01 Julio 2007 Seguir en 
"La Argentina está atravesando una crisis del sector energía. Esto, aclaro, no se circunscribe a sólo una parte del sector energético, como podría ser la electricidad o el gas, sino que engloba a toda la energía y a todas sus formas", señaló el ex secretario de Energía de la Nación y consultor en temas energéticos Jorge Lapeña.
"Hemos tenido muestras de que falta gasoil para las siembras y las cosechas, que las refinerías están operando al máximo, que en invierno falta el gas natural y que hay que hacer cortes importantes del suministro a las industrias, y el gas natural es la columna vertebral de nuestro sistema energético. Y también que falta energía eléctrica, porque nuestras centrales operan exigidas al máximo, utilizando toda su capacidad instalada. Entonces, estamos ante un problema generalizado del sector energía, que perturba ya en forma clara el funcionamiento económico y social de la Nación. Ya tiene perjuicios sensibles y que son advertidos por la población", subrayó.
- ¿Cuándo comenzó la crisis?
Los primeros síntomas de esta crisis fueron advertidos en 2003, en la primavera. Hubo un seminario y una mesa redonda muy importante que organizó la Unión Industrial Argentina en el hotel Sheraton de Pilar, en Buenos Aires, en el que los panelistas demostraron que había un problema en ciernes. Lamentablemente el Gobierno, que recién asumía, no alcanzó a comprender esas señales, a poderlas traducir en acciones y en un discurso claro, y comenzó a negar la existencia del problema, empezó a demonizar a las empresas en muchos casos. Como si no entreviera lo que se venía. En 2004 los síntomas fueron más claros: hubo que cortarle el gas comprometido a Chile, lo cual nos trajo problemas legales con ese país. Hoy los cortes tienen una magnitud extraordinaria respecto de lo contractualmente comprometido; apenas se les está vendiendo un 10% o un 15% de lo que decían los contratos. En los períodos 2004 y 2005 el peso de los cortes se puso en Chile, porque el mercado interno prácticamente no tuvo el suministro afectado. Pero sí hubo necesidad de importar cada vez más combustibles líquidos; se importaron más de 1 millón de toneladas de fueloil cada año, además de gasoil, gas de Bolivia, energía eléctrica de Brasil, lo cual no estaba planificado, sino que eran soluciones de momento, que ayudaban a que la población de 2004 y 2005 no viera los efectos de la crisis. Pero si se analiza la economía del sector energético se verá que si bien en estos dos años prácticamente no hubo restricciones, sí se notó un incremento en los costos de abastecimiento. Pero, en estos años, no hubo buenas noticias; no se descubrieron nuevos pozos de petróleo ni de gas, y la producción petrolera siguió cayendo; las reservas bajaron y la producción de gas se estancó. Con esto se puso de manifiesto que la Argentina no podía sustentar un sector energético basado exclusivamente en el gas de procedencia nacional.
- A eso se sumó una economía en crecimiento...
- Por supuesto. En este contexto, la salida de la convertibilidad se dio afortunadamente con un crecimiento económico, lo que permitió bajar la desocupación y la pobreza. Pero todo este crecimiento requirió y requiere para poder materializarse de un consumo de energía que es creciente. Y entonces, venimos de tres o cuatro años que la demanda de energía no para de crecer, y así debe ser, porque este es un insumo básico del desarrollo económico y social del pueblo.
- ¿Qué lectura hace de la frase del presidente Néstor Kirchner, cuando dijo "bienvenidos sean estos problemas", por tratarse supuestamente de efectos del crecimiento de la economía?
- Me hace recordar al boxeo, cuando un boxeador recibe un golpe y de inmediato sonríe. Decir eso muestra una gran desorganización en el elenco y en el discurso.
- ¿Le preocupa la falta de planificación en el plano energético?
