Los viajes al exterior de los altos funcionarios

03 Jun 2012
La necesidad de descubrir, promover y renovar contactos y acuerdos internacionales justifican la estrategia política de programar las misiones al exterior de los gobiernos. En un mundo más interconectado que en ningún otro tiempo de la historia de la humanidad, esa agenda de viajes al extranjero encuentra su justificación, además, en el hecho de que la globalización no reemplaza -ni podrá hacerlo- los contactos personales, el diálogo directo y la vinculación institucional entre los gobiernos y los funcionarios que tienen la responsabilidad de desarrollar esas iniciativas oficiales. Esta idea que rige buena parte de los principios de las relaciones internacionales es tan importante como el conocimiento y manejo de la agenda que deberá desarrollarse para controlar de antemano las ideas y promesas a discutirse con la contraparte. Un viaje de una autoridad gubernamental se resuelve desde bastante antes de que el o los enviados se acomoden en el avión.

Es inverosímil imaginar que una misión oficial al exterior se concrete sin un plan previo (tampoco podría entenderse de otra manera las que llevan a cabo en el ámbito empresarial), sin unas perspectivas, previsiones y justificación ponderadas que hayan alentado y valorado el impacto para la sociedad, la economía, la política y las relaciones que generará esa gestión. No tanto por los altos gastos al Estado o a los estados que estas misiones conllevan, en conceptos de logística, seguridad, difusión y representación, sino, y fundamentalmente, por los criterios de responsabilidad, compromiso y apego a la legalidad que los funcionarios que la encabecen deben cumplir a rajatabla.

En el mundo del comercio y la política exterior, se descuenta que los éxitos de estos contactos no están garantizados y que la maduración de esas eventuales vinculaciones institucionales que lleguen a alcanzarse comienzan a concretarse recién a mediano y largo plazo. Una delegación multitudinaria, la excursión personal o el mero voluntarismo viajero, no es suficiente para justificar esas ideas.

Por eso, no termina de entenderse los argumentos esgrimidos para sostener el viaje de Estado de la Presidenta de la Nación y de nuestro gobernador a la República de Angola, la nación petrolera de África del sur. Las declaraciones de que ha sido "exitosa" -no se ha informado con detalles sobre los resultados-, no parecen condecirse con el panorama que expusieron otros participantes de esa expedición. El hecho de que ese país haya logrado altas tasas de crecimiento económico en los últimos años no lo expone como un mercado lo suficientemente convocante para los productos que exporta la Argentina. Si ese fuera el gran argumento justificador de la gira, deberíamos preguntarnos por qué no se organizan más misiones comerciales a China o a otros países del sudeste asiático, la región que viene impulsando sostenidamente el desarrollo del mundo.

Así, y ante el viaje que el mandatario provincial iniciará las próximas horas a Estados Unidos para impulsar la llegada del limón tucumano a ese país, resulta oportuno recordar que la fruta no se comercializa en ese mercado, tras una decisión judicial de empresarios norteamericanos y que pese a las distintas gestiones -públicas y privadas- no se logró destrabar la situación para que se retomaran los envíos. Aunque la presión que podría ejercerse sobre Washington tenga importancia para los exportadores tucumanos, habrá que tener muy presente que la misión en marcha haya estado convenientemente preparada y definida para que no finalice en un gesto político o en gestiones sin resultados a la vista. Así como una delegación casi multitudinaria no garantiza una multiplicación de las gestiones, los gastos que demandará la misión también deberán ser convenientemente sopesados.

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