03 Junio 2007 Seguir en 
El economista Manuel Solanet cree que la crisis energética que padece la Argentina necesita mucho más que condiciones favorables para incentivar la inversión. "Claramente, esta crisis, que estaba preanunciada, es consecuencia de la falta de inversión, tanto en generación eléctrica como en transmisión y distribución, así como en el desarrollo de nueva producción de petróleo y gas. La crisis se manifestó por el lado del gas y de la energía eléctrica, pero está asentada en una deficiente política de gestión en todas las áreas de servicios públicos", dijo.
- ¿Cómo comienza el problema?
- Nace esta cuestión con la crisis que comienza en 2001 y se profundiza en 2002; incumplen las relaciones contractuales, y luego de una devaluación del 200% se congelan las tarifas como si esa devaluación no hubiera ocurrido. Esto puso a las compañías en una situación de imposibilidad de financiar sus inversiones, y el Estado tomó la decisión de hacerlo por su cuenta con un régimen de creación de fideicomisos en algunos casos, en otros con fondos presupuestarios, pero siempre con insuficiencia de planificación y con demoras en satisfacer los crecimientos previsibles de la demanda. Hemos tenido una fuerte recuperación económica en estos años que hizo crecer esta demanda y, por otro lado, las tarifas, que quedaron a niveles muy bajos, potenciaron enormemente los consumos, sobre todo los domiciliarios, que es donde el congelamiento se ha extendido.
- ¿Se sabía que esto podía pasar?
- La crisis de insuficiencia de la oferta para satisfacer la demanda se presentó en un día frío porque es en esos momentos cuando se producen picos de consumo mayores; pero ya había sido anticipada en días calurosos del verano, y seguramente si no hubiéramos tenido esta ola de frío en mayo se habría presentado un poco más tarde.
- ¿Hay testarudez oficial para entender el problema?
- Más que testarudez oficial, creo que hay restricciones ideológicas y también de corte electoralista. El Gobierno está decidiendo en función del índice de precios. Por otro lado no cree en el mercado, y repudia los mecanismos que fueron tan eficaces en la década anterior para ordenar y hacer crecer los sectores de servicios públicos, particularmente los de gas y electricidad. Así que le va a costar mucho a este gobierno incorporar las medidas que son necesarias para revertir esta situación, y eso nos preocupa, porque en estos sectores hay un tiempo necesario entre el momento en que se toman las decisiones de invertir y la fecha en que esas inversiones se ponen en operación. O sea que más allá de que las obras que están en curso, y que van a requerir un tiempo largo para entrar en marcha, con el crecimiento previsto de la demanda veo un cuello de botella muy significativo que va a producir efectos en el crecimiento de la industria y también en los consumos domicilarios.
- Entonces ¿seguirán los problemas hasta que las potenciales inversiones comiencen a dar frutos?
- Sí, pero para eso tienen que decidir ya una modificación de los mecanismos y regímenes con los cuales se pueden incentivar esas decisiones en el sector privado; de lo contrario, esa carencia puede extenderse por mucho más de un año.
- ¿Esta situación desalienta la inversión?
- Sí, la inversión en la Argentina está desalentada por un marco general adverso, como es la falta de seguridad jurídica y el poco aprecio que tiene este gobierno por generar un adecuado marco de inversión. Pero en lo que refiere al sector energético, hay regulaciones específicas, hay contratos y convenciones que quedaron todos desvirtuados desde hace cinco años, que merecen algo más que un clima general de inversión.
- ¿Cómo comienza el problema?
- Nace esta cuestión con la crisis que comienza en 2001 y se profundiza en 2002; incumplen las relaciones contractuales, y luego de una devaluación del 200% se congelan las tarifas como si esa devaluación no hubiera ocurrido. Esto puso a las compañías en una situación de imposibilidad de financiar sus inversiones, y el Estado tomó la decisión de hacerlo por su cuenta con un régimen de creación de fideicomisos en algunos casos, en otros con fondos presupuestarios, pero siempre con insuficiencia de planificación y con demoras en satisfacer los crecimientos previsibles de la demanda. Hemos tenido una fuerte recuperación económica en estos años que hizo crecer esta demanda y, por otro lado, las tarifas, que quedaron a niveles muy bajos, potenciaron enormemente los consumos, sobre todo los domiciliarios, que es donde el congelamiento se ha extendido.
- ¿Se sabía que esto podía pasar?
- La crisis de insuficiencia de la oferta para satisfacer la demanda se presentó en un día frío porque es en esos momentos cuando se producen picos de consumo mayores; pero ya había sido anticipada en días calurosos del verano, y seguramente si no hubiéramos tenido esta ola de frío en mayo se habría presentado un poco más tarde.
- ¿Hay testarudez oficial para entender el problema?
- Más que testarudez oficial, creo que hay restricciones ideológicas y también de corte electoralista. El Gobierno está decidiendo en función del índice de precios. Por otro lado no cree en el mercado, y repudia los mecanismos que fueron tan eficaces en la década anterior para ordenar y hacer crecer los sectores de servicios públicos, particularmente los de gas y electricidad. Así que le va a costar mucho a este gobierno incorporar las medidas que son necesarias para revertir esta situación, y eso nos preocupa, porque en estos sectores hay un tiempo necesario entre el momento en que se toman las decisiones de invertir y la fecha en que esas inversiones se ponen en operación. O sea que más allá de que las obras que están en curso, y que van a requerir un tiempo largo para entrar en marcha, con el crecimiento previsto de la demanda veo un cuello de botella muy significativo que va a producir efectos en el crecimiento de la industria y también en los consumos domicilarios.
- Entonces ¿seguirán los problemas hasta que las potenciales inversiones comiencen a dar frutos?
- Sí, pero para eso tienen que decidir ya una modificación de los mecanismos y regímenes con los cuales se pueden incentivar esas decisiones en el sector privado; de lo contrario, esa carencia puede extenderse por mucho más de un año.
- ¿Esta situación desalienta la inversión?
- Sí, la inversión en la Argentina está desalentada por un marco general adverso, como es la falta de seguridad jurídica y el poco aprecio que tiene este gobierno por generar un adecuado marco de inversión. Pero en lo que refiere al sector energético, hay regulaciones específicas, hay contratos y convenciones que quedaron todos desvirtuados desde hace cinco años, que merecen algo más que un clima general de inversión.







