta. En tercer lugar, hay que crear una nueva institucionalidad de regulación de precios que tenga en cuenta no solamente los precios al consumidor, sino también los otros componentes de la formación de precios. Y, sobre todo, la distribución de ingresos a la población. Hay que generar políticas de distribución de ingresos que lleguen a determinados sectores a los que hoy no están llegando. Por ejemplo, que recompongan ingresos por vía de las políticas sociales o del sistema tributario. Es decir, implementar una política integrada, que combine de manera más armónica crecimiento, matriz fiscal y matriz de distribución del ingreso. Esto no es una tarea sencilla. Lo que preocupa es el tiempo que se ha perdido en cuatro años de bonanza, al no realizar estas modificaciones, que eran absolutamente previsibles. Por ejemplo, el IVA sigue al 21%.
- En vista del cambio de gobierno, ¿cuáles piensa usted que serían los tornillos a ajustar, teniendo en cuenta estos inconvenientes, para sostener este crecimiento?
- Hay medidas que hay que empezar a tomar ya. Es decir, la crisis energética reclama una estrategia de largo plazo que demandará mucho tiempo en madurar. Por otro lado, hay que repensar el piloto automático de este modelo. Hay que privilegiar más la armonía y los balances que componen la matriz económica, y no prestar tanta atención en la tasa de crecimiento máxima. Y en tercer lugar, creo que hay que distribuir de otro modo los beneficios del crecimiento. Para esto, es necesario tener una estrategia clara para favorecer a los sectores más deprimidos, de modo que tengan una capacidad rápida de recomposición de ingresos y que sufran menores tensiones de oferta.
- La inversión de largo plazo y de calidad es clave para sostener el crecimiento, pero esto no se observa. ¿Qué hace falta? ¿Inciden los mensajes políticos, las tarifas congeladas...?
- Evidentemente, la inversión depende mucho de las expectativas que se generan hacia futuro. Lo que uno percibe es que aquellos países donde la inversión se logró sostener, privilegiaron cuestiones como el progreso técnico y su incorporación al sector productivo; la garantía de un sistema de regulación de precios y de un sistema tributario estables en el tiempo; una institucionalidad en la relación entre el sistema político y los agentes económicos, y no una relación personalizada y a puertas cerradas, como mecanismo de distribución de prebendas, según se porten bien o mal. Aquí seguimos sin tener un banco de inversión regionalizado, sin un sistema de ventanilla única para agilizar los trámites de PyME en los programas de asistencia; sin un tratamiento diferenciado al impuesto a la Ganancia Mínima Presunta o el impuesto a las Ganancias, según el tamaño de las empresas. Es decir, hay un montón de cosas que hacen a la certeza y a lo micro del funcionamiento de la economía que están ausentes porque, insisto, hay un fetichismo de los equilibrios macroeconómicos. Piensan que hay un piloto automático. Lo que no terminan de comprender es que en una economía y en una sociedad tan desigual, tan heterogénea, tan diferente, hay que tener estrategias más finas. Si la confianza de un inversor está en la capacidad de sostener el tipo de cambio y el superávit fiscal, cualquier nube que pueda haber en estos aspectos lo retrae de una actitud inversora.
- ¿Qué expectativas le genera la asunción de Peirano? ¿Es un ministro de transición, podrá hacer cambios...?
- No me gusta hablar de personas; me gusta evaluar políticas. Hubo dos graves problemas en este proceso. Uno, estructural: hay muchos resortes de la economía que no pasaban por el Ministerio de Economía. El otro, la preocupante causa por la cual la ex ministra debió dejar el cargo. ¿Qué pasará hacia adelante? Hay que esperar, es muy reciente. Veo con mucha preocupación la institucionalidad de la política económica. Las decisiones económicas en este gobierno están sometidas a tensiones en el interior del gobierno, que son preocupantes.
- ¿Cómo observa usted la marcha de la economía nacional, con la crisis energética y la inflación que no da tregua, entre otros aspectos negativos, a pesar del crecimiento?
- Lo que se hizo en la Argentina fue cambiar las reglas macroeconómicas, para bien. Pero el modo en que se hizo ese cambio y la falta de la modificación de la institucionalidad creada en la década del 90 generaron una cantidad de distorsiones que se empiezan a expresar con cada vez más evidencia en la actualidad. Una de ellas es la matriz energética. Claramente, la Argentina continúa con un modelo energético basado en hidrocarburos, bajo el control de empresas multinacionales, con una institucionalidad de regulación ausente y absolutamente permisiva en materia de regulación de inversiones y con una carencia total de estrategias de mediano y largo plazo en materia de fuentes alternativas. Con respecto a la inflación, es bastante evidente que una economía, que crece a esta tasa, requiere, necesariamente, un reacomodamiento de precios. El problema es la incapacidad oficial de prever esto. El Gobierno prefirió privilegiar la relación personal y absolutamente intransparente entre los funcionarios de turno y ciertos formadores de precios. Y, además, en una muestra de un desprecio muy preocupante sobre lo que significa la institucionalidad y el interés público, con una manipulación de la información, en el Indec. Por último, también, se están estrechando los márgenes de una política monetaria de sostenimiento del tipo de cambio que ya ha generado una deuda en el Banco Central, que es preocupante, pese al aumento de las reservas.
