Los peatones caminan al filo del abismo en el canal Sur

Los peatones caminan al filo del abismo en el canal Sur

El desagüe, que quedó sin barandas tras los desbordes, no cuenta con protecciones de seguridad. Temor entre los vecinos.

ABISMO. De milagro, aún no cayó nadie en el canal Sur.  LA GACETA / FOTOS DE JORGE OLMOS SGROSSO ABISMO. De milagro, aún no cayó nadie en el canal Sur. LA GACETA / FOTOS DE JORGE OLMOS SGROSSO
19 Mayo 2015

Provoca angustia, da miedo y vértigo. Se percibe el peligro. Los peatones evitarían a toda costa mirar hacia abajo, pero lo hacen porque no tienen más remedio porque, de otro modo, las consecuencias podrían ser peores. Y todos coinciden en lo mismo: si no se ha caído alguien al canal Sur, donde hace casi tres meses desaparecieron las barandas, es porque Dios es grande y todavía cuida de los tucumanos. De todos modos, ya hubo quienes estuvieron cerca de desbarrancarse y caer al agua.

Con las primeras tormentas del verano, en enero, el desagüe que divide la capital de Yerba Buena comenzó a mostrar los entramados de una infraestructura colapsada. Las fuertes lluvias continuaron y el golpe más grande llegó con el vendaval del sábado 7 de marzo: los paredones de hormigón se desplomaron, el canal se desbordó e inundó las casas ubicadas en sus orillas y las barandas de hierro, única protección para peatones y automovilistas, desaparecieron. Desde ese momento, en alguno sectores no hay ni siquiera una cinta plástica que advierta el peligro.

Bombardeo

Si Tucumán tuviera experiencias de bombardeos, las imágenes de posguerra serían muy similares al paisaje que pinta hoy el Canal Sur a la altura de la intersección de las avenidas Alfredo Guzmán-Camino del Perú y Mate de Luna-Aconquija. El paisaje es desolador y provoca temor. Una angosta caminería, sin barandas protectoras, es lo que ha quedado para que transiten los peatones. “Ya vi varios tropezarse con unos alambres que cruzan la vereda. De noche no se ve nada y no hay ni siquiera un cartel preventivo”, dijo Rubén Vizcarra, empleado de una empresa de seguridad privada. Durante sus guardias ha visto ya a varias personas tropezar y quedar a centímetros del canal.



También estuvo cerca de caer un auto que fue embestido por un camión, contó Soledad, empleada de un drugstore de la zona. “La calle ha quedado muy angosta (se refiere a la mano este del canal) y transitan colectivos, camiones y autos. Hubo un choque y milagrosamente al auto lo frenó uno de los tachos de acero que pusieron para delimitar”, contó la joven. Según ella, desde las inundaciones del verano hasta ayer, cuando LA GACETA recorrió esa zona, no se ha hecho demasiado para prevenir accidentes. “Sólo hemos visto venir hombres de traje, sacar fotos e irse. Nada más”, relató.

Un poco más adelante, en dirección al shopping que funciona en la zona, por la mano oeste, también el peligro está latente. Eudolia Ruiz, de 78 años, sabe que es un riesgo enorme caminar por la vereda del canal, pero no tiene alternativa. “Además de que hay barro y agua, y que una se puede resbalar, se cayeron las barandas. La gente mayor no tiene ni de dónde agarrarse”, reclamó. Ella vive en Alfredo Guzmán al 100, donde la única vereda transitable es la del canal.

Trabajo de hormiga

En la intersección del Canal Sur y el Camino de Sirga, la historia es la misma: no existe baranda, ni protección de ningún tipo, ni demarcación para advertir el peligro. Y unas cuadras más adelante, a la altura de la avenida Roca, es el único punto donde se ve una máquina trabajando.

Según los operarios, que se identifican como empleados de la Dirección Provincial del Agua (DPA), están trabajando desde febrero con una vieja dragalina (máquina para dragar) que cada vez que se echa a perder, pierden una semana de trabajo hasta que consiguen repararla. El dragado estaba avanzado, pero con las lluvias de marzo retrocedieron varios casilleros. A ese ritmo, la obra parece interminable.

(Poca) respuesta oficial

Como suele ocurrir en los límites entre ciudades, en el Canal Sur las responsabilidades rebotan entre las municipalidades de Yerba Buena, capital y la Provincia. Al ser consultado sobre las obras y la falta de barandas de seguridad y las demoras en las reparaciones a lo largo del Canal Sur, el ministro de Economía de la Provincia, Jorge Jiménez, contestó que la DPA “está trabajando en ese tema”. No pudo precisar qué elementos de prevención tendrá el canal, pero sí que, por el momento, serán provisorios. “Los proyectos para reparar los puentes y las obras hídricas (que se arruinaron con las tormentas de marzo) ya están en Buenos Aires. Estamos esperando que concluya el trámite burocrático”, explicó e informó que la inversión será de $ 290 millones.

Desde la Municipalidad capitalina, las respuestas también son escuetas. “El canal es jurisdicción del Gobierno Provincial exclusivamente. De todos modos, hace tiempo que hemos enviado notas a la Provincia solicitando que se agilicen las obras y que se garantice la seguridad para los peatones y automovilistas”, señaló Luis Lobo Chaklián, subsecretario de Planificación Urbana de la capital. A pesar de sus declaraciones, los hierros retorcidos que antes eran las barandas del canal sur están pintados con los colores verde, celeste y blanco característicos de la gestión amayista. LA GACETA intentó comunicarse también con Juan Sirimaldi, titular de la DPA, y con Julio Herrera Piedrabuena, secretario de Obras Públicas de la Municipalidad de Yerba Buena. En ambos casos no hubo respuestas, a pesar de los reiterados intentos.

Mientras tanto, el almanaque sigue corriendo. Ya son 73 días de trabajos de lento avance, incertidumbre de los vecinos, pocas respuestas oficiales y de peligro latente.

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