La quema de cañaverales obligó a suspender los vuelos del aeroclub
La lluvia negra puso en peligro a los pilotos de la escuela de vuelo de Yerba Buena. Lectores enviaron casi 50 imágenes de campos devastados por el fuego; piden que se reduzca la polución. "Estoy horrorizado por los kilómetros llenos de humo". Galería de Imágenes.
19 Julio 2007 Seguir en 
En los cañaverales el aire está impregnado del olor dulce de la melaza. La tibia siesta del invierno guarece a las cigarras que agitan sus alas de música. A pocos metros de ahí se abre un campo de tréboles y, más allá, otra plantación, pero en llamas y sin insectos. El lunes pasado se quemaron, una a una, varias tierras con caña en los alrededores de la capital.
"Creo que las imágenes son elocuentes. Este cañaveral, y unos 20 más, ardían a 15 kilómetros de esta ciudad y del aeropuerto internacional Benjamín Matienzo". El que habla es Daniel Rizzotti, activista tucumano de Greenpeace y uno de los varios lectores que en los últimos días enviaron cerca de 50 imágenes a la Redacción de LA GACETA On Line, denunciando los incendios en las plantaciones.
Implacable con la descontrolada quema de cañaverales, el ambientalista revela que desde ese día y hasta ayer debieron suspenderse las instrucciones de vuelo del aeroclub -emplazado en Horco Molle- debido a la escasa visibilidad. "Era una radiante tarde de sol, excepto para nosotros", lamenta Rizzotti.
"La quema de cañaverales produce graves efectos negativos en la actividad aérea. En nuestra provincia, en general, los vientos soplan en dirección sureste y la mayoría de los ingenios se ubica hacia el este. Por ello, la precipitación de cenizas, hollín, bagacillo y carbonilla es arrastrada desde ese sector hacia las montañas del noroeste", explica Rizzotti. El aeropuerto, ubicado al norte, es rodeado por la lluvia negra, finaliza.
También el comprovinciano Carlos Sipowicz se comunicó con el diario para proporcionar fotografías del paisaje cansino de San Andrés cubierto de humo. "Adjetivos para este hecho no encuentro", se limitó a decir.
"Estoy horrorizado
Bronca, impotencia y rabia. Esas son algunas de las palabras a las que recurre Jorge Gianserra para verbalizar pensamientos mientras su cámara fotográfica capta postales difusas y oscuras. "Este tema ya me tiene cansado", sentencia el tucumano en referencia a la contaminación ambiental, agravada en esta época por el hollín.
"¡Qué lástima recibir al turista de esa manera! -exclama- ¿Acaso vamos a esperar a que venga Greenpeace a interrumpir el ingreso de los camiones a los ingenios o a bloquear las fincas donde se quema caña? Estoy horrorizado por los cientos de kilómetros llenos de humo", concluye el lector, quien envió imágenes tomadas el viernes pasado en Yerba Buena y alrededores.
La caña de azúcar es, sin dudas, una de las industrias tucumanas de mayor generación de recursos económicos. A su alrededor se asienta un gran número de cañeros -grandes, medianos, chicos y minifundistas-, que generan muchos negocios. Los 15 ingenios azucareros en actividad hasta engendraron ciudades en torno a sí mismos.
Pero el poderío de la actividad azucarera es casi tan grande como la contaminación ambiental que genera. En estos lares, la quema y la eliminación de los gases de combustión de las calderas son dos de los más grandes problemas de contaminación. LA GACETA (C)
"Creo que las imágenes son elocuentes. Este cañaveral, y unos 20 más, ardían a 15 kilómetros de esta ciudad y del aeropuerto internacional Benjamín Matienzo". El que habla es Daniel Rizzotti, activista tucumano de Greenpeace y uno de los varios lectores que en los últimos días enviaron cerca de 50 imágenes a la Redacción de LA GACETA On Line, denunciando los incendios en las plantaciones.
Implacable con la descontrolada quema de cañaverales, el ambientalista revela que desde ese día y hasta ayer debieron suspenderse las instrucciones de vuelo del aeroclub -emplazado en Horco Molle- debido a la escasa visibilidad. "Era una radiante tarde de sol, excepto para nosotros", lamenta Rizzotti.
"La quema de cañaverales produce graves efectos negativos en la actividad aérea. En nuestra provincia, en general, los vientos soplan en dirección sureste y la mayoría de los ingenios se ubica hacia el este. Por ello, la precipitación de cenizas, hollín, bagacillo y carbonilla es arrastrada desde ese sector hacia las montañas del noroeste", explica Rizzotti. El aeropuerto, ubicado al norte, es rodeado por la lluvia negra, finaliza.
También el comprovinciano Carlos Sipowicz se comunicó con el diario para proporcionar fotografías del paisaje cansino de San Andrés cubierto de humo. "Adjetivos para este hecho no encuentro", se limitó a decir.
"Estoy horrorizado
Bronca, impotencia y rabia. Esas son algunas de las palabras a las que recurre Jorge Gianserra para verbalizar pensamientos mientras su cámara fotográfica capta postales difusas y oscuras. "Este tema ya me tiene cansado", sentencia el tucumano en referencia a la contaminación ambiental, agravada en esta época por el hollín.
"¡Qué lástima recibir al turista de esa manera! -exclama- ¿Acaso vamos a esperar a que venga Greenpeace a interrumpir el ingreso de los camiones a los ingenios o a bloquear las fincas donde se quema caña? Estoy horrorizado por los cientos de kilómetros llenos de humo", concluye el lector, quien envió imágenes tomadas el viernes pasado en Yerba Buena y alrededores.
La caña de azúcar es, sin dudas, una de las industrias tucumanas de mayor generación de recursos económicos. A su alrededor se asienta un gran número de cañeros -grandes, medianos, chicos y minifundistas-, que generan muchos negocios. Los 15 ingenios azucareros en actividad hasta engendraron ciudades en torno a sí mismos.
Pero el poderío de la actividad azucarera es casi tan grande como la contaminación ambiental que genera. En estos lares, la quema y la eliminación de los gases de combustión de las calderas son dos de los más grandes problemas de contaminación. LA GACETA (C)
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