- En 2006 estábamos en una etapa en que la crisis se profundizó; en que consumimos capacidad instalada y cada vez eran menores los márgenes de seguridad, y cada vez estábamos más cerca de la capacidad máxima de los suministros de las instalaciones. Y fatalmente llegamos a 2007, cuando la crisis ingresó en una nueva fase, que es la del corte y del racionamiento del suministro, con incremento de los costos. Entonces, tenemos la crisis entre nosotros; desgraciadamente este es un año más frío que los anteriores, con menos aporte hidrológico en las cuencas, como la del Comahue, y todo esto trae una situación en la cual el sistema muestra que no puede abastecer la demanda. Ya decir que el sistema no puede abastecer la demanda es clarificar y patentizar la situación de crisis energética que la Argentina tiene.
- ¿Qué tipo de crisis energética es la que soporta la Argentina?
- No es una crisis debido a un accidente ni por una coyuntura adversa. Es una crisis que yo llamo estructural, que es la peor de todas las crisis. Es la que se produce porque la capacidad de las instalaciones del sistema para hacer frente a la demanda no alcanza. No porque haya habido un incendio o algo que se pueda subsanar en algunos días, sino porque la capacidad instalada, la oferta, no puede satisfacer a la demanda. No tenemos centrales en cantidad suficiente, ni tenemos gasoductos suficientes. Necesitamos el gas de Bolivia, pero no sabemos si este país nos lo puede dar, ni hemos licitado el gasoducto del NEA para traer ese gas. Estamos en una situación en la que desde ya podemos decir que vamos a convivir con esta situación por lo menos por tres o cuatro años, que es el tiempo mínimo necesario para construir infraestructura de generación eléctrica, nuevos gasoductos, nuevas refinerías, si es que se empezaran a construir ahora.
- ¿Hay obras en marcha, como asegura el Gobierno?
- Solamente hay en construcción un par de centrales, de Timbúes y Campana, que son unos 1.600 mv que van a entrar en servicio entre 2008 y 2009. Pero fuera de eso no hay otras instalaciones previstas. Y creo que el problema básicamente está sin resolverse. La Argentina, creciendo al 6% anual, necesita incorporar unos 1.000 mv por año nuevos, y eso es una cifra muy importante. Las obras en marcha van a ser un paliativo, pero no resuelven el problema.
"Hemos tenido muestras de que falta gasoil para las siembras y las cosechas, que las refinerías están operando al máximo, que en invierno falta el gas natural y que hay que hacer cortes importantes del suministro a las industrias, y el gas natural es la columna vertebral de nuestro sistema energético. Y también que falta energía eléctrica, porque nuestras centrales operan exigidas al máximo, utilizando toda su capacidad instalada. Entonces, estamos ante un problema generalizado del sector energía, que perturba ya en forma clara el funcionamiento económico y social de la Nación. Ya tiene perjuicios sensibles y que son advertidos por la población", subrayó.
- ¿Cuándo comenzó la crisis?
Los primeros síntomas de esta crisis fueron advertidos en 2003, en la primavera. Hubo un seminario y una mesa redonda muy importante que organizó la Unión Industrial Argentina en el hotel Sheraton de Pilar, en Buenos Aires, en el que los panelistas demostraron que había un problema en ciernes. Lamentablemente el Gobierno, que recién asumía, no alcanzó a comprender esas señales, a poderlas traducir en acciones y en un discurso claro, y comenzó a negar la existencia del problema, empezó a demonizar a las empresas en muchos casos. Como si no entreviera lo que se venía. En 2004 los síntomas fueron más claros: hubo que cortarle el gas comprometido a Chile, lo cual nos trajo problemas legales con ese país. Hoy los cortes tienen una magnitud extraordinaria respecto de lo contractualmente comprometido; apenas se les está vendiendo un 10% o un 15% de lo que decían los contratos. En los períodos 2004 y 2005 el peso de los cortes se puso en Chile, porque el mercado interno prácticamente no tuvo el suministro afectado. Pero sí hubo necesidad de importar cada vez más combustibles líquidos; se importaron más de 1 millón de toneladas de fueloil cada año, además de gasoil, gas de Bolivia, energía eléctrica de Brasil, lo cual no estaba planificado, sino que eran soluciones de momento, que ayudaban a que la población de 2004 y 2005 no viera los efectos de la crisis. Pero si se analiza la economía del sector energético se verá que si bien en estos dos años prácticamente no hubo restricciones, sí se notó un incremento en los costos de abastecimiento. Pero, en estos años, no hubo buenas noticias; no se descubrieron nuevos pozos de petróleo ni de gas, y la producción petrolera siguió cayendo; las reservas bajaron y la producción de gas se estancó. Con esto se puso de manifiesto que la Argentina no podía sustentar un sector energético basado exclusivamente en el gas de procedencia nacional.
- A eso se sumó una economía en crecimiento...
- Por supuesto. En este contexto, la salida de la convertibilidad se dio afortunadamente con un crecimiento económico, lo que permitió bajar la desocupación y la pobreza. Pero todo este crecimiento requirió y requiere para poder materializarse de un consumo de energía que es creciente. Y entonces, venimos de tres o cuatro años que la demanda de energía no para de crecer, y así debe ser, porque este es un insumo básico del desarrollo económico y social del pueblo.
- ¿Qué lectura hace de la frase del presidente Néstor Kirchner, cuando dijo "bienvenidos sean estos problemas", por tratarse supuestamente de efectos del crecimiento de la economía?
- Me hace recordar al boxeo, cuando un boxeador recibe un golpe y de inmediato sonríe. Decir eso muestra una gran desorganización en el elenco y en el discurso.
- ¿Le preocupa la falta de planificación en el plano energético?
- En 2006 estábamos en una etapa en que la crisis se profundizó; en que consumimos capacidad instalada y cada vez eran menores los márgenes de seguridad, y cada vez estábamos más cerca de la capacidad máxima de los suministros de las instalaciones. Y fatalmente llegamos a 2007, cuando la crisis ingresó en una nueva fase, que es la del corte y del racionamiento del suministro, con incremento de los costos. Entonces, tenemos la crisis entre nosotros; desgraciadamente este es un año más frío que los anteriores, con menos aporte hidrológico en las cuencas, como la del Comahue, y todo esto trae una situación en la cual el sistema muestra que no puede abastecer la demanda. Ya decir que el sistema no puede abastecer la demanda es clarificar y patentizar la situación de crisis energética que la Argentina tiene.
- ¿Qué tipo de crisis energética es la que soporta la Argentina?
- No es una crisis debido a un accidente ni por una coyuntura adversa. Es una crisis que yo llamo estructural, que es la peor de todas las crisis. Es la que se produce porque la capacidad de las instalaciones del sistema para hacer frente a la demanda no alcanza. No porque haya habido un incendio o algo que se pueda subsanar en algunos días, sino porque la capacidad instalada, la oferta, no puede satisfacer a la demanda. No tenemos centrales en cantidad suficiente, ni tenemos gasoductos suficientes. Necesitamos el gas de Bolivia, pero no sabemos si este país nos lo puede dar, ni hemos licitado el gasoducto del NEA para traer ese gas. Estamos en una situación en la que desde ya podemos decir que vamos a convivir con esta situación por lo menos por tres o cuatro años, que es el tiempo mínimo necesario para construir infraestructura de generación eléctrica, nuevos gasoductos, nuevas refinerías, si es que se empezaran a construir ahora.
- ¿Hay obras en marcha, como asegura el Gobierno?
- Solamente hay en construcción un par de centrales, de Timbúes y Campana, que son unos 1.600 mv que van a entrar en servicio entre 2008 y 2009. Pero fuera de eso no hay otras instalaciones previstas. Y creo que el problema básicamente está sin resolverse. La Argentina, creciendo al 6% anual, necesita incorporar unos 1.000 mv por año nuevos, y eso es una cifra muy importante. Las obras en marcha van a ser un paliativo, pero no resuelven el problema.
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