Cuando Netflix convierte a Senna en inmortal

El miércoles se cumplen 25 años del fallecimiento del piloto brasileño.

29 Abr 2019
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SENSACIONES. El documental instala un nudo en la garganta del espectador.

Por Sebastián Fest

Pasaron 25 años, pero él sigue vivo en Netflix. Sumergirse en los 105 minutos de “Senna”, ese documental multipremiado, es una aventura asombrosa. ¿Quién era Ayrton Senna da Silva? Ahí están todas las explicaciones, ahí aparecen todos los protagonistas de una de las más fascinantes carreras deportivas que se recuerden, una carrera que se terminó el 1 de mayo de 1994 contra un muro en el circuito de Imola, en San Marino. En ese documental está también Viviane Senna, hermana y madre de piloto. Sufrió la carrera y la muerte de Ayrton a los 34 años, sufre el hecho de que su hijo, Bruno, también sea adicto al asfalto y la velocidad.

“La Fórmula 1 es primero un negocio y después un deporte”, dijo Viviane años atrás durante una larga charla en San Pablo con el autor de esta columna. Y nada cambió en ese sentido, aunque en otro aspecto la categoría mejoró una enormidad: en los 25 años transcurridos entre 1969 y 1994 murieron 17 pilotos, incluyendo a Senna y al austríaco Roland Ratzenberger en aquel malhadado Gran Premio de San Marino. Tras la tragedia de Senna, sólo el joven francés Jules Bianchi encontró la muerte en un fin de semana de Fórmula 1. Está claro que el salto en cuanto a seguridad fue enorme. Lo explica la propia Vivianne: “Eso fue muy positivo. Ya no hay accidentes, y cuando hay un accidente grave no hay muerte. Es increíble el avance que hubo en ese sentido”.

“Senna” es un documental que instala un nudo en la garganta del espectador desde el primer instante, porque el protagonista está ahí, enormemente vital y carismático. Todos saben cómo terminará la historia, pero hay una suerte de negación a que así sea. Las imágenes inéditas que cedieron la TV Globo y la familia son tan extraordinarias, tan cercanas y reveladoras, que no extraña que documental, dirigido por el británico Asif Kapadi, haya sido premiado también en la categoría montaje. La edición es exquisita, sensible e inteligente. Viendo Senna se entiende mucho mejor ese otro nudo en la garganta, el que Viviane tiene tantos años después.

- ¿Hubo un culpable concreto de lo sucedido en Imola o fue simple fatalidad?

- Creo que hay un conjunto de factores que lo llevaron a la muerte. Primero, el cambio de reglamento que hubo de un año a otro. Había coches construidos con un proyecto de suspensión activa, electrónica, y esto fue retirado de un año para el otro. Y el mismo coche que era excelente un año, como el Williams, al siguiente se convirtió en inmanejable. Ayrton no lograba conducir el coche, porque sacaron todas las partes electrónicas que formaban parte del proyecto. El desempeño aerodinámico era diferente. No hubo tiempo para adaptarse apropiadamente. También estaba el problema de esa curva, en la que varias veces había habido accidentes serios. El asfalto de la pista estaba más alto que la banquina, y por eso el coche salió volando y chocó frontalmente, que es el peor choque que hay. También estuvo el problema de la barra de dirección soldada, un arreglo que fue mal hecho.

- Múltiples errores, entonces...

- Una suma de errores de gestión, de reglamento, de seguridad, de toma de decisiones de la Fórmula 1 en sí y de los equipos. Totalmente insanas, totalmente erradas. Ya había habido un accidente mortal en ese fin de semana. Los pilotos estaban moviéndose, Ayrton era uno de los pilotos que demandaban más seguridad, y ese tema no era tomado seriamente en cuenta. Fue necesario que se muriera Ayrton, que se muriera el día anterior Ratzenberger, para que se tomaran las medidas que deberían haber sido tomadas antes.

- Pero la investigación se cerró sin encontrar culpables.

- Todos son culpables, todos tuvieron su participación. De haber habido condiciones apropiadas, un elemento sólo no habría llevado a este desenlace. Si la barra de dirección no tenía aquel problema, los otros factores no hubieran tenido el impacto que tuvieron. Todos, todos son culpables de esa muerte.

La aparición de “Senna” en 2010 sacudió a la Fórmula 1. Lo que revelaron las imágenes fue un mundo impiadoso, dirigido por un ególatra como el francés Jean Marie Balestre. Nadie diría que el ego de Bernie Ecclestone es menor al del fallecido francés, pero el británico es más inteligente y supo cómo convertir la categoría en algo mucho más atractivo y, sobre todo, mucho más seguro. Que él ya no esté al mano quizás explique el poco recomendable subtítulo que los jefes de la categoría eligieron para la serie que lanzaron en Netflix: “Fórmula 1: manejar para sobrevivir”.

El nudo en la garganta le da tregua a Viviane, que habla de su hermano con un cariño y una admiración que da ganas de haberlos visto juntos de jóvenes. Su consuelo, mínimo, es la dimensión que le dio a la Fundación Ayrton Senna, en la que llegó a contar incluso con la colaboración del francés Alain Prost -el gran rival de su hermano-, y a la que no pocos ven como un Ministerio de Educación paralelo en Brasil.

- Si le preguntan quién era Ayrton Senna, ¿qué diría?

- Más que ganar tres campeonatos, más que ser campeón y reconocido como piloto especial en todo el mundo, creo que lo que la gente admira en él son los valores, las posturas, las actitudes que tenía y que son la razón de esas victorias. Cosas como tener garra, determinación, no desistir, tener persistencia, dar lo mejor de vos, dar un 300 por ciento en todo lo que hacés, buscar la perfección, esforzarse mucho. Ayrton se quedaba en la pista por más tiempo que cualquier otro piloto, caminaba por toda la pista para conocer cada curva, tenía un alto nivel de esfuerzo y de dedicación, no desistía ante ningún desafío o dificultad. La gente admira no sólo al piloto campeón, la gente admira ese conjunto de valores, al hombre que está atrás del piloto.

- Pero Senna era en cierta forma misterioso, el hombre detrás del piloto siempre estuvo algo oculto.

- La película documental que hicimos habla un poco de los entretelones de la Fórmula 1, de Ayrton no sólo en la pista, sino de desafíos que enfrentó que fueron quizás mayores que los de la pista. El desafío político, todos esos entretelones de la Fórmula 1 extremadamente perversos, muy, muy inhumanos, en los que el dinero y el poder mandan más que el deporte. Así sigue siendo hoy. Hoy es incluso peor.

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