La paternidad puede ser una pesadilla

04 May 2019 Por Guillermo Monti
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EL HIJO | SUSPENSO/DRAMA - PM16 - 92’

MUY BUENA

Origen: Argentina, 2019. Dirección: Sebastián Schindel. Con: Joaquín Furriel, Martina Gusman, Luciano Cáceres, Heidi Toini, Regina Lamm. Guión: Leonel D’Agostino. Fotografía: Guillermo Nieto. Música: Iván Wyszogrod.

Perturbado vive Lorenzo, el padre empujado al borde de la locura cuando lo alejan de su hijo recién nacido; y perturbado queda el espectador al cabo de este thriller que navega entre el drama familiar y los trazos de terror psicológico. “Una madre protectora” se titula el cuento -más bien una nouvelle- de Guillermo Martínez que adaptó con acierto el guionista Leonel D’Agostino. Esa madre es Sigrid (Heidi Toni), joven esposa de Lorenzo (Joaquín Furriel) cuyo comportamiento viaja de lo excéntrico a lo peligroso mientras su marido queda envuelto en una telaraña de la que no puede escapar.

Sebastián Schindel vuelve a trabajar con Furriel, tras la exitosa experiencia de “El patrón: radiografía de un crimen”. La dupla funciona a pleno, porque Schindel encontró el tono justo para contar el calvario que atraviesa el protagonista. Lorenzo es un artista decidido a dejar atrás un pasado traumático y el proyecto de ser padre junto a Sigrid parece el camino perfecto. Ella convoca desde su Escandinavia natal a una partera que la asistirá a domicilio. Encapsuladas en su idioma y en sus costumbres, ambas edifican un entorno asfixiante, ni siquiera permiten que al bebé lo vea un pediatra, y está claro que expulsar a Lorenzo de ese entorno es cuestión de tiempo.

Schindel se apropia de buena parte de la imaginería que conforma la obra de Martínez. Desde el laboratorio en el que trabaja Sigrid hasta los moluscos que pinta Lorenzo, el director va delineando un particular universo visual, tan subyugante como los climas sonoros: por momento la música estalla en los oídos, por momentos todo es silencio.

Martina Gusman interpreta a Julieta, la amiga capaz de aportarle a Lorenzo un doble cable a tierra: el legal y el anímico. Schindel va enhebrando la trama en un doble juego temporal, el antes y el durante del angustioso devenir de Lorenzo. Hay una puesta audaz en lo concerniente a la violencia familiar: aquí la víctima no es, precisamente, la mujer, aunque los roles entre víctima y victimario se desdibujan en buena parte del relato. “El hijo” propone varios planos de lectura y ese es otro de sus notorios aciertos.

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