A un siglo de la primera colación de grado

21 Mar 2017 130

MANUEL RIVA                                                                                                                           LA GACETA

Los largos años de esfuerzo que llevaron a la creación de la Universidad de Tucumán se coronaron con su inauguración el 25 de mayo de 1914. Días antes, el 11 del mismo mes, comenzó el dictado de las primeras materias en la Escuela Superior de Química y Agricultura (con la concurrencia de casi el total de sus alumnos con las clases de bacteriología y física anunciaba nuestro diario). Además se anticipaba que el 12 daba comienzo el dictado de matemáticas y zoología agrícola en la Estación Experimental. Esta última había sido creada en 1909 a instancias del industrial Alfredo Guzmán. El sueño de Juan B. Terán y sus amigos Alberto Rougés, Ernesto Padilla, Miguel Lillo, Juan Heller y José Ignacio Aráoz, todos miembros de la Generación del Centenario, comenzaba a desandar su largo camino. El esfuerzo de años comenzaba a concretarse y estudiantes tucumanos llegaban a los claustros universitarios en la misma provincia que los vio nacer. Las clases se dictaban en la Escuela Sarmiento, en el Instituto de Bacteriología de la Provincia y en la Experimental. 


La casa de altos estudios siguió con sus tímidos pasos bajo la estricta y vigilante mirada de Terán. Se sucedían los períodos lectivos. Había ya pasado 1916 y el Centenario. Llegaba marzo de 1917 y precisamente el 15 se llevó a cabo la primera colación de grado de la universidad tucumana. Muchos de aquellos ingresantes de 1914 llegaron a coronar sus esfuerzos y obtuvieron su título superior.

La idea de Terán se iba arraigando y este acto, que se realizó en el salón Blanco de la Casa de Gobierno, era un paso más en el largo camino de nuestra universidad.

Palabras de Terán

Terán tomó la palabra tras el discurso del gobernador Ernesto Padilla y señaló: “nos hemos reunido para despedir a los primeros egresados de la Universidad y al mismo tiempo inauguramos los cursos de 1917”. En su extenso discurso el fundador destacó los logros pedagógicos obtenidos y “poniendo en evidencia procedimientos nuevos para llegar a la consecución del ideal de la Universidad: educar al pueblo”. En sus palabras destacó: “está recorrido el ciclo más breve de nuestro plan, los primeros tres años de la facultad de matemáticas y el desarrollo de los cursos de farmacia. La Escuela Pedagógica diploma las primeras maestras que han estudiado su programa de enseñanza normal y vocacional en cuatro años. No está completo pues todavía el cuadro de nuestra enseñanza fundamental -ingeniería agrícola y química-, pero son los primeros frutos y la aparición de los frutos invita siempre a detenerse delante de los árboles. Los trabajo de la enseñanza predisponen, en verdad, para el tono, a tiempo, severo y enternecido puesto que recaen sobre la sustancia rica e íntima que es el alma de los niños y de los jóvenes”, manifestó el futuro miembro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación.

Del gobernador

Por su parte el gobernador Padilla valorizó el esfuerzo de los estudiantes para alcanzar su título y cuyos conocimientos aporten en beneficio de la provincia señaló que “va a dar esta casa elementos de innegables ventajas para estas regiones del país”. Y cerró sus palabras: “al reiterarles los más gratos augurios, una vez que han llegado a dominar la tarea que aspiraban, como gobernador y ciudadano, que ha seguido y apreciado el desenvolvimiento de la obra universitaria, me es honroso hacer un acto público de reconocimiento, con el homenaje que presento a los que, desde su dirección y desde sus cátedras la han prestigiado como una relevancia de cultura que sirve y honra a la causa intelectual de la Nación”.

Tras el discurso del gobernador se procedió a la entrega de los diplomas a los flamantes profesionales. Cada uno de ellos recibió su título de manos del primer mandatario.

Las egresadas de la Escuela Pedagógica Sarmiento como maestras normales fueron Josefina Leonor Ávila, Carmen Brizuela, María Cobos, Zoila Gutiérrez, Dolores López, Angélica Mora, Elvira Peralta, Julia Palacio, Rosario Rodríguez, Argentina Riso, Teresa Suppa, Emma Salazar, Blanca Rosa Soria, Lastenia Visuara, Emilia Bravo, María Luisa Raralo, María Barrenechea, María Eugenia Castro, Juana Fernández, Amalia Infante, Rosa Lahorgue, Rosa López, Elvira Montenegro, María Luisa Paz, María Ángela Paz, Micela Palmieri y Carmen Romero.

Los estudiantes de la Facultad de Ciencias Matemáticas que obtuvieron su título de ingenieros agrimensores fueron Javier Argañaraz, Dardo Escalante, Francisco Arroyo, Horacio Pérez y Ramón Taboada.

Los alumnos de la Escuela de Farmacia que se recibieron de farmacéuticos fueron Ofelia Victoria de Cobos, Lucía B. de Godoy, Matilde Sánchez, Rosa Bustos, Carlos Orfée, Marcos Urrutia, Justo Tejerizo, José Raquel Valdez y Roberto Ruiz.

En la Facultad de Agricultura se recibieron como Maestros de Agricultura: Sara Duberti, Manuel Acobettro, Agustín Marcial y N. Solá González.

Hablan los egresados

En nombre de los egresados habló la flamante maestra Teresa Suppa, quien expresó: “nuestros corazones están embargados no sé si de alegría o de tristeza, y me parece imposible que mi palabra áspera y fría pueda satisfacerme en el deseo que tengo que demostrar a vosotros (por el rector Terán, el gobernador Padilla y todos los profesores), cuan sinceramente agradecida estoy de lo que acabáis de hacer por mí y mis compañeras”.

“Aunque me veáis así tan entusiastamente, tan resuelta a ejercer el Magisterio, siento grandemente dejar el aula, nuestra vieja casa, donde tan bien organizada estaba la familia. ¡Y pensar que ahora todos los miembros serán dispersos y que cada hermana tomará un rumbo distinto¡”, continuó.

Agregó: “es un deseo el que me lleva a mí adelante; el de tomar esos tiernos corazoncitos cual si tomara un pedazo de terreno; prepararlo; cultivar, regar conforme a las necesidades de cada uno, para sembrar luego con seguridad de obtener un feliz éxito, y, más tarde gozar de ello, porque fue una obra de mis manos”. La joven educadora reconoció la figura de Terán al expresar: “a esta meta llegamos también deseando complacer, siquiera en parte las aspiraciones de nuestro Rector, que no perdía oportunidad de darnos ejemplos dignos de numerosos imitadores. Es él nuestro excelente padre, el que nos hace ver que con la vocación y el esfuerzo se puede llegar muy alto y muy lejos; y así nos convence; no con palabras sino con hechos”.

La recién recibida docente reconoció que la instrucción debe ir de la mano de una buena condición física al expresar: “¿de qué serviría al Estado enseñar a leer y a escribir a niños cuya vida precaria no les permite retribuir a la patria los beneficios de la instrucción? Sí; no me cabe duda; lo primero es formar el cuerpo que alimenta al espíritu”. “Estas son mis aspiraciones y estoy segura de que también lo son vuestras, queridas compañeras, y no dudo que si las circunstancias os son adversas no desmayaréis sino que venceréis con paciencia y resignación; y si solas no podéis vencer las dificultades, tened la confianza de que vuestras compañeras de hoy y vuestros superiores seremos los amigos del mañana…” resaltó la madre del arquitecto de fama mundial César Pelli.

El acto, que encabezaron el gobernador Padilla, junto con sus ministros, el rector Terán y demás funcionarios provinciales y judiciales, dio comienzo con el Himno Nacional, a cargo de la Banda Provincial de Música. Tras la entrega de los diplomas, la Banda, bajo la batuta del maestros italiano José Ruta, ejecutó la marcha de “Tanhauser”, de Richard Wagner. El cierre del acto fue con la jota del concierto “Navarra”, del español Pablo Sarasate.

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