"La gente tiene la idea de que el transformista es alguien que los va a herir en su moral"

Le encanta actuar en fiestas familiares. "Están todas las generaciones; para mí es un aprendizaje", apuntó. El teatro que libera. Video.

13 Nov 2011
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DESDE ADENTRO. Villarrubia Norri confiesa que llegó al humor casi por casualidad. "Me di cuenta de que es algo que me fluye", explica. LA GACETA / FOTOS DE HECTOR PERALTA

Víctor festeja los 50. La fiesta -familia y amigos- discurre sin estridencias, pero con ganas de honrar la vida. De repente, el salón se ilumina, preanunciando una sorpresa; irrumpe la versión local de Mirtha Legrand, que durante una hora adoptará también las pieles de Moria Casán y de Susana Giménez, en un juego participativo que contagia y del que nadie puede escapar. El actor detrás de esas máscaras es Manuel Villarrubia Norri, transformista, intérprete dramático, autor teatral y profesor de teatro de chicos de escuelas públicas del interior de la provincia y de niños especiales. Como él mismo define: todo eso cabe debajo del teatro, que es un gran árbol.

- ¿Hay prejuicio detrás del "oficio" del transformista?

- La gente tiene la idea de que el transformista es una persona que los va a herir en su moral. Siempre está el que te aclara "mirá, es una fiesta familiar". Hasta que se dan cuenta de que todo es un gran juego. Yo creo que el teatro es un gran árbol.

- ¿ Cómo componés tus personajes?

- Primero, por la actitud, por la energía del personaje. Tiene una actitud corporal, una mirada, un gesto que va repitiendo, un gag, un tic, al que se lo sobredimensiona. A mí me encanta escuchar hablar y cómo piensa el personaje. Empecé grabándolos en videocasetes y ahora trabajo con Internet. Todos los días estoy pensando en esa postal que uno le va a "vender" a la gente. Acá hay mucho de pantomima, parodia, farsa; pero el actor también juega su parte. En mi caso, cada vez está saliendo más Manuel. De cualquier manera, estos personajes son tan ricos que pueden interactuar durante horas con la gente. Imaginate que a veces hacemos tres presentaciones por noche.

- ¿ Cuál es el mejor público?

- ¿El mejor público? Me encantan las fiestas familiares, donde están todas las generaciones: para mí es un aprendizaje; cómo llegar a cada uno de ellos. Ahí está mi trabajo: cómo hacer para arrancarles a todos una sonrisa.

- ¿En qué los modifica el hacer teatro a los chicos en las escuelas?

- Por un lado, tratamos de que los chicos se conviertan en espectadores, que puedan disociar el personaje del actor. Yo enseño en dos escuelas del interior de la provincia. A esos chicos hay que educarlos, en parte haciéndolos ver obras. A mis alumnos, en el festival de teatro estudiantil que se acaba de realizar les hice ver mucho teatro. En estos cinco años que llevo enseñando en escuelas públicas he visto que el teatro les ha servido para vincularse, para desinhibirse, para expresarse. Aprenden que el cuerpo no necesariamente sirve para agredirse; ellos tienen naturalizado esto de vincularse con el otro desde la violencia. Y el teatro los modifica en esto. En la fiesta de teatro de las escuelas secundarias he visto cómo, al terminar la obra, se abrazan, se emocionan juntos. Lo que importa es activar la participación en los chicos. Tanto en destinatarios en situación de vulnerabilidad como en los jóvenes alumnos, el teatro tiene la función también de "salvar", de curar. Como en la película "Los coristas", llega un momento en el que el arte cura, une, salva y refugia. No importa el entorno escolar, burocrático, vulnerable, público o privado... siempre en grupo.

- ¿El público tucumano busca la risa?

- El público tucumano quiere divertirse, pide que el teatro lo libere. Así como la televisión le está dando eso, también se lo están pidiendo al teatro.

-¿Se ha "tinellizado" el teatro?

- Creo que en Tucumán no del todo. En el conurbano bonaerense, con el ritmo de vida que lleva la gente, viajando cinco horas, lo único que pueden hacer cuando llegan a su casa, es sentarse a ver Tinelli.

- En Tucumán, la escuela de Teatro de la UNT ¿ha logrado generar un público?

- A nivel popular, la gente busca un teatro que lo libere. Pero en el teatro de arte hay una exigencia de que el público se perfeccione como espectador. Que deje de ser público para convertirse en espectador. Todo el mundo puede consumir Tinelli. Pero un espectador activo se construye. Y en Tucumán se está empezando a construir ese espectador entre los jóvenes. Por eso es importante el trabajo que hacemos en las escuelas públicas.

- ¿Llegaste al humor por haber visto la veta comercial o porque lo pedía el Manuel actor?

- Todo empezó en un ejercicio que había que hacer para mi admirada maestra, Beatriz Lábatte. Elegí una carretilla a la que debía cargar y que debía funcionar como un pesado yugo: sin embargo, todo el mundo se reía. Y me pregunté, ¿qué pasa aquí? Un año después, en el banco de videos de Gladys Motte, en investigación teatral, veo el video: y ahí veo lo que generaba mi cuerpo en escena. Y entonces me doy cuenta de que el humor es lo que me fluye. En lo autoral, mi obra "Cinco minutos: la vida es una comedia", y "Los pasantes", una versión libre de "Las Criadas", de Genet, habla de lo que significa ser joven en estos tiempos. Habla de tener un trabajo que a la vez es una cárcel. Esta obra no llegó como yo lo esperaba, la gente quería reírse.

- ¿Qué te ha dado tu paso por la Facultad?

- Me ha dado la disciplina de trabajo, la posibilidad de ponerme a prueba, de ser un actor en formación permanente, y de soportar la mirada examinadora. Porque esto es tan subjetivo que uno se pone a prueba: si soportás la mirada examinadora, soportás la mirada del público.

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