Resumen para apurados
- La Selección Argentina debutará contra Argelia en el Mundial 2026 en Kansas City, enfocada en evitar excesos de confianza tras la histórica lección ante Arabia Saudita en Qatar.
- En 2022, el equipo de Scaloni cayó ante los saudíes tras un invicto de 36 partidos, un antecedente que sirve como advertencia histórica de que no hay rivales menores en un debut.
- El encuentro medirá la madurez de la "Scaloneta" para revalidar su título, manteniendo la competitividad y el hambre de gloria intactos frente a las sorpresas del torneo.
Si algo aprendió Argentina en Qatar es que los partidos no se ganan antes de jugarse.
La frase parece una obviedad, sin embargo durante décadas el fútbol construyó cementerios enteros de favoritos que confundieron superioridad con victoria asegurada y terminaron pagando un precio demasiado alto; y justamente la “Scaloneta” lo comprobó en carne propia hace menos de cuatro años.
Aquella mañana del 22 de noviembre de 2022, en Lusail, parecía imposible imaginar un escenario distinto al triunfo argentino. El equipo de Lionel Scaloni acumulaba 36 partidos sin perder, llegaba como uno de los máximos candidatos al título y enfrente tenía a Arabia Saudita, un rival que, en teoría, debía servir apenas como punto de partida. Pero la realidad terminó siendo muy distinta.
Los saudíes sorprendieron al mundo, vencieron 2 a 1 y provocaron uno de los golpes más inesperados en la historia de los Mundiales.
Con el paso del tiempo, aquella derrota terminó convirtiéndose en una bendición disfrazada de bofetada. Obligó a Argentina a reaccionar, a corregir errores y a afrontar cada partido como una final. El recorrido posterior es conocido: México, Polonia, Australia, Países Bajos, Croacia y Francia. El resto es historia.
Sin embargo la enseñanza sigue vigente, y probablemente explique por qué dentro de la Selección nadie parece dispuesto a subestimar a Argelia pese a que la diferencia entre ambos equipos existe.
Argentina llega como campeona del mundo, cuenta con Lionel Messi, mantiene buena parte de la base que conquistó Qatar y aparece nuevamente entre los candidatos al título.
Argelia, en cambio, no figura entre las principales potencias del torneo; sin embargo, los Mundiales suelen ser escenarios poco amigables para las certezas absolutas y este torneo que acaba de comenzar ya lo demostró con algunos resultados que la lógica no puede explicar.
La historia está llena de ejemplos. En Italia 1990, la Argentina de Diego Maradona llegó como campeona defensora y debutó con una derrota frente a Camerún. En Corea-Japón 2002, Francia aterrizó como vigente campeona del mundo y de Europa y terminó eliminada en primera ronda sin convertir ni siquiera un solo gol. En Brasil 2014, España inició la defensa de su corona recibiendo un inolvidable 5 a 1 de Países Bajos y quedó afuera en fase de grupos.
Los nombres cambian, pero la enseñanza permanece porque en una Copa del Mundo nadie regala absolutamente nada. Por eso resulta difícil imaginar a Scaloni permitiendo cualquier relajación.
Una de las principales virtudes de su ciclo ha sido justamente la capacidad para evitar la autocomplacencia. Incluso después de ganar la Copa América, la Finalissima y el Mundial, el entrenador logró que el grupo mantuviera intacta su competitividad; y la explicación aparece en buena parte de sus referentes.
Messi sigue jugando como si todavía tuviera algo por demostrar; Rodrigo De Paul conserva la intensidad de siempre; Cristian Romero compite cada pelota como si fuera la última; Julián Álvarez corre, presiona y persigue rivales con el mismo entusiasmo de un juvenil que intenta ganarse un lugar; y los jóvenes que se fueron sumando tienen el hambre de gloria natural. Justamente, esa mentalidad terminó convirtiéndose en una marca registrada de la “Scaloneta” y será una de las herramientas más importantes para afrontar el estreno, sobre todo porque los debuts suelen esconder trampas difíciles de detectar.
Hay ansiedad, nervios, expectativas acumuladas y una presión que muchas veces se vuelve invisible para quienes observan desde afuera. A eso se suma la obligación de confirmar el favoritismo y demostrar desde el primer día por qué se llega con la etiqueta de candidato.
Argentina convivirá con todo eso cuando salte al campo de juego del Kansas City Stadium; y justamente por esa razón Argelia representa mucho más que el primer rival del calendario. Representará un examen de concentración y una prueba de carácter. También la necesidad (y obligación) de demostrar que las lecciones aprendidas en Qatar no quedaron archivadas junto a los festejos.
Sobre el papel, Argentina tiene argumentos suficientes para imponerse. Tiene mejores futbolistas, más experiencia internacional y un funcionamiento colectivo consolidado desde hace varios años. Pero los Mundiales rara vez se definen sobre el papel; por eso, antes de pensar en levantar otra copa, superar fases o repetir hazañas, la Selección deberá resolver el primer desafío. Uno que parece sencillo, pero que muchas veces resulta el más difícil de todos: no creer que el partido está ganado antes de jugarlo.







