Cómo es por dentro el centro de prensa del Mundial 2026: el otro partido que se juega en Kansas City

Más de 300 periodistas, café gratis, aire acondicionado helado y una organización milimétrica. Una visita al lugar en el que el Mundial también se juega, aunque lejos del césped.

Cómo es por dentro el centro de prensa del Mundial 2026: el otro partido que se juega en Kansas City
Por Bruno FaranoEnviado especial Hace 2 Hs

Resumen para apurados

  • Periodistas de todo el mundo cubren el Mundial 2026 desde el hipertecnológico centro de prensa en Kansas City, operando bajo una rigurosa e hiperorganizada logística de la FIFA.
  • Con capacidad para 300 personas, el sitio ofrece climatización extrema, áreas técnicas por marcas y un estricto control de acceso digitalizado mediante una aplicación de FIFA.
  • Esta compleja infraestructura revela la escala de la FIFA y define un nuevo estándar tecnológico y de control organizativo para la cobertura de grandes eventos deportivos globales.
Resumen generado con IA

La primera sensación es extraña. Afuera hace calor, muchísimo calor. El sol cae fuerte sobre Kansas City y los hinchas buscan sombra mientras se acercan al estadio. Pero apenas se atraviesan las puertas reservadas para la prensa, todo cambia. El aire acondicionado parece estar programado para otra estación del año. El frío es exagerado; tanto que varios periodistas trabajan con camperas mientras afuera la temperatura obliga a caminar con ropa liviana.

La inmensidad del lugar sorprende. Desde la entrada hasta los pupitres hay una caminata de casi 300 metros. Pasillos fastuosos, cuatro ascensores gigantescos, voluntarios indicando direcciones y un desfile permanente de personas con computadoras, cámaras y grandes mochilas. El Mundial es un espectáculo gigantesco y su cocina también.

A una hora del partido, el centro de prensa parece una terminal aérea. Hay movimiento constante. Nadie está quieto. Un periodista japonés habla por teléfono mientras un colega mexicano termina una salida para televisión. Más allá, un brasileño edita un video, un fotógrafo francés revisa imágenes en una computadora y un grupo de enviados argentinos aprovecha para intercambiar información. Se escuchan conversaciones en inglés, español, árabe, francés, portugués, italiano y algunos idiomas imposibles de identificar. El fútbol, ahí adentro, habla todos los idiomas.

La sala principal es enorme. Filas y filas de mesas con enchufes y conexiones para trabajar. Más de 300 personas ocupan los lugares cuando se acerca el comienzo del duelo y los teclados no paran. Tampoco los celulares. El sonido predominante es una mezcla de conversaciones, notificaciones y televisores encendidos que transmiten otro partido de esta Copa del Mundo. Porque, aunque todos esperan el mismo partido, cada uno juega el suyo. Hay que terminar una nota, editar un video, preparar una salida al aire o simplemente cumplir con un cierre que siempre parece llegar demasiado rápido.

Hay detalles que muestran hasta dónde llega la organización de FIFA. El sector de fotógrafos, por ejemplo, parece un laboratorio. Allí se descargan y se envían las imágenes apenas las capturan. Las estaciones están identificadas según las marcas de cámaras. Canon por un lado, Nikon por otro y Sony un poco más allá. En las pantallas se multiplican las fotografías de las formaciones, de las tribunas o de algún hincha disfrazado. Mientras el partido todavía no empezó, las primeras imágenes ya están viajando alrededor del mundo.

Unos metros más adelante aparece una pausa en medio del vértigo. Hay un espacio para comprar algo para comer y otro, mucho más concurrido, en donde el café es gratuito. Las mesas siempre tienen gente; algunos descansan, otros aprovechan para conversar y varios simplemente se quedan mirando alguna pantalla. Porque en el Mundial también se aprende a esperar.

A pocos pasos está la sala de conferencias. Es un escenario que antes ocupan los entrenadores un día antes de cada partido de esta Copa e inmediatamente después de finalizado el duelo en cuestión. Al fondo de esa sala, hay una tarima para las cámaras de televisión y un espacio reservado para los fotógrafos. Todo está diseñado para que nada interfiera con nada. El Mundial funciona como una maquinaria perfectamente aceitada.

Pero quizás lo más llamativo es que ni siquiera tener una acreditación de FIFA garantiza el acceso automático. Para ingresar a la zona mixta hay que pasar por una aplicación de la FIFA. El sistema exige solicitar el ingreso, hacer un check-in similar al de un aeropuerto y esperar la confirmación. Recién entonces llega un ticket al celular y en él figura el lugar asignado; también el pupitre desde donde se trabajará y el sector exacto de la zona mixta. No se puede improvisar ni buscar un mejor ángulo. Cada periodista tiene un espacio determinado y hasta el caos está cuidadosamente organizado.

Cuando faltan menos de una hora para el partido, el centro de prensa comienza a vaciarse lentamente. Los periodistas comienzan a abandonar las computadoras y emprenden una caminata hacia las cabinas o los pupitres ubicados frente al campo. Los fotógrafos cargan sus lentes enormes, los camarógrafos acomodan trípodes y los relatores revisan las formaciones una vez más.

De golpe, aquella ciudad que está a los pies del enorme Kansas City Stadium empieza a quedarse en silencio. Sólo permanece el zumbido constante del aire acondicionado y algunos rezagados que todavía escriben las últimas líneas.

Arriba, el estadio empieza a rugir; y abajo, en un rincón que jamás aparecerá por televisión, otro Mundial acaba de ponerse en marcha.

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