ENTREVISTA

El Chaqueño Palavecino trae a Don Ata

El Teatro Mercedes Sosa tomará aire festivalero con la presentación de “De criollo a criollo”, el disco en homenaje a Atahualpa Yupanqui.
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ANDANDO LOS CAMINOS. “Agradezco a Dios por la salud y por llegar a la gente, el lugar que me ha dado”, afirma el Chaqueño Palavecino.

HOY
• A las 22, en el Teatro Mercedes Sosa
(San Martín 479).

La distancia que establece el teléfono para la charla periodística se lamenta no bien empieza la comunicación con el Chaqueño Palavecino. Se lamenta por la falta de pava y mate (y por respeto a la hora, la siesta), porque no habla el artista distante, que convoca a miles desde las alturas inalcanzables de los escenarios, sino el tipo chistoso, transparente y cercano que uno se imagina.

Esta noche el Chaqueño cambiará de monta: pasará del escenario abierto al Teatro Mercedes Sosa. Quiere mostrar, como ya lo hizo con Horacio Guarany, su homenaje a Atahualpa Yupanqui; tal el nombre de su disco, “De criollo a criollo”.

“Los dos han hecho muchísimo por el folclore. En este caso empecé con dos o tres temas y decidí grabar el disco entero. Ahí nos dimos con que tiene muchísimos temas que le ha hecho a Tucumán. En realidad yo quería ver la forma de hacer un video que quedó truncado, hacerlo en Tafí del Valle, mostrar el paisaje, pero no pudo concretar todavía. Es un disco bien hecho con un arreglador que es un gran músico de Simoca, Manu Sija”, afirma.

- ¿Cómo te has llevado con él?

- Bien, bien. Es un gran talento, pero hay que frenarlo, de buena manera; si no me iba a hacer parecer otra cosa. Tiene mucha capacidad y los arreglos son muy buenos.

- Además de Sija en arreglos y producción tu banda está poblada de tucumanos, empezando por Juan Manuel Alzogaray, el bandoneonista...

- Sí, y hay otros. El viejo es Alzogaray. Está Freddy Vallejo, de Alberdi, que hace escenario, técnica... Cuando hay que cobrar lo mandamos a cobrar; si hay que bailar, lo mandamos a bailar; si hay que pelear, lo mandamos a que discuta él, como buen tucumano. Ahora volvió Sergio Segovia, que trabajó con Axel. Y otro que se ha ido, pero que ahora dice “yo lo tengo al Chaqueño” es el popular Carlitos Armolla, intermediario de venta de artistas y amigo de cantores.

- Atahualpa te acompaña desde que eras chofer en esa empresa de ómnibus; sos habitué del Atahualpa. Ahora le rendís homenaje al maestro. ¿Qué te ha pasado como artista al hacer tuyos sus temas?

- Descubrí que en la simpleza dice mucho, porque simple es difícil. Los muchos temas que le escribió a Tucumán, dirigidos siempre a los de abajo. En esa causa le hemos puesto sentimiento.

- También es tu causa ayudar a la gente sin hacer mucho ruido.

- Hacemos el festival para las escuelas, que es fuente de trabajo. Ahora estamos viendo de hacer la cena solidaria un poquito atrasada. Todos los años la hacemos en Buenos Aires y en el NOA. La plata de las tarjetas va para ambulancias, tractores, gasoil...

- ¿Cuántos integran tu grupo?

- Somos 22, más los contadores, administrativos, choferes y muchos más. No, si yo digo que le he vendido el alma al diablo. Hay que salir a trabajar, a producir; no podés quedarte quieto nunca. No es un ingenio azucarero, donde se va el dueño y la chimenea sigue echando humo. Yo tengo que manejar mi propio ingenio.

- ¿Cuándo descansás? ¿Cuidás la voz?

- Uno cuando se va haciendo más viejo se resiente todo, no sólo la voz. No, no me callo, duermo poco; tomo vino tinto, que dicen que no hay que tomar... Todo al revés; manejo, hablo mucho, soy consciente de que no me cuido. Entro al escenario hablando y saludando, cuando tendría que estar callado, calentando la voz, al revés de lo que hace un artista.

- Tenés una salud de hierro...

- Una vez me enfermé en serio, con una alergia, pero me recuperé.

- ¿Agradecés?

- Sí, agradezco a Dios por la salud y por llegar a gente, que es el lugar que me ha dado. Alegramos a los chicos y a los grandes. Y ahora, nunca había hecho teatro en Tucumán; siempre en festivales, siempre de madrugada...

- ¿El espectáculo es diferente en el teatro?

- No. Llega el momento en que creés que estás en pleno Festival de Tafí del Valle, porque las canciones te llevan. La única diferencia es que el público está sentado, ordenado y cómodo.

El Chaqueño ya ha ganado todos los premios, desde varios Gardel hasta el Grammy. Tocó en todos lados: desde varios Luna Park hasta el Colón, pasando por la cancha de Boca. “Ya cumplí muchos sueños; ya cumplí con lo mío. Sólo pido salud y ganas. Que no se apague el fuego sagrado: seguir cantando, seguir grabando. Siempre”. Lo dice desde su segundo nombre: Oscar Esperanza Palavecino.


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