Manuel Vilas: “Un divorcio es la creación de dos tiempos”
Desde el comienzo de la novela Islandia asistimos a un mantra poético “Ya no estoy enamorada de ti” y ahí la implosión para el narrador/protagonista ante ese “mensaje devastador”. En su última novela, el escritor español Manuel Vilas narra en primera persona su separación de la escritora Ana Merino, con quien estuvo casado más de once años.
Por Flavio Mogetta
Para LA GACETA - BUENOS AIRES
La novela comienza con “Largo lamento” que es “casi el 70% de la novela y tiene un valor de salmodia y de repetición que es una oración, es decir: ‘me lamento, me lamento, me lamento, me lamento’. Y en cada capítulo, en cada lamento va incluyéndose algo nuevo. Se repite casi siempre esta frase que es el leitmotiv del libro ‘ya no estoy enamorada de ti’ y cada capítulo es como un asedio distinto a esa frase para intentar comprenderla, de modo que tiene una circularidad, que es una circularidad simbólica que es la circularidad de la vida, pero también es una circularidad en donde se regresa otra vez a la frase, pero sabiéndola mejor. En cada capítulo se intenta comprender qué ha pasado, qué es lo que ha causado la ruptura y la separación de este amor”, introduce el escritor aragonés Manuel Vilas.
-La novela ofrece muchas imágenes. Y una es la de la cocina, que se la menciona como espacio de protección, pero al mismo tiempo es el escenario de la separación.
-Una novela es espacio y tiempo. En algún sitio tiene que ocurrir lo que se va a narrar. Obviamente, un divorcio son largas conversaciones entre las dos personas que se van a separar. Hay, en un divorcio civilizado como el que se narra en la novela, largas charlas en donde se revisa la vida, la experiencia común y qué es lo que ha pasado. Como viven en el mismo apartamento de una manera natural y casi misteriosa acaban eligiendo la cocina como el lugar para hablar. ¿Por qué la cocina? Probablemente porque es el sitio más íntimo, porque es el sitio donde han desayunado juntos, donde han cocinado juntos. Es el sitio también menos solemne, más común de una casa. No es el salón, tampoco es el dormitorio porque ya no tiene sentido el dormitorio. La cocina es el lugar más humilde de una casa. Tú cuando vas a la casa de alguien, pues te suelen enseñar la terraza si hay vistas o el salón, pero la cocina siempre queda a veces como un lugar menos agraciado y ellos eligen eligen la cocina para esas largas charlas.
-De hecho, Manuel, la cocina también es el lugar más real, podríamos decir el que ofrece menos disfraz.
-Es más real porque es el lugar donde se come, donde se desayuna, es el lugar donde están los alimentos, es el lugar donde está lo fundamental de un ser humano, que es seguir vivo, es decir, a través de la alimentación. Es donde están los electrodomésticos, es donde están la electricidad.
La cocina se convierte en una especie de símbolo allí en la novela la presencia de la cocina. Quizá también es el sitio que les da menos miedo, porque es pequeña, es humilde, no tiene grandes muebles, son sillas de cocina baratas, de plástico. No hay adornos que distraigan la atención. Es un sitio pequeño que obliga a que los cuerpos no estén distanciados, los cuerpos están cerca, se pueden coger de la mano y la mirada está a 30 cm el uno del otro, a medio metro.
-Y la primera noticia de la separación llega sin que los cuerpos estén precisamente cerca porque se da a través de una llamada telefónica. Y de ese objeto que permite la no presencia de los cuerpos la voz del narrador también se permite reflexionar.
-Efectivamente, la novela se inicia con una llamada telefónica, y en esa llamada telefónica hay un mensaje devastador, y eso lleva a que el narrador de repente hable del teléfono. El teléfono ha sido en el siglo XX y sigue siendo en el siglo XXI la tecnología para, por ejemplo, comunicar la muerte de alguien sin la presencia física de quien la comunica, en donde el mensaje que se te da viene sin el cuerpo de quien da el mensaje, es más cómodo. Y también las órdenes terribles que se pueden dar por teléfono, las órdenes en una guerra se dan por teléfono, la orden de asesinar a alguien. Esa asepsia casi diabólica del teléfono que está también en obras. Está, por ejemplo, en El castillo de Kafka, cuando en las primeras páginas el teléfono es un instrumento fundamental porque permite la comunicación entre el mundo del castillo -el de los funcionarios- y el mundo del pueblo, de los plebeyos. Incluso hay una idea metafísica del teléfono, que es la posibilidad de recibir la llamada de Dios. Es un instrumento creado en el siglo XIX, pero que indudablemente sigue produciendo una gran perplejidad a la hora de comunicarnos. Ahora, por ejemplo, otra de las modalidades comunicativas asépticas es el WhatsApp, que vuelve otra vez a incidir en dar mensajes sin la presencia del cuerpo y ya sin la voz. La eliminación de la voz ya es otro paso más, por lo tanto, al final solo quedan las frases escritas sin la presencia ni de la voz ni del cuerpo del emisor.
-En Islandia, cuando los personajes estaban aún enamorados el uso de whatsapp les permitía esos mensajes propios del intercambio epistolar del siglo XIX.
-Claro, él estaba acostumbrado a recibir WhatsApps llenos de emoticones festivos, como corazoncitos. Y de repente se da cuenta de que tras la ruptura no va a recibir más esos WhatsApps Pasa en la vida real. Esta novela es de inspiración autobiográfica, yo dejé de recibir todos esos WhatsApps automáticamente. Sabes que, al día siguiente de la ruptura, todo ese mundo maravilloso, incluso un poco infantil -como son los emoticones-, iba a desaparecer. Un divorcio es también la creación de dos tiempos. A partir del divorcio ya se crea el pasado. Un divorcio es hoy nos separamos y a partir de hoy está el ayer, que es cuando fuimos pareja. Ya no lo vamos a ser más. Entonces la comprensión del tiempo es muy intensa en un divorcio, ya sabes que lo que tú has vivido con tu pareja ya ha pasado, ya no va a ser presente nunca, ya está en la memoria, solo va a vivir en la memoria. Un matrimonio no necesita recordar todo lo que han vivido juntos porque la presencia del cuerpo, del cónyuge, actualiza el pasado. Eso va a dejar de ocurrir, ya no va a haber esa actualización.
-Planteas que las cosas importantes de la vida suelen ser inenarrables.
-Sí, eso lo pienso. Una novela acaba siendo una aproximación a lo que se puede decir de la vida. Por ejemplo, la naturaleza autobiográfica de esta novela tiene un límite, que es que la vida no se puede decir completamente. Una novela son aproximaciones, intentos, exploraciones. No son la vida pero es lo único que tenemos para comprenderla. Palabras, palabras y palabras, intentando acercarnos a ese fuego secreto y misterioso. La narración de un divorcio o de una muerte son aproximaciones. Por eso dije desde al principio de la novela que lo verdaderamente importante que nos ocurre a los seres humanos tiene una naturaleza inenarrable.
-¿En qué momento te surgió la necesidad de contarlo?
-Nació como terapia. Todo lo del principio de la novela ocurrió así. Yo estaba en Sevilla porque había ido a un club de lectura donde habían leído un libro mío y Ana estaba en Madrid, en casa de sus padres. Aquella tarde yo había terminado ya de trabajar y no me llamaba. Nosotros nos llamábamos todos los días siempre y fue extraño que no me llamara. La llamé yo y su voz era distinta. Esto lo recordaré siempre. Era como si estuviera hablando con una persona desconocida. Eso te provoca una angustia terrible. De repente la persona en la que tú confiarías tu vida tiene la voz de un desconocido. Entonces fue cuando me dijo que había estado pensando muchas cosas y que la conclusión era que ya no estaba enamorada de mí y que, por tanto, se imponía la ruptura. Esto se dice por teléfono y a partir de ahí se produce un huracán emocional. El narrador, yo mismo, se queda sin ella. Una pareja es un equipo de alguna forma y de repente la persona a la que tú confiarías tu vida se convierte en un desconocido en que ya no puedes confiar. Y esto es el terror.
-Y es en ese momento en el que aparece este Yo y la necesidad de contarlo, como decías, de manera terapéutica.
-La forma de curación, de enfrentar un dolor psíquico de esa naturaleza, la única forma de neutralizar ese devastador dolor que entra en tu psicología es empezar a escribirlo. Es casi un analgésico inmediato. En cuanto empiezas a poner palabras a lo que estás sintiendo, la angustia va bajando, vas comprendiendo. Al poner palabras a lo que te está pasando, comprendes qué es lo que te está pasando y, si lo comprendes, al menos ya ves el rostro de lo que te causa dolor y de alguna forma puedes empezar a luchar contra eso.
-En la primera parte de la novela aparecen las figuras de los padres y también se menciona lo económico.
-En este divorcio ella tiene más plata que él y tiene la propiedad de la casa en la que viven. Eso significa que al dolor de la separación se va a añadir el dolor económico. El narrador va a tener que buscarse otro apartamento y ahí se va a enfrentar, además, con el mercado inmobiliario. Vienen de orígenes sociales distintos. El narrador es hijo de una familia de gente sin estudios ni recursos. Sus padres están muertos. La idea de los papás y las mamás en la novela viene a cuento de que es un hombre de 60 años que, al sentirse devastado por esta noticia, busca a alguien que le ayude. La idea es buscar a sus padres, pero ellos están muertos. Es un signo de infantilismo, como si este sexagenario volviera a tener doce años. ¿Y a quién se lo cuento? ¿Quién me puede resolver esta cosa terrible que me ha pasado? ¿Mi papá y mi mamá? Pero no tiene a nadie y encima tiene que buscar una vivienda en un mercado inmobiliario dominado por la codicia y la especulación como el de Madrid. Hay allí una denuncia. La codicia y la especulación inmobiliaria que hay en esta ciudad es francamente de una perversidad inenarrable también.
-Luego de esa primera parte del lamento, tenemos una elegía al protagonista, una tercera parte que es Islandia, el viaje, y finalmente esa cuarta parte en la que prima un lenguaje irónico y en donde se proyectan futuros posibles para los dos protagonistas.
-La ruptura es un tiempo presente, pero automáticamente piensas: “yo me volveré a casar”, “volveré a tener pareja”, “me quedaré soltero”, “¿y qué será de mi exmujer o de mi exmarido?”, “¿seguiremos siendo amigos?”, “¿alguno de los dos reconstruirá su vida?”. Todas esas preguntas que ocurren en la mente, es una prospección de un divorciado o divorciada, y se me ocurrió hacer ese juego de distintas posibilidades de futuro, algunas muy divertidas e irónicas, otras más tristes. Uno necesita automáticamente pensar en el futuro. De hecho, la inteligencia muchas veces la definen como una capacidad de pensar el futuro. Y en esa prospección del futuro, de alguna forma se quiere conocer algo que no sabemos cómo va a ser, ni si en las distintas posibilidades de ese futuro alcanzaremos una especie de consuelo. Es quizá la parte más fantasiosa y lúdica de la novela, donde hay alguna hipótesis de futuro que es francamente muy divertida.
-Atravesando toda la novela y el sentir de ese narrador, aparece esa idea de “nostalgia del futuro”.
-Solo el pensamiento de que va a haber un futuro ya es esperanza de vida, es consolador. En un divorcio, al principio el sufrimiento puede ser tan intenso que incluso te lleve a pensar que de allí no sales vivo, que esa ruptura te va a matar. Y la idea de que de repente se puede salir adelante e imaginar distintas formas de salir es una manera de decir “esto también pasará” y dentro de unos años ella encontrará un novio o yo una novia o seguiremos vivos de otra manera y, por tanto, la vida continuará. Y en la frase “la vida continuará” está contenida la esperanza.
© LA GACETA
PERFIL
Manuel Vilas (Barbastro, 1962) es poeta y novelista. Su novela Ordesa (2018) fue traducida a más de veinte lenguas, elegida libro del año por Babelia y ganadora del Premio Fémina en Francia a la mejor novela extranjera. Le Monde dijo que «leer a Manuel Vilas es caminar por un lugar magnífico con los ojos vendados». Alegría (2019), traducida a varias lenguas, fue finalista del Premio Planeta. Con Nosotros ganó el Premio Nadal de Novela 2023. Colabora en El País y La Vanguardia.







