Nació en 1815, en un territorio que ni siquiera había declarado la Independencia. Murió en 1900, cuando la República Argentina había dejado de ser un proyecto y emergía a toda máquina en la escena mundial. Ese recorrido de 85 años convirtió a Wenceslao Posse en testigo calificado de la construcción del país, un proceso que no le fue ajeno a partir del protagonismo económico, político y social que desplegó a lo largo de su vida. A ese legado lo recogió José María Posse y le dio forma de libro: “Wenceslao, una épica del oro dulce”. Lo presentará hoy a las 20 en la sede de la Federación Económica (San Martín 427), con entrada libre y gratuita.
La cinematográfica vida de Wenceslao estuvo atada al devenir tucumano durante el siglo XIX. Su familia, un clan enjundiosamente embarcado en aquellas luchas políticas propias de los tiempos de la organización nacional, aparece una y otra vez en el registro histórico. Casi no hubo episodio que, de uno u otro modo, no se relacionara con “los Posse”. De esa saga estelarizada por sus ancestros da cuenta el autor a lo largo de 450 páginas, en un volumen alimentado por numerosas fuentes, documentos, epístolas y un amplio repertorio de fotos e ilustraciones.
Gobernador de la provincia (1866-1867), funcionario, legislador y activo propulsor de las ideas liberales, Wenceslao transitó por las filas unitarias durante las guerras civiles y con los años devino figura importante del Partido Autonomista Nacional. La oposición a Rosas le significó el exilio en Bolivia, producto de la derrota sufrida por las huestes de Gregorio Aráoz de La Madrid en la Batalla de Famaillá. Con la segunda mitad del siglo XIX llegó su momento de preponderancia política, trazando un arco que lo ubicó en la vereda del frente del mitrismo -lo que le supuso varios quebraderos de cabeza- hasta que se consolidó en la Argentina el liderazgo de su primo Julio Argentino Roca, de quien Wenceslao -de acuerdo al relato de José María Posse- fue consejero y alma máter.
Este derrotero marchó siempre unido al carácter emprendedor de Wenceslao, fundador en 1845 del ingenio Esperanza. La fábrica hizo punta en Tucumán al reemplazar los antiguos trapiches por modernas maquinarias a vapor importadas de Europa. El libro enlaza así el perfil empresario de Wenceslao con el modelo de país impuesto por la Generación del 80. En Wenceslao, el autor ve representado el espíritu de aquellos dirigentes que pretendieron hacer de la naciente Argentina una potencia internacional. Y a la vez, Posse sintetiza en el pensamiento y en el accionar de Wenceslao la historia del “oro dulce”, cuando Tucumán albergó la primera industria pesada del país y la épica de la producción azucarera se tradujo en una riqueza antes impensada para la realidad de la región.
Desde este punto de vista, el libro se permite ir más allá de Wenceslao para mirar el pasado bajo el prisma de la crítica y dejar implantadas en el lector algunas inquietudes. “Este primer intento biográfico de envergadura, riguroso -por su apego a la sistematicidad documental-, pero no menos ameno -por el uso llano y amigable del lenguaje divulgativo-, viene a develar y a poner en valor la vida y obra de un personaje hasta ahora casi desconocido de la historiografía argentina”, señala Jorge Daniel Brahim en el prólogo. Y a la vez, destaca que la obra: “viene a interpelarnos sobre los esquivos significados de la patria, y a reabrir el debate, tan vigorosamente actual, de esa polémica persistente, nunca saldada, que tal vez nos permita aclarar la deriva errática del rumbo que tomó la patria y que, además, invita a repensar su porvenir”.
Industria azucarera
Para esto, el autor puso en contexto la vida de Wenceslao dedicando capítulos a la historia de la industria azucarera tucumana y a los hechos que fueron configurando la tumultuosa articulación del país. En esas aguas se movió el protagonista, alternando períodos en los que vivió lejos de la provincia con otros de absoluta vigencia en Tucumán. Momentos de luces y de sombras; de aciertos y de errores; de guerra y de paz en lo público y en lo íntimo. Wenceslao fue un arquetipo tucumano de su tiempo, cuando los protagonistas de la economía, de la política, de la cultura y de la sociedad eran los mismos. Una clase dirigencial que dejó su impronta en años en lo que, al decir de Carlos Páez de la Torre (h), “el poder se tenía con todo”. ¿Cómo persiguió Wenceslao el poder y por qué se embarcó en esa misión? José María Posse lo plantea y encuentra algunas respuestas.








