Elon, primero orbitó un Tesla en un cohete, ahora puso cohetes a un Tesla

El jueves en Texas, Elon Musk presentó el nuevo Tesla Roadster: un deportivo que camina cabeza abajo por el techo, salta camiones en el aire y acelera de cero a cien en menos de un segundo. El mundo necesita locos haciendo locuras.

El nuevo Tesla Roadster volando.
El nuevo Tesla Roadster volando.

WOW, wow y wow.

El jueves pasado a la noche, mientras todavía trataba de juntar mi mandíbula del piso tras ver la transmisión en vivo desde Texas, sentí un cortocircuito en la cabeza. Toda la vida crecimos con un puñado de certezas innegociables: las piedras caen hacia abajo, dos toneladas de metal no flotan y los autos tienen cuatro ruedas para ir pegados al piso. Bueno, a partir de esta semana tachá el «no» de la vieja frase: los autos no vuelan.

Una cosa es que te cuenten el futuro en una película llena de efectos especiales, y otra muy distinta es ver en directo, con tus propios ojos, cómo un Tesla Roadster blanco despega del asfalto sobre cuatro columnas furiosas de aire comprimido. Hay noches en las que la ciencia ficción deja de ser ficción.

Seguramente, de chicos, agarramos alguna vez un autito de metal en el piso de casa, lo hicimos trepar por la pata de la mesa dando vueltas en el aire y aterrizar del otro lado haciendo ruido de turbina con la boca. El jueves, Elon Musk hizo exactamente esa travesura infantil a escala real en el campo de pruebas de SpaceX en McGregor, Texas.

Después de nueve años de amagues desde aquel primer anuncio de 2017, lo que vimos fue un delirio inolvidable. El auto encaró una rampa curva gigantesca, quedó clavado cabeza abajo desafiando la gravedad, salió despedido por el aire y se enderezó solito antes de tocar el pavimento.

Por si faltaba algo para que a los ingenieros ortodoxos se les volaran los papeles, minutos después encaró otra rampa y tiró un kickflip —ese giro de 360 grados en el aire— pasando limpito por arriba de toda la flota de la marca, incluido un camión gigante de la propia empresa.

«Los autos voladores son reales», gritó Lars Moravy, vicepresidente de ingeniería de la marca. Y Elon, con esa sonrisa pícara de chico que acaba de hacer explotar el laboratorio del colegio, clavó la frase de la noche: «Ya habíamos puesto un Roadster adentro de un cohete; ahora metimos un cohete adentro del Roadster».

Por qué necesitamos locos haciendo locuras

Lo digo sin vueltas: Elon está loco. Lo sigo desde hace muchísimo tiempo y tengo una admiración grande por él. Sé que es una figura muy polémica —a algunos les puede gustar y a otros no—, pero es un genio de nuestra era y hay que saber disfrutarlo.

Mirando el auto dar vueltas en el aire, pensaba en la pregunta obvia: ¿quién necesita un auto que haga mortales o se ponga boca abajo? Nadie. Para llevar a los chicos al colegio no te hace falta. ¿O sí los días que se ponen hinchas?

Pero la historia no avanza sólo con gente prudente que llena planillas: a veces se necesitan locos haciendo locuras. Se necesita esa desmesura para generar expectativa, contagiar emoción y empujar el avance de la tecnología en sí. Muchas veces, las locuras anticipan las genialidades.

El truco sin pizarrón y el muñeco al volante

Sin ponernos técnicos, la gracia se entiende en dos patadas. Primero, una «aspiradora» bajo el piso: unos ventiladores eléctricos bestiales que chupan el aire debajo del chasis y dejan al auto abrochado al techo incluso quieto, llevando al extremo aquellos viejos autos «aspiradora» de la Fórmula 1 de los setenta, el Brabham BT46.

Segundo, en la versión más salvaje —Rocket—, metieron tanques de aire comprimido de SpaceX conectados a toberas alrededor de la carrocería. Al apretar el botón, dispara chorros de gas frío a presión espacial que lo empujan como un sifón descontrolado de 0 a casi 100 km/h en 0,81 segundos: menos de lo que tardás en estornudar.

¿Y quién manejaba cuando voló sobre el camión? ¡Nadie! Adentro iba sentado Starman, un maniquí con traje de astronauta, manejado a control remoto porque el propio Elon confesó a las carcajadas que la aceleración podría «dañar al humano que vaya adentro». Imaginate apretar los cohetes en un semáforo de la avenida Mate de Luna: dejás las cervicales en el baúl.

Publicidad magistral sin poner un mango en pauta

Como experto en comunicación y publicidad, hay otra jugada que me maravilla. Muchas marcas de autos invierten miles de millones de dólares en publicidad tradicional o por estar en la Fórmula 1 y otras escuderías. Tesla no gasta un peso en publicidad tradicional, pero hace estos eventos y se cepilla a toda la industria en impacto mediático de una forma increíble.

En febrero de 2018 mandó su primer Roadster al espacio con Starman en el cohete Falcon Heavy; el jueves lo hizo volar de forma invertida en Texas. No hay mejor publicidad en el mundo que hacer historia en vivo.

En febrero de 2018, Elon Musk lanzó su primer Roadster al espacio con el maniquí Starman al volante a bordo del Falcon Heavy. En febrero de 2018, Elon Musk lanzó su primer Roadster al espacio con el maniquí Starman al volante a bordo del Falcon Heavy.

Nuestro momento Hermanos Wright: ¡show para todos!

Cierro los ojos y tengo siete años en Tucumán, sentado sobre un montículo de arena en la calle Crisóstomo Álvarez, leyendo a Julio Verne y mirando Los Supersónicos y Volver al Futuro, soñando con cómo sería este siglo.

Por ahí exagero, querido lector, pero así lo sentí como fanático enfermo de la tecnología que ama el progreso: para mí esto fue como ver un momento Hermanos Wright de nuevo —como la primera vez que voló un avión en 1903, pero en vivo—, o me recuerda al impacto del Sputnik 1 o al alunizaje del Apolo 11 en la Luna.

Hoy la ciencia no sólo lee el genoma humano con inteligencia artificial para curar enfermedades; además, cuando el progreso se hace divertido, ¿qué más queremos? ¡Show para todos!

No sé cuándo iremos volando al supermercado, pero qué enorme privilegio es estar vivos hoy para verlo despegar.

¿Qué avance de la ciencia estás esperando con la misma ilusión? Contanos en el foro, bye my friend.

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