La advertencia de un tucumano desde las Cataratas del Iguazú: “El agua llega con más violencia”
Resumen para apurados
- El intendente del Parque Nacional Iguazú cerró la Garganta del Diablo ante una crecida de 15.000 m³/s para garantizar la seguridad y resguardar la infraestructura.
- Las pasarelas fueron desmontadas de forma preventiva para evitar roturas por el caudal, mientras que los circuitos Superior e Inferior continúan abiertos al público.
- Autoridades alertan que las crecidas son más frecuentes y destructivas por la erosión, y estiman que la normalización del circuito demandará entre 20 y 25 días.
La fuerza del río Iguazú vuelve a transformar el paisaje de las Cataratas y obliga a extremar las medidas de seguridad. Con un caudal muy superior al habitual, el Parque Nacional Iguazú mantiene cerrado el acceso a la Garganta del Diablo, mientras los demás circuitos continúan operativos. En medio de este escenario, un tucumano que conoce de cerca el comportamiento del agua y sus consecuencias explicó a LA GACETA cómo se prepararon para afrontar la crecida y por qué estos fenómenos requieren cada vez más atención.
Se trata de José María Hervás, guardaparque e intendente del Parque Nacional Iguazú, quien aseguró que el predio permanece abierto, aunque bajo un monitoreo permanente de las condiciones del río. “El Parque Nacional se encuentra totalmente operativo, salvo Garganta del Diablo, que está cerrada desde el primero de agosto”, explicó en una entrevista con LA GACETA Play.
La decisión se tomó de manera preventiva, a partir de los pronósticos meteorológicos y de los registros hidrológicos que anticipaban una crecida extraordinaria. Mientras tanto, los circuitos Superior e Inferior continúan habilitados, ya que funcionan con otros niveles de referencia para determinar las condiciones de seguridad.
La magnitud del fenómeno se refleja en las cifras que aportó Hervás. El parque funciona habitualmente con un caudal promedio de alrededor de 1.500 metros cúbicos por segundo. Cuando el río alcanza los 8.000 metros cúbicos por segundo, se dispone el cierre de la Garganta del Diablo. Sin embargo, durante los últimos días, el caudal llegó a los 15.000 metros cúbicos por segundo.
“Estamos muchísimo, muchísimo más por arriba de lo normal”, graficó el intendente, al explicar que las decisiones se toman a partir de los registros que comunica la represa ubicada en el Iguazú Superior, en Brasil. Con esa información, las autoridades evalúan qué sectores pueden permanecer abiertos y cuándo es necesario activar los protocolos de seguridad.
Las pasarelas de la Garganta del Diablo, desmontadas para evitar daños
Una de las decisiones más importantes fue desmontar por completo las pasarelas de la Garganta del Diablo antes de que el río alcanzara sus niveles más extremos. La medida busca proteger la infraestructura y evitar que la corriente arrastre las estructuras metálicas, como ocurrió en otras crecientes.
Hervás aclaró que las imágenes de pasarelas con barandas rebatidas que circularon en los últimos días corresponden al sector brasileño. Del lado argentino, la estrategia fue diferente: retirar anticipadamente los componentes del circuito más expuesto y ponerlos a resguardo.
“Se decidió en Garganta desarmarla por completo y todo ese material hoy está resguardado”, señaló. La previsión permitirá reducir considerablemente los tiempos de recuperación una vez que baje el nivel del agua.
Según estimó, la reinstalación de las estructuras demandará entre 20 y 25 días, siempre que las condiciones permitan avanzar con los trabajos. De no haberse retirado el material, la recuperación podría haber llevado varios meses, entre la necesidad de rescatar las piezas arrastradas por la corriente y la de adquirir componentes fabricados a medida.
El resto de los circuitos también está sujeto a evaluaciones permanentes. Aunque el agua llegó con fuerza a distintos sectores, las autoridades mantienen habilitados aquellos recorridos que reúnen las condiciones necesarias para recibir visitantes.
Una experiencia impactante para los turistas
A pesar del cierre de uno de los principales atractivos del parque, la crecida también genera una experiencia visual y sonora excepcional para quienes llegan hasta las Cataratas. Durante la jornada previa a la entrevista, el lugar recibió unos 6.000 visitantes, según precisó el intendente.
Hervás relató que algunos turistas sintieron temor al encontrarse frente a la magnitud del agua, pero que, después de los primeros momentos de impresión, pudieron continuar sus recorridos con normalidad.
“Es muy impactante estar a la par de los saltos con semejante caudal y con semejante ruido”, describió. Y dejó una invitación para quienes todavía no conocen el lugar: “Lo que van a ver es algo único y pocas veces visto”.
El funcionario reconoció que las excursiones náuticas pueden generar mayor inquietud entre los visitantes, por la cercanía con los rápidos y los saltos. Sin embargo, remarcó que se trata de actividades que se desarrollan bajo protocolos de seguridad y cuya realización depende de las condiciones del río.
La situación también obligó a contemplar a quienes habían organizado sus viajes con meses de anticipación, incluidos contingentes escolares que esperaban visitar la Garganta del Diablo. Frente a las dificultades para devolver las entradas, se habilitó la posibilidad de reprogramar las visitas hasta marzo o abril del próximo año, con la opción de extender el plazo si fuera necesario.
“El agua llega con más violencia”
Más allá de la crecida actual, Hervás advirtió sobre un proceso que preocupa a quienes trabajan en el parque: la frecuencia y la intensidad con que se presentan estos episodios.
“Estas crecientes cada vez vienen sucediendo con más frecuencia y cada vez son un poquito más violentas”, afirmó. En su explicación, señaló que la erosión de las islas que históricamente funcionaban como barreras naturales reduce la resistencia del paisaje frente a la corriente.
Al desaparecer parte de esas formaciones, el agua encuentra menos obstáculos y alcanza determinados sectores con mayor fuerza. Por eso, según describió, en algunas ocasiones un caudal inferior puede provocar más daños que otro registrado décadas atrás, cuando el entorno ofrecía una mayor contención natural.
La preparación para esta crecida comenzó varios meses antes. Desde junio y julio, las autoridades del parque mantenían contacto con servicios meteorológicos de Argentina y Brasil para seguir la evolución de las condiciones que podían derivar en un episodio extraordinario.
La crecida también golpea a otras localidades
El impacto del agua no se limita al área de las Cataratas. Desde Puerto Iguazú, donde se encuentra la intendencia del parque, Hervás explicó que el nivel elevado del río Paraná dificulta el desagüe del Iguazú, debido a que el curso principal funciona como una barrera para la descarga del agua.
Aunque Puerto Iguazú no registraba inundaciones generalizadas al momento de la entrevista, el funcionario señaló que otras zonas de la región ya sufrían consecuencias más severas, especialmente en sectores ribereños con barrancas más bajas.
Ante este panorama, Parques Nacionales conformó un comité de crisis ampliado con la participación de Gendarmería Nacional, Prefectura, bomberos, Defensa Civil y otras instituciones. El organismo puso a disposición del municipio recursos logísticos y maquinaria, como camionetas, tractores, retroexcavadoras y motoniveladoras, para colaborar frente a la emergencia.







