"El Salí es depositario de nuestras miserias"

La urbanista Marta Casares asegura que los pobladores ribereños son una deuda moral para la sociedad tucumana.

20 Mayo 2007
A la arquitecta Marta Casares le cuesta hablar en singular. Ella opina que proyectos como el informe ambiental Geo para la ciudad de Tucumán, que patrocinó la ONU, y en el que ella participó con expertos de diversas disciplinas, difícilmente habría llegado a buen puerto si no hubieran recibido el aporte de sus colegas de la Facultad de Arquitectura de la UNT.
En diálogo con LA GACETA, la experta en urbanismo y ordenamiento territorial advirtió que la sociedad tucumana está fracturada que debe resolver gravísimas situaciones de desigualdad, como las que viven los pobladores de los barrios aledaños al río Salí. "Nosotros -afirma- somos una ciudad, y una sociedad construida a espaldas del río. Y hemos ido agregando otras vallas que nos separan del río, como la autopista. El río es depositario de nuestras miserias".

- ¿De qué nos hablan polémicas como la del Abasto?
- El Abasto es una propiedad del municipio. El municipio tiene que apropiarse de sus propiedades y gestionarlas en función de lo que han definido sus propias normativas. Si es un área a preservar, entonces, se preserva. Y si no se preserva, no se está cumpliendo con la norma. ¿Qué sentido tiene la discusión pública cuando el edificio se demuele? Se trata de pensar en función de proyectos.

- Se generó un enfrentamiento entre vecinos y defensores del patrimonio...
- Los dos tienen razón. Aquellos que están defendiendo el patrimonio están diciendo una cosa importantísima: somos lo que heredamos, ahí está nuestra identidad. El patrimonio es eso. Pero los vecinos lo viven como un espacio de abandono, de pérdida, de perturbación. El vecino, en realidad, está reclamando que alguien gestione ese espacio, que le garantice seguridad, higiene. Por eso son dos discursos que no se juntan, aunque estén reclamando lo mismo: vida urbana.

- ¿Qué muestra Geo?
- El diagnóstico de Geo presenta una situación de una crisis que urge atender. Está planteando que toda la sociedad tucumana tiene que replantearse hacia dónde va en asuntos que son estructurales. Para una ciudad es estructural la calidad de vida de los ciudadanos.

- ¿Qué es lo que más preocupa, de todo el diagnóstico?
- Lo más crítico es la desigualdad. Si pensamos que la cuestión ambiental está en torno a los problemas de la relación "sociedad-naturaleza", los problemas de la sociedad son parte de los problemas ambientales. Y lo que pone de manifiesto el informe es que la crisis de San Miguel de Tucumán es una crisis de sociedad, es una crisis de pobreza, es una crisis de espacios públicos, es una crisis de calidad de vida. El emergente de una ciudad sustentable es aquel en el cual la calidad de vida de sus ciudadanos está asegurada. ¿Cómo se asegura la calidad de vida de los habitantes de cualquier ciudad? Con todo aquello que conforma sus ingresos indirectos: infraestructura, servicios, equipamiento, espacios públicos de calidad...

