Las estancias: el lugar donde el viento toca el alma

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“Alza los brazos para que el viento toque tu alma”, dice una canción que compuso mi hijo Diego. Se refiere a las sensaciones que se perciben en la Piedra Casa desde la cumbre de la montaña que -cruzando el río Del Campo- se encuentra frente a El Alamito. Igual que en cualquier cumbre de los cientos de cerros que rodean al valle de Las Estancias. Desde allí, abriendo los brazos frente a la inmensidad del paisaje, aprendimos a volar. Como si fuera un parapente, alzándonos en puntas de pie sobre la piedra, sostenidos por la mano del silencio, percibiendo muy nítida la existencia del alma. Nuestro verdadero yo frente a la Creación, embriagados de amor por esa tierra que visitamos desde niños. Allí donde siempre venimos a desprendernos de los sinsabores de la vida y a respirar una bocanada de aire puro, de esperanza para enfrentar lo que vendrá. El acto de respirar deja de ser allí una banalidad, porque el viento es un manantial interminable que trae oxígeno puro, que limpia y huele a naturaleza. En los pueblos del lugar, sus habitantes sencillos, alegres, sonrientes, nos hacen reflexionar sobre nuestra forma de vida. A la casa de mis padres la bautizamos con el único nombre posible: el encuentro”. Fotografías y texto de Oscar Ferronato, prosecretario de Fotografía.

14 Ene 2009
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