Un colombiano convirtió la firma de Messi en un tatuaje para toda la vida

Un ingeniero pasó dos décadas persiguiendo el sueño de conocer al capitán argentino. Lo consiguió en Miami y convirtió aquella firma en un símbolo eterno.

LO LLEVA EN LA PIEL. El colombiano Yepes persiguió a Messi durante más de 20 años, se tatuó su firma y explica por qué millones de personas siguen a la Argentina sin ser argentinos.
LO LLEVA EN LA PIEL. El colombiano Yepes persiguió a Messi durante más de 20 años, se tatuó su firma y explica por qué millones de personas siguen a la Argentina sin ser argentinos.
Por Matías AuadEnviado especial 21 Junio 2026

Resumen para apurados

  • El colombiano Carlitos Yepes se tatuó en Miami la firma real de Lionel Messi en febrero de 2024, cumpliendo una promesa tras el título de Argentina en el Mundial de Qatar 2022.
  • Yepes, fan de Messi por 20 años, logró el autógrafo tras entregarle una carta al jugador Luis Suárez en Miami, inmortalizando el trazo exacto sin retoques estéticos.
  • Este caso muestra cómo la figura de Messi trasciende fronteras, atrayendo a miles de hinchas globales que apoyan a la Selección Argentina solo por su admiración al capitán.
Resumen generado con IA

La firma de Lionel Messi ocupa buena parte de su antebrazo izquierdo. La tinta ya perdió algo de intensidad, pero todavía se distingue con claridad el trazo que el capitán argentino estampó sobre su piel en febrero de este año, en Miami. No es una recreación ni un diseño inspirado en el rosarino. Es la rúbrica que Carlitos Yepes recibió después de perseguir durante años una promesa que parecía imposible de cumplir. Cuando llegó el momento de convertirla en tatuaje, el colombiano pidió que no modificaran absolutamente nada. Quería conservar incluso las imperfecciones que había dejado el marcador.

Yepes tiene 34 años, nació en La Virginia, un pequeño municipio del departamento colombiano de Risaralda, y se presenta ante LA GACETA con una definición contundente. “Soy el hincha número uno de la Selección Argentina que no es argentino”, dice mientras recorre Kansas City vestido con una camiseta albiceleste. A simple vista podría parecer una extravagancia. Sin embargo, su historia ayuda a explicar algo que se repite en el Mundial en Estados Unidos. En las calles, en los Fan Fest y en los alrededores de los estadios aparecen miles de personas que siguen a la Argentina sin tener ningún vínculo directo con el país. Ni el idioma que hablamos conocen. Solo tienen una razón: Messi.

Yepes cuenta que su fascinación empezó hace más de dos décadas. Tenía 13 años cuando la Selección Sub-20 disputó un torneo en Colombia. Durante una práctica se acercó a una persona vinculada al plantel y preguntó quién era el mejor jugador de ese equipo. “Hay un tal Messi que creemos que va a ser mejor que Maradona”, recuerda que le dijeron. Ahí comenzó a seguir cada paso de aquel adolescente zurdo que todavía no había debutado en la Primera de Barcelona.

Lo vio convertirse en estrella, ganar títulos, romper récords y dominar el fútbol mundial durante casi veinte años. También recorrió ciudades y países para intentar acercarse a él. En 2011 logró conocerlo por primera vez: Messi le firmó una camiseta, pero el encuentro duró apenas unos segundos y no pudo sacarse una foto. La única imagen de aquel momento apareció publicada en un diario. Para Carlitos ese encuentro no fue suficiente.

Hizo una promesa: si algún día Messi ganaba una Copa del Mundo, volvería a encontrarlo cara a cara y se tatuaría su firma. Cuando Argentina conquistó Qatar 2022, esa idea volvió a ocupar cada vez más espacio en su cabeza. Viajó varias veces detrás de su ídolo, siguió giras del Inter Miami por Sudamérica y acumuló intentos frustrados.

El tiempo pasaba y el objetivo parecía alejarse, hasta que decidió probar suerte en Miami. Durante varios días se presentó frente al estadio del Inter, el equipo donde juega el 10 argentino, con un cartel y una carta. Llegaba cerca de las ocho de la mañana y se quedaba ahí acompañado por su esposa hasta media tarde. Messi lo veía, lo saludaba y seguía su camino. Nada más. En medio de esa rutina se cruzó varias veces con Luis Suárez, amigo de Lionel. Carlitos lo tomó como una señal. Un día consiguió entregarle una carta a la esposa del delantero uruguayo y volvió a esperar.

El texto no era improvisado: había impreso fotografías de distintos momentos de su recorrido detrás de Messi y resumido allí una historia que llevaba más de veinte años construyendo. “Cuando tenía 13 años conocí a Messi en el Sudamericano Sub-20 de 2005 que se jugó en Colombia. Desde ese momento supe que sería el mejor jugador de la historia”, escribió. Recordó la promesa que había hecho después de Qatar y explicó su estado de ánimo: “No me pienso devolver a Colombia hasta poder cumplir esta promesa”. El destinatario de la carta no era Messi sino Suárez. “Hola Lucho”, decía el encabezado. Al final, le hacía un pedido: cualquier ayuda para convertir su sueño en realidad.