- ¿Por qué tenemos tan pocos espacios verdes en Tucumán?
- La ciudad ha ido creciendo y ha ido consumiendo el espacio rural. Pero no ha ido creciendo y generando equipamiento; una ciudad se genera con equipamiento, con espacios públicos de calidad. Los espacios verdes son parte de los equipamientos públicos. Fijémonos cómo una sociedad próspera, como la tucumana de comienzos del siglo XX, produce el parque 9 de Julio, que significó un amplísimo espacio público para una población que entonces no era tan significativa. Deberíamos prestar atención al papel que cumplen la Reserva y el parque universitario Sierra de San Javier en la sustentabilidad del área metropolitana. ¿Tiene pocos espacios verdes el área metropolitana de Tucumán si uno considera que ese es un gran parque urbano que está sosteniendo ecológicamente a toda el área urbanizada? Es probable que la ecuación nos diga que no. ¿Cuáles son, en todo caso, los espacios que están faltando y qué nos definen esos indicadores críticos? Lo importante no es sólo que haya parques, sino que estén accesibles a los ciudadanos. La reserva está, pero la gente no llega, y la plaza del barrio ha desaparecido. Por ejemplo, el plan estratégico asume la necesidad de crear nuevos espacios verdes. Están planteados, y es sumamente interesante pensar en un parque Norte, pensar en el parque del Salí. Esperemos que en esta posibilidad de construir la ciudad hacia el 2016, se realicen. Aquí no se invierte en grandes infraestructuras desde hace mucho tiempo. Urge atenderla. Porque las ciudades son "un tercio, un tercio, y un tercio". El tercio que está por abajo sostiene el tercio que está por arriba; si no, no hay ciudad. Hay un autor español, Solá Morales, que plantea cómo se produce una ciudad. Dice que hay tres formas de producir la ciudad: o se urbaniza, y luego se edifica -que es la ciudad tradicional- o se urbaniza y se edifica todo junto. Es como la producción del Estado: el Estado va, urbaniza con su criterio, y edifica. Y está esta otra forma, que es edificar primero y urbanizar después. La ciudad de San Miguel de Tucumán de los últimos cuarenta años ha sido pura edificación y nada de urbanización. No se está construyendo ciudad. Cuando una camina por una villa de emergencia, se pregunta si está en San Miguel de Tucumán, si esto merece ser llamado ciudad. Una se pregunta dónde está la vida urbana, ahí. Lo que sostiene la vida urbana, que es la posibilidad de acceder a servicios, no está, está ausente.

- ¿Hacia dónde tiene que crecer la ciudad mirando a 2016?
- Nosotros no decimos hacia dónde tiene que crecer la ciudad. Decimos que la ciudad está creciendo, y que no tiene que crecer consumiendo mayores recursos naturales. No tiene que seguir su crecimiento trepando hacia el piedemonte, que es frágil. La ciudad vive de los activos ambientales que están resguardados ahí y que, de algún modo, hasta ahora, están asegurados por la presencia del parque Sierra de San Javier. La ciudad no tiene que crecer hacia donde los conflictos ambientales sean irresolubles, no tiene que crecer hacia donde no sea posible proveer de infraestructura y de equipamiento. Tenemos el desafío de Lomas de Tafí...

- Primero urbanización, y después edificación...
- Pero la urbanización con todo lo que eso significa. Significa, por ejemplo, pensar en sistemas de transporte de la escala que eso está requiriendo. Hay una cantidad de activos ambientales que son los tendidos del ferrocarril. La conectividad en una ciudad es un valor de calidad ambiental. Hay que buscar un modo moderno de conectividad eficiente y de bajo costo ambiental.

- ¿Qué alternativas observa?
- Nuestro modo de producir ciudad está siempre en conflicto... Un desafío importante, y una oportunidad interesantísima, es la obra de sistematización del Salí. Nosotros somos una ciudad -y una sociedad- construida a espaldas del río. Hemos ido agregando otras vallas que nos separan del río, como la autopista. El río es depositario de nuestras miserias. A mí me ha impresionado mucho en estos últimos años recorrer la zona del río Salí, sobre todo el barrio Costanera. Cuando uno recorre los bordes del río y ve cómo vive esa población, sin siquiera documentos de identidad- por señalar lo más elemental, que es la falta de identidad- una se pregunta cuál es el infierno al que se ha descendido. ¿Hacia dónde debería ir la ciudad? A corregir eso, porque ninguna sociedad puede sostenerse, ni en el mediano ni en el largo plazo, con esa situación. Si no corregimos eso, esta es una sociedad sin esperanza. Esto, que es el mayor de los infiernos es, a la vez, el mayor de los desafíos. El Salí es estratégico para Tucumán. Pensemos desde una perspectiva turística, en función de 2016. Si no se materializa el proyecto del parque del Salí que se definió en el plan Estratégico, estaremos dándoles la bienvenida con la certeza de que ahí tenemos arrinconada a nuestra vergüenza social.

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