La historia del mendocino que recorrió más de 13.000 kilómetros en motorhome para cumplir una promesa a su esposa fallecida

Salió desde Mendoza el 5 de mayo y pasó más de un mes recorriendo rutas de América hasta llegar a Kansas City.

Marcelo Torres cruzó el continente y pasó más de un mes arriba de su vehículo para cumplir el sueño que tenía su fallecida esposa.
Marcelo Torres cruzó el continente y pasó más de un mes arriba de su vehículo para cumplir el sueño que tenía su fallecida esposa. LA GACETA / BRUNO FARANO
Bruno Farano
Por Bruno Farano Hace 3 Hs

Resumen para apurados

  • El mendocino Marcelo Torres viajó más de 13.000 km en motorhome desde Mendoza hasta Kansas City en junio para cumplir una promesa de viaje hecha a su esposa fallecida.
  • Conduciendo solo, Torres partió el 5 de mayo de Mendoza y superó controles fronterizos y vandalismo durante un mes de viaje antes de reunirse con hinchas en Kansas City.
  • El trayecto de Torres continuará hacia Dallas y Miami siguiendo a la Selección argentina, consolidando un viaje de superación personal y homenaje a la memoria de su esposa.
Resumen generado con IA

Marcelo Torres baila como si estuviera en el patio de su casa. A su alrededor, decenas de argentinos cantan, saltan y golpean bombos improvisados. En un rincón flamean banderas, en otro salen empanadas y un poco más allá el humo de las parrillas remite inexorablemente a un rincón del “Jardín de la República”. La escena ocurre en Kansas City, a miles de kilómetros de Argentina, pero por momentos parece una tarde cualquiera en cualquier sitio de nuestra tierra.

Marcelo está en el centro de la escena. Sonríe y se abraza con desconocidos. Se suma a cada canción y habla con cualquiera que se le cruce. Tiene esa facilidad que poseen algunos para sentirse cómodos incluso entre personas que jamás en su vida vieron.

Por eso cuesta imaginar que hace apenas unas semanas estaba completamente solo, que para llegar hasta aquí haya recorrido miles de kilómetros a bordo de un motorhome o que detrás de esa sonrisa permanente se esconde una historia atravesada por el amor, la pérdida y la necesidad de cumplir una promesa.

La reunión se desarrolla en el estacionamiento de Los Hornos, el rincón más argentino y más tucumano de Kansas City. El local pertenece a Isolina De la Vega y a su esposo Darío Jerez Leavy, quienes impulsaron un banderazo que reunió a cientos de hinchas a escasos metros de la autopista I-29, la vía que conecta el centro de la ciudad con el aeropuerto.

Entre tantos argentinos llegados desde distintos rincones del mundo, Marcelo sobresale. No por la camiseta ni por los cánticos; incluso ni siquiera por el motorhome estacionado a unos metros.

Sobresale por la historia que carga encima. “Lo que hice es algo que era el sueño de mi esposa, que falleció hace un par de años”, dice, y la frase cambia por completo el clima de la charla con LA GACETA.

Por un instante aparece una mueca de tristeza, pero dura apenas unos segundos. Después vuelve la sonrisa, como si entendiera que el viaje que emprendió no admite nostalgias permanentes. “Es hermoso esto. Salí el 5 de mayo desde Mendoza. Pasé fronteras, sorteé controles, actos vandálicos y momentos difíciles. Anduve más de 13.000 kilómetros y llegué el 8 de junio. Más de un mes arriba del motorhome”, cuenta con la naturalidad de quien relata un viaje de unas pocas horas.

Pero la dimensión de la aventura aparece cuando enumera los países, los caminos interminables, las estaciones de servicio, las noches durmiendo dentro del vehículo y las incertidumbres propias de cualquier travesía de semejante magnitud. Y sobre todo porque Marcelo vino solo; no hubo copiloto, ni relevos. Tampoco compañía para compartir los cientos de kilómetros diarios de ruta.

Marcelo Torres en su motorhome. Marcelo Torres en su motorhome. LA GACETA / BRUNO FARANO

“Pasa que no es algo que cualquiera puede hacer. Hay que tener dinero y tiempo. Por ahí está el que tiene plata pero no tiempo, o el que tiene tiempo pero no plata”, explica el comerciante, dueño de un hotel alojamiento para parejas.

La reflexión parece sencilla, pero encierra una verdad incómoda. Los Mundiales suelen mostrar las historias de quienes llegan en avión, reservan hoteles y siguen a la Selección de una ciudad a otra. Pero Marcelo eligió otro camino; uno más largo, más incierto y más personal. Porque en realidad el destino nunca fue Kansas City y ni siquiera el Mundial en sí. El verdadero destino era cumplir ese sueño que había quedado pendiente.

Mientras los hinchas siguen cantando, él observa el movimiento con una felicidad difícil de disimular. Durante semanas recorrió carreteras prácticamente vacías y hoy, verse rodeado de personas de su misma nacionalidad le llena el alma.

Durante semanas estuvo solo y hoy comparte abrazos (vasos y botellas) con personas que conoció hace apenas unas horas. “Me hace bien estar acá, con gente que conocí hace unas horas. Esta es la vida y hay que vivirla a pleno”, lanza como un acto de fe.

A pocos metros, los argentinos vuelven a entonar una canción para la Selección y él se suma inmediatamente. Levanta los brazos, salta y vuelve a bailar; como si el cansancio acumulado de más de un mes de viaje jamás hubiera existido.

El recorrido, de todos modos, todavía no terminó.

Kansas City es apenas la primera parada, según él mismo admite. El plan es seguir a la Selección por cada rincón que sea necesario. “Voy a ir a Dallas para los próximos partidos y, si todo sale bien, después iré a Miami. Pienso que vamos a llegar lejos”, sentencia.

La ilusión suena tan genuina como la de cualquier hincha, pero en su caso parece tener un peso diferente. Hay viajes que se hacen para ver fútbol o conocer lugares, y otros para encontrarse con algo más profundo.

Cuando el banderazo empieza a apagarse y la tarde cae sobre Kansas City, Marcelo sigue conversando con personas que hace un rato eran completos desconocidos. El motorhome permanece estacionado, listo para volver a arrancar y para sumar kilómetros.

Sí; listo para seguir persiguiendo a la Selección, y también para seguir persiguiendo ese sueño que nació hace años, en Mendoza, junto a una mujer que ya no está, pero que de alguna manera continúa viajando con él por cada ruta, por cada frontera y por cada estadio.

AGENCIA ALAS TURISMO El equipo periodístico de LA GACETA viaja seguro por la ruta mundialista gracias a Alas Turismo. Planifica tu próximo viaje con Franco Ponce y el equipo de expertos.
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