- ¿Cómo se le gana la carrera a la inflación, con estas tasas de crecimiento y con un estímulo a la demanda, que continuará, al decir del propio Kirchner?
- En primer lugar, esto no se resuelve con una sola política, sino con varias. En segundo lugar, hay que pensar seriamente en generar una menor dependencia del conjunto del modelo económico de una tasa de crecimiento tan alta. En tercer lugar, hay que crear una nueva institucionalidad de regulación de precios que tenga en cuenta no solamente los precios al consumidor, sino también los otros componentes de la formación de precios. Y, sobre todo, la distribución de ingresos a la población. Hay que generar políticas de distribución de ingresos que lleguen a determinados sectores a los que hoy no están llegando. Por ejemplo, que recompongan ingresos por vía de las políticas sociales o del sistema tributario. Es decir, implementar una política integrada, que combine de manera más armónica crecimiento, matriz fiscal y matriz de distribución del ingreso. Esto no es una tarea sencilla. Lo que preocupa es el tiempo que se ha perdido en cuatro años de bonanza, al no realizar estas modificaciones, que eran absolutamente previsibles. Por ejemplo, el IVA sigue al 21%.
- En vista del cambio de gobierno, ¿cuáles piensa usted que serían los tornillos a ajustar, teniendo en cuenta estos inconvenientes, para sostener este crecimiento?
- Hay medidas que hay que empezar a tomar ya. Es decir, la crisis energética reclama una estrategia de largo plazo que demandará mucho tiempo en madurar. Por otro lado, hay que repensar el piloto automático de este modelo. Hay que privilegiar más la armonía y los balances que componen la matriz económica, y no prestar tanta atención en la tasa de crecimiento máxima. Y en tercer lugar, creo que hay que distribuir de otro modo los beneficios del crecimiento. Para esto, es necesario tener una estrategia clara para favorecer a los sectores más deprimidos, de modo que tengan una capacidad rápida de recomposición de ingresos y que sufran menores tensiones de oferta.
- La inversión de largo plazo y de calidad es clave para sostener el crecimiento, pero esto no se observa. ¿Qué hace falta? ¿Inciden los mensajes políticos, las tarifas congeladas...?
- Evidentemente, la inversión depende mucho de las expectativas que se generan hacia futuro. Lo que uno percibe es que aquellos países donde la inversión se logró sostener, privilegiaron cuestiones como el progreso técnico y su incorporación al sector productivo; la garantía de un sistema de regulación de precios y de un sistema tributario estables en el tiempo; una institucionalidad en la relación entre el sistema político y los agentes económicos, y no una relación personalizada y a puertas cerradas, como mecanismo de distribución de prebendas, según se porten bien o mal. Aquí seguimos sin tener un banco de inversión regionalizado, sin un sistema de ventanilla única para agilizar los trámites de PyME en los programas de asistencia; sin un tratamiento diferenciado al impuesto a la Ganancia Mínima Presunta o el impuesto a las Ganancias, según el tamaño de las empresas. Es decir, hay un montón de cosas que hacen a la certeza y a lo micro del funcionamiento de la economía que están ausentes porque, insisto, hay un fetichismo de los equilibrios macroeconómicos. Piensan que hay un piloto automático. Lo que no terminan de comprender es que en una economía y en una sociedad tan desigual, tan heterogénea, tan diferente, hay que tener estrategias más finas. Si la confianza de un inversor está en la capacidad de sostener el tipo de cambio y el superávit fiscal, cualquier nube que pueda haber en estos aspectos lo retrae de una actitud inversora.
- ¿Qué expectativas le genera la asunción de Peirano? ¿Es un ministro de transición, podrá hacer cambios...?
- No me gusta hablar de personas; me gusta evaluar políticas. Hubo dos graves problemas en este proceso. Uno, estructural: hay muchos resortes de la economía que no pasaban por el Ministerio de Economía. El otro, la preocupante causa por la cual la ex ministra debió dejar el cargo. ¿Qué pasará hacia adelante? Hay que esperar, es muy reciente. Veo con mucha preocupación la institucionalidad de la política económica. Las decisiones económicas en este gobierno están sometidas a tensiones en el interior del gobierno, que son preocupantes.
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