Ecos de la visita de Pelphs a la Argentina

Las diferencias con los fundamentos de la política económica local son evidentes. Por Marcelo Batiz - Columnista de la agencia DyN.

03 Junio 2007
BUENOS AIRES.- La Argentina estuvo desde siempre atenta al análisis de sus problemas que tienen los expertos provenientes de otros países, mucho más si entre ellos se encuentran algunos galardonados con el Premio Nobel.
Sus opiniones tienen una importancia especial para poder comprobar si la visión local de la situación es similar o diferente a la del resto del mundo y si las soluciones aplicadas guardan relación con las experiencias de otras latitudes. Y en estos tiempos de globalización, son también una forma de medir el grado de integración (o, por el contrario, de aislamiento) que la sociedad y el Gobierno tienen en el planeta. Con ese interés fue recibido días atrás el Premio Nobel de Economía 2006, el estadounidense Edmund Phelps, cuya capacidad merece el reconocimiento de diferentes vertientes ideológicas. Un plafond interesante para destacar con su participación al seminario organizado por la Universidad de Buenos Aires, en el que también se contó con el aporte de la ministra Felisa Miceli. A la hora de sintetizar los ejes de las declaraciones del Nobel en su discurso y en otras intervenciones, las diferencias con los fundamentos de la política económica local, más allá de los elogios de ocasión, son evidentes:
Para Phelps, el tipo de cambio alto no es una variable que determine por sí sola la competitividad de la economía de un país. Puede ser un elemento coadyuvante, pero termina siendo estéril si no se la acompaña con otras medidas económicas que exceden a la paridad cambiaria.
Los subsidios sólo son admitidos por Phelps como una excepción y circunscriptos a la promoción de los sectores socialmente postergados. Y aun en ese caso, no como un aporte sin contraprestación, sino como un incentivo para la movilidad social. Es improbable que Phelps conozca con precisión los mecanismos de subsidios cruzados en la economía argentina (son de difícil identificación hasta para los expertos locales), pero difícilmente apruebe en nombre de la movilidad social que las provincias pobres subsidien los servicios públicos de las ricas.
El Premio Nobel sostuvo que el propósito de que el Estado se ocupe de "coordinar" los precios del mercado "es algo que se practicaba en la economía de Mussolini".
Si la comparación de Phelps fue la apropiada, una exageración o directamente una caracterización injusta, es materia de discusiones según la postura ideológica de quien participe de los debates. Pero lo que queda claro es que, en materia de política económica, la Argentina y el mundo van por caminos distintos: aquello que aquí se considera "progresista" merece para uno de los principales economistas vivos una descalificación tan rotunda que le hace recordar nada menos que al fundador del fascismo. Aportes entre los que se destaca uno que cuestiona abiertamente el discurso oficial que asegura que "un poco" de inflación es el precio de la baja del desempleo de los últimos años. A Phelps le dieron el Nobel por comprobar que inflación y empleo son variables independientes.

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