La inseguridad en el GPS

12 Ago 2017

El GPS del auto parece replicar los reclamos que hace la gente en diferentes lugares: “cuidado, estás entrando en zona peligrosa”. “Esta zona es igual de insegura que cualquier otro punto de la ciudad. Nadie se salva de los motochorros. Circulan por la avenida buscando víctimas. Acá no se puede salir con carteras”, dice en LA GACETA del jueves María del Carmen Castillo, de Roca y Entre Ríos. “Bajo del colectivo en lugares con mucha gente. Está tremendo acá”, dijo en el diario de ayer Nilda Ledesma, de Las Talitas. “La inseguridad es una constante en todas partes; ayer a la tarde asaltaron a un chofer en villa Alem y esta mañana en Barrio Smata”, expuso Jorge Carrizo, chofer de la línea 101. Una lectura somera por los diarios recoge otros comentarios tipo GPS: “Sufrimos robos permanentemente. No podemos salir con carteras. Tenemos que hacer toda una logística para poder vivir”, dijo Cristina, de Yerba Buena, el 16 de mayo, en una protesta vecinal frente a la comisaría, en la que reclamaron más policías y hasta que lleguen fuerzas federales. “Cuidado, estás entrando en zona peligrosa”, les dice el GPS.

Pero hay que hacer la prueba y el aparato sonará cada vez más y hasta en lugares inesperados: esta semana hubo dos asaltos en el parque 9 de Julio (a un motociclista le quitaron la moto a culatazos y a un hombre que le enseñaba a manejar a su esposa le quitaron los celulares). Los asaltantes fueron atrapados -el parque tiene un destacamento y bicipolicías que patrullan- pero nada asegura que el GPS deje de advertir que es zona peligrosa.

No es que la Policía no haga nada: “no vamos a bajar los brazos, seguiremos vigilando las zonas más peligrosas de la provincia. En lo que va del año, la dirección de Prevención ya detuvo a más de 3.200 personas que estaban por cometer delitos”, dijo el jefe de la fuerza, comisario Dante Bustamante, al responder al reclamo de los choferes de colectivos por los asaltos que sufren en la zona de Las Talitas. La respuesta, sin embargo, no asegura nada ni demuestra que lo que se ha hecho -y se hace- sea positivo.

Emergencia sin alarma

El GPS arde por todas partes, justificando que hace un año se haya declarado la emergencia en seguridad en Tucumán, sin que ahora haya explicaciones para lo que pasa: con el homicidio de ayer (un joven mató a otro “jugando” con una pistola 11.25 en el barrio Echeverría) suman 75 homicidios (publicados) en lo que va del año en la provincia, con lo cual debería estar encendida la alarma.

Pero los funcionarios están quietos. Tras unos meses de debates la comisión interpoderes de emergencia en seguridad se quedó silenciosa en marzo. Luego llegaron los informes nacionales dando cuenta de una supuesta baja de cifras de delito para 2016, pese a que se reconoció que los datos de ese año eran precarios y en muchos casos poco confiables. Pero el secretario de Seguridad, Paul Hofer, proclamó el descenso de cifras de homicidios (puso énfasis en los homcidios en ocasión de robo) y se aferró al engañoso informe nacional para marcar las cifras como un éxito del Plan Integral de Seguridad en la provincia, que nunca fue dado a conocer. Esas cifras nacionales son tomadas de los informes policiales, que en Tucumán están plagados de discrecionalidad y se realizan sin controles. Por ello es que no sirven para saber qué pasa.

En realidad, la Policía entera está volcada al 911, que es un sistema reactivo que responde a denuncias telefónicas o ante hechos consumados. A veces tiene éxitos -como el caso de la niña que denunció que estaban asaltando a su familia hace dos semanas en Suipacha al 1.100- o los casos de detenciones que cuentan los mismos comisarios a la prensa, pero lo cierto es que nadie sabe dónde puede estar seguro. El GPS atormenta. Por lo general, en todas partes la prevención depende “del patrullaje aleatorio y de la intuición del agente en el territorio”, como señala en Santa Fe el comisario Raúl Cabrera, que ahora integra ahí un sistema que pretende prevenir el delito mediante un análisis de datos. El sistema se llama “El ojo” y en él invirtió 100 millones de pesos el gobierno de la provincia con más violencia del país, según cuenta “La política online”.

¿Qué datos podríamos analizar en Tucumán? El olfato policial no ha servido mucho, excepto para ver cómo se incrementó la violencia y cómo se busca resolverla con operativos que pacifican zonas por un día.

Historias repetidas

El caso de los colectivos de Las Talitas es un ejemplo. El jueves dejaron de circular en protesta por los asaltos, aunque ya contaban con el sistema de botón antipánico presentado como la solución. “Pero hay un tiempo desde que se acciona hasta que llega la Policía y hasta eso los delincuentes se escapan”, dijo César González, de UTA. Entonces el sistema no funciona, aunque elogien su supuesta perfección. Ahora la Municipalidad de Las Talitas pagará servicios adicionales de policías para que viajen en los ómnibus.

Pero estas soluciones ya se ensayaron. Los problemas son crónicos. El 15/7/06 se publicó que al colectivero Sergio Chazarreta de la línea 1 le habían amputado a machetazos un dedo en Villa Urquiza. “Conocemos delincuentes que nos esperan todos los días para asaltarnos: la policía los arresta pero la Justicia los libera”, decía. Igual que hoy. En otro caso del 21/5/06, ocurrido en San Ramón, el entonces comisario de la seccional 10, Ramón Delgado, decía: “el problema es que el 80% de los asaltos es cometido por menores con problemas de adicción”. Tal como dicen ahora. El 25/2/07 un título señalaba: “Colectiveros viven atemorizados por los asaltos”. Era en el barrio San Ramón, entrada a Las Talitas.

Ha pasado una década y los datos muestran que las respuestas fueron ineficaces. ¿Cómo hacer para que el GPS deje de advertir? El experto Rodrigo Serrano-Berthet, consultor del BID, dice que cinco razones impiden en Latinoamérica dominar la inseguridad: 1) “Las policías están muy ocupadas atendiendo a la emergencia, que consume gran parte de sus recursos. 2) Muchas policías no pueden o no saben hacer el tipo de análisis del delito que se necesita en programas policiales de puntos calientes”. 3) “Hay resistencias naturales al cambio. El comisario que hace 30 años patrulla su ciudad tiene una fuerte intuición sobre donde se concentra el delito. Y seguramente no se equivoque en grandes rasgos. Sin embargo, esto es insuficiente cuando se trata gestionar la seguridad de manera efectiva”. 4) “Existe la creencia (incorrecta) que estas intervenciones no sirven porque solo desplazan el delito. Si pongo un policía en una esquina el ladrón va a ir a robar a la otra esquina donde no está el policía. La verdad es que esto no es tan así. No todas las esquinas son igual de atractivas para un ladrón”. 5) “En algunos lugares la resistencia puede deberse a la presencia de incentivos antagónicos asociados a la corrupción. Cuando el despliegue policial se hace en función de datos duros y análisis objetivos, la discrecionalidad se reduce y la transparencia aumenta”. Esto se relata en el blog “Sin miedos”, citado en el observatorio de seguridad de la Facultad de Derecho.

El BID, para el que trabaja Serrano-Berthet, está financiando programas de seguridad. El mismo secretario Hofer dice que su programa ha sido aprobado por el BID. Pero parece que no tiene los mismos parámetros.

Como con los colectivos de Las Talitas, se podría hacer un rastreo de lo que pasa en los viejos lugares de las zonas rojas tucumanas para ver que los mismos fenómenos y hasta las mismas figuras se repiten. La droga es mencionada en casi todos los episodios de violencia por policías, fiscales y vecinos. En Villa 9 de Julio arden los escándalos violentos. Y se menciona a las familias Toro y Carrión, las mismas que en 2006. Lo que no se responde es si la droga trajo la violencia o la violencia responde a factores diferentes, anteriores a la irrupción de los narcos. En todo caso, los gigantescos operativos con decomisos inéditos de estupefacientes no han servido para reducir la violencia ni los homicidios. Al contrario.

Todos estamos en un espiral de violencia que no se puede explicar. Podrá haber muchas detenciones y podrá haber elogiosas y heroicas acciones de policías -como los que se menciona en la página 13- pero la situación que hace 10 años asustaba en las zonas rojas y a la periferia se va extendiendo. Y el GPS no deja de advertirlo.

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