A dos días del traspaso: el kirchnerismo y el macrismo miran hacia dentro - LA GACETA Tucumán

A dos días del traspaso: el kirchnerismo y el macrismo miran hacia dentro

Tres politólogos consultados por este diario prevén que la economía no será el único trabajo que afronte Alberto Fernández en sus primeros 100 días: su relación con Cristina Kirchner también lo desafiará. ¿Quién será el líder de la oposición?

08 Dic 2019 Por Hernán Miranda
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PUJA INTERNA. Una de las claves de la gestión será la relación del binomio.

“En un país de corte presidencialista como el nuestro -llama la atención Patricio Adorno, profesor de Teoría Política de la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (Unsta)- la lapicera no puede tener más que un dueño. Eso está claro, pero aún nos queda una pregunta por responder: y la tinta ¿de quién es?”. Esta es una manera de plantear una de las incógnitas que desvela a más de un politólogo. Porque Luciana Ahumada Tarulli, docente de Filosofía Política de la Unsta, la aborda en otros términos. “El principal adversario del nuevo Gobierno -pronostica- no será la oposición sino la interna que surgirá entre quienes responden a Cristina Kirchner y quienes se sienten más cómodos con Alberto Fernández como conductor”.

Entretanto, Lorena Sarverry, profesora de Política y Comunicación de la Unsta, pone la cuestión en imágenes: “muchos nos preguntamos por qué la candidata a vice proclamó la formula antes de que el propio candidato a presidente lo hiciera. O por qué es siempre Alberto el que va a visitarla para consensuar temas cruciales, como el armado del Gabinete. O por qué el traspaso del mando presidencial el 10 de diciembre se hará en el Congreso de la Nación, como manda el artículo 93 de la Constitución, y no en el Salón Blanco de la Casa Rosada, como lo indica el Reglamento de Ceremonial de la Presidencia”.

Adversarios de sí mismos

Para Ahumada Tarulli, si bien la última elección cerró el primer capítulo de la disputa entre el macrismo y el peronismo, también abrió un nuevo episodio: el de la puja por el liderazgo en la interna peronista. “El triunfo de Fernández en octubre volvió a darle fuerza al repetido axioma de que es muy difícil ganarle al peronismo unido -destaca-. Pero poco después las primeras jugadas de la nueva lucha quedaron en evidencia durante la configuración del nuevo Gabinete, que, en palabras del presidente electo, manifiesta la unidad y la diversidad del Frente de Todos. Apareció así la gran incertidumbre futura: ¿el peronismo que gobernará es el mismo que gobernó durante el kirchnerismo o se configurará como una nueva versión de matices moderados?”.

De manera parecida, Sarverry observa que los Fernández son los grandes triunfadores de una política de alianzas con amplios sectores de la sociedad: “algunos más ortodoxos y otros más flexibles o volátiles; algunos con roles protagónicos y otros partícipes residuales. Aunque el sentido de unidad, impuesto o consensuado, por ahora se mantiene, lo cierto es que la epopeya, tal y como se vislumbra, será una puja de poder entre los líderes del Frente de Todos. Los dos tendrán poder real en el Ejecutivo y el Legislativo y los dos cuentan con alineamientos rígidos”.

Paz imposible

El filósofo francés Raymond Aron, uno de los más agudos observadores de la Guerra Fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética, estimaba que si bien la paz entre las dos superpotencias era imposible, la guerra era improbable. Ya en una fecha tan temprana como 1947 Aron pronosticó que ellas evitarían el enfrentamiento directo y lucharían por la hegemonía en los países del Tercer Mundo.

Sarverry trae a colación esta cita de Aron (“una paz imposible, pero una guerra improbable”) para interpretar la relación entre el presidente y la vicepresidente electos. “Ambos generales -ilustra- necesitan mantener el orden en sus respectivas tropas. Como una guerra interna podría dar lugar al resurgimiento del macrismo, será importante para ellos mantenerse unidos, aun con fisuras”.

El ¿macrismo? en el llano

Por otra parte, Adorno considera que el mayor desafío de la nueva oposición ocurrirá en el Congreso de la Nación: “aunque haya obtenido el 40 % de los votos en los últimos comicios presidenciales, Juntos por el Cambio deberá idear medios para resolver las diferencias internas que ya habían aflorado en la alianza después de las elecciones de medio término de 2017. Los radicales, que quedaron relegados de los puestos centrales del Gobierno en los últimos cuatro años, buscarán ocupar los roles protagónicos de la oposición parlamentaria”.

También Ahumada Tarulli cree que el escenario de divisiones hacia dentro no será exclusivo del Frente de Todos: según ella, en la coalición de Juntos por el Cambio el debate girará en torno de a quién le corresponde liderar la oposición: Mauricio Macri, Horacio Rodríguez Larreta, María Eugenia Vidal y Alfredo Cornejo ya se han subido a este escenario.

“Si hay algo que comparten tanto el futuro Gobierno como la futura oposición -subraya Ahumada Tarulli-, es que el primer desafío que deberán enfrentar será triunfar dentro de sus espacios: ante todo tendrán que ser capaces de legitimar su liderazgo interno. Recién entonces podrán trabajar en la construcción de poder hacia afuera”. ¿Kirchneristas? y ¿macristas? primero deberán dejar de ser adversarios de sí mismos.

La cuestión de la deuda

La coyuntura económica con la que asumirá Fernández no le otorgará ningún descanso

Adorno advierte de que, más allá de la interna peronista, el estreno presidencial de Alberto Fernández asistirá a inevitables decisiones sobre la deuda argentina: cumplidas sus primeras 48 horas a cargo del Poder Ejecutivo de la Nación, el nuevo presidente deberá afrontar los pagos de U$S 174 millones y $ 15.752 millones.

“Será el primer desafío -confirma Adorno- y también el primer indicio sobre la actitud con la que el Gobierno peronista encarará los próximos vencimientos. Fernández asumirá en un contexto económico sumamente difícil por la escasez de reservas y la necesidad de reestructurar la deuda de corto plazo”.

Las urgencias del día a día

El ministerio de Desarrollo Social afrontará un problema que se niega a desaparecer

Durante todo el proceso de transición, uno de los pocos “ministeriables” con su puesto definido fue Daniel Arroyo, que estará a cargo de la cartera de Desarrollo Social. Adorno cree que es probable que el nuevo Gobierno asuma con una batería de medidas para reducir los índices de pobreza e indigenica: “es probable una fuerte apuesta al plano social, el presidente electo ha planteado sus primeras intervenciones públicas en ese marco”.

Por su parte, Sarverry se muestra expectante: “espero que, más allá del folclore cotidiano de la política, se cumplan las promesas de campaña, la economía se reactive y podamos salir de la crisis lo más pronto posible”.

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