La solarización y la biofumigación controlan con éxito a los nemátodos

La nuevas técnicas se utilizan para liberar los suelos de los parásitos

18 Abr 2008
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ENEMIGOS. Los nemátodos viven como parásitos en las raíces.

Los nemátodos son animales de apariencia similar a un gusano. Hay muchas clases y algunos habitan en el suelo. Son microscópicos y viven como parásitos en las raíces de las plantas, y llegan a afectar seriamente los rendimientos. Constituyen, por ende, un problema importante en las producciones hortícolas.
Según un informe del INTA Concordia, la forma simple de combatir los nematodos y otras plagas del suelo era mediante la aplicación de productos químicos y/o fumigantes de alta toxicidad, como el bromuro de metilo. A partir de la prohibición de este último, por su efecto destructor de la capa de ozono, comenzó a investigarse diferentes alternativas de control, y en este sentido, la solarización y la biofumigación aparecen como herramientas efectivas.
Solarización: consiste en el calentamiento del suelo a temperaturas que producen un control físico de los patógenos. Se logra cubriendo el suelo con polietileno transparente de baja densidad (entre 40 y 100 micrones, tipo cristal) para incrementar y mantener el efecto de la radiación solar. Se realiza durante 40 a 45 días en época estival, cuando los rayos solares inciden en forma perpendicular sobre la superficie del suelo, para mