La nueva “Scaloneta”: por qué la selección argentina 2026 juega distinto a la campeona del mundo

La Selección ya no necesita dominar todos los partidos para ganar. Con más experiencia, una defensa sólida y un Lionel Messi decisivo encontró una nueva manera de competir en el Mundial 2026.

MUNDIAL 2026. La Scaloneta quiere hacer historia ene sta Copa del Mundo.
MUNDIAL 2026. La "Scaloneta" quiere hacer historia ene sta Copa del Mundo.
Por Bruno FaranoEnviado especial Hace 3 Hs

Resumen para apurados

  • La selección argentina clasificó a la siguiente fase del Mundial 2026 con un estilo más maduro y menos dominante que en Qatar 2022, priorizando el oficio y la eficacia de Messi.
  • Frente a la intensidad y posesión de Qatar 2022, el equipo actual tolera no tener la pelota, se apoya en una zaga sólida y aprovecha la efectividad de Messi, autor de cinco goles.
  • Esta evolución táctica y mental reduce la vulnerabilidad de la selección y la consolida como una competidora más peligrosa, capaz de resolver partidos complejos con oficio.
Resumen generado con IA

La mejor noticia para Argentina en este comienzo de Mundial no pasa por los seis puntos, ni por el invicto, ni siquiera por el hecho de haber asegurado la clasificación y el primer puesto del grupo J. Pasa por una sensación, porque esta selección ya no juega igual que la que conquistó Qatar y, lejos de ser una mala noticia, puede ser una de sus mayores fortalezas.

Hace cuatro años, la “Scaloneta” enamoraba por la intensidad. Ahogaba a los rivales con una presión feroz, recuperaba rápido la pelota y jugaba muchos partidos a un ritmo frenético. Era un equipo que necesitaba imponer condiciones para sentirse cómodo. En cambio, la versión 2026 parece distinta.

No porque haya perdido identidad. Todo lo contrario, esta Selección parece haber evolucionado respecto a la que le bordó la tercera estrella al escudo.

En pocas palabras, esta Argentina entendió que un Mundial también se juega cuando el rival tiene la pelota; y contra Austria eso quedó expuesto con claridad.

Hubo largos pasajes en los que el equipo de Lionel Scaloni dejó de controlar el partido. Austria encontró espacios, avanzó y obligó a la Selección a retroceder varios metros. Sin embargo, nunca dio la sensación de que Argentina estuviera perdiendo el control emocional del encuentro.

Esperó, defendió, se acomodó y aceptó que durante algunos minutos el partido sería del rival. Sin embargo, cuando encontró el momento para golpear, lo hizo.

Esa paciencia probablemente sea la principal diferencia entre este equipo y el campeón del mundo. La “Scaloneta” ya no necesita demostrar que sabe jugar. Ahora demuestra que sabe competir.

Hay algo que sólo entregan las grandes conquistas; y eso es el oficio. Este grupo parece haberlo incorporado definitivamente ese detalle. Ya no se desespera cuando el desarrollo no le resulta favorable y ya no siente la obligación de dominar cada minuto. 

Entiende que los partidos tienen diferentes etapas y que muchas veces la victoria depende más de administrar los malos momentos que de aprovechar los buenos. También cambió la manera de defender.

En Qatar, muchas veces la mejor defensa era monopolizar la pelota. Hoy, cuando el rival consigue avanzar, aparece otra fortaleza. Cristian Romero y Lisandro Martínez sostienen una zaga que transmite seguridad. Emiliano Martínez casi no interviene, pero cuando debe hacerlo responde. Y el mediocampo aprendió a cerrar espacios antes que a salir desesperadamente a recuperar.

Argentina quizá ya no genere esa sensación de superioridad permanente. Pero tampoco transmite vulnerabilidad. Y, en medio de esa evolución, hay un factor que potencia absolutamente todo. Sí; Lionel Messi.

En Qatar fue el mejor jugador del Mundial. En Estados Unidos volvió a llegar en un estado físico y futbolístico extraordinario, pero con una diferencia. Hoy parece todavía más decisivo.

Argentina convirtió cinco goles en el torneo y los cinco fueron de Messi. Es un dato que invita a dos lecturas. La primera es evidente: ofensivamente el equipo todavía necesita encontrar más respuestas para no depender exclusivamente de su capitán. La segunda resulta mucho más alentadora: el mejor futbolista del mundo volvió a llegar a un Mundial en plenitud. Y eso cambia cualquier análisis.

Porque esta Selección también aprendió a administrar a Messi. Ya no le exige participar de todas las jugadas. Lo protege, lo espera y le entrega los momentos importantes del partido. Eso sí; cuando aparece, resuelve.

Quizás la “Scaloneta” 2026 juegue un poco menos lindo que la de Qatar. Es posible. Pero también parece jugar mejor los Mundiales porque hace cuatro años aprendía mientras avanzaba, en cambio ahora ya conoce el camino. 

Y cuando un equipo combina esa experiencia con un Messi capaz de convertir todos los goles de su selección, deja de importar cuánto tiempo tiene la pelota o cuán vistoso resulta su juego; y empieza a importar algo mucho más difícil de conseguir: la sensación de que siempre encontrará la manera.

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