Yepes dice que días después Messi leyó el mensaje, estacionó su vehículo a un costado y le hizo una seña para que se acercara. Él salió corriendo junto a su esposa, le agradeció por tantos años de inspiración, le dijo que lo amaba y le agarró la mano. Mientras intentaba controlar los nervios, Messi le firmó el brazo. Antonela Roccuzzo observaba la escena entre sonrisas. Detrás apareció Suárez aplaudiendo. Ahí Carlitos se dio cuenta de que el uruguayo había tenido algo que ver en el desenlace de una búsqueda que llevaba años.

“El video de mi vida”

Yepes filmó todo con su teléfono. El video muestra el momento en que Messi se detiene, baja la ventanilla de su vehículo y accede a firmarle el brazo después de leer la historia que llevaba escrita en una carta. Publicó las imágenes en TikTok e Instagram, donde comparte desde hace años sus viajes y experiencias siguiendo al capitán argentino por distintas partes del mundo. El contenido se viralizó: superó las 2,7 millones de reproducciones, acumuló más de 132.000 guardados, cerca de 46.000 compartidos y más de 14.000 comentarios. “Este es el video de mi vida”, escribió el 17 de febrero al compartir la grabación.

Horas después, la firma se inmortalizó con forma de tatuaje. Para encontrar al artista adecuado Yepes recorrió estudios hasta dar con alguien que aceptara reproducirla exactamente como había quedado. No quería correcciones ni retoques. Tampoco que alguien intentara mejorarla. Lo importante para él no era lo estético sino conservar para siempre aquellos segundos con Messi. Según cuenta, el tatuador respetó incluso los desgastes que había dejado el mismo marcador con el que el astro argentino escribió sobre su brazo.

La historia de Yepes no trata solamente sobre una firma ni sobre una camiseta ni sobre una colección de viajes detrás de un futbolista. A medida que avanza la conversación con LA GACETA aparece otro aspecto de la admiración que siente por Messi. Habla de los títulos, pero sobre todo de la disciplina, de la perseverancia y de la forma en que el rosarino se mantuvo durante más de dos décadas en la élite sin perder un perfil bajo que millones de personas consideran auténtico.

Quizás por eso encuentra paralelismos entre la vida de Messi y la propia. Su padre murió cuando tenía apenas tres años y su madre quedó sola al frente de la familia. Creció en un entorno humilde, estudió becado en una universidad pública y se graduó como ingeniero de sistemas. Hizo una especialización en bases de datos y una maestría en inteligencia artificial. Trabajó para empresas de distintos países y logró construir una carrera profesional que le permitió recorrer el mundo. “Mi historia también es una historia de superación”, cuenta.

El vínculo con Messi no terminó ese día en Miami. Tiempo después viajó a Rosario con una enorme bandera de Colombia y consiguió que llegara al entorno familiar del futbolista. Según cuenta, el hermano del capitán argentino decidió conservarla y exhibirla en una de las propiedades de la familia. Para Yepes, ese gesto representa algo que repite durante toda la entrevista: que la admiración por Messi trasciende las fronteras y las nacionalidades.

Cada vez que intenta explicar su vínculo con Messi vuelve sobre la misma idea. Dice que admira al futbolista, pero también al padre de familia. Al hombre que ve acompañado por su esposa y sus hijos. Al profesional que, según dice haber observado, es el primero en llegar y el último en irse de los entrenamientos. Son valores que intenta aplicar en su propia vida y que, asegura, tuvieron una influencia real en su forma de afrontar las dificultades.

Más allá de la bandera

Yepes rechaza la idea de que la admiración por Messi deba entenderse únicamente desde la lógica de las nacionalidades. “El legado es tan grande que no tiene color de camiseta ni tiene color de nacionalidad”, asegura. Dice sentirse orgulloso de ser colombiano y de sus raíces, pero reconoce que cuando hay una pelota de por medio la ecuación cambia. “En el fútbol soy de Messi. No tengo ningún equipo. Soy de donde juegue Messi”, afirma.

Su historia es la de miles. En los Fan Fest, en los bares y en las inmediaciones de los estadios donde juega la Selección abundan ciudadanos de distintas nacionalidades que llevan camisetas argentinas sin haber visitado nunca el país. Muchos conocen poco sobre Argentina. Todos conocen a Messi.

Lo que apareció en Kansas City durante los primeros días del Mundial probablemente vuelva a repetirse en Dallas y en cada ciudad que reciba a la Selección. Mexicanos, colombianos, ecuatorianos, estadounidenses y aficionados de distintos rincones del planeta se acercan atraídos por una figura que hace tiempo dejó de pertenecer exclusivamente a un país.

Acostumbrados a convivir con su figura desde hace más de veinte años, para los argentinos el fenómeno puede parecer normal. Basta alejarse unos miles de kilómetros para descubrir que no. Hay personas que gastan ahorros, recorren continentes y organizan parte de sus vidas alrededor de un futbolista. Algunas incluso terminan llevando su firma tatuada en la piel. Quizás no exista una prueba más contundente de la dimensión alcanzada por Messi que la historia de un colombiano que pasó más de dos décadas persiguiendo el sueño de conocerlo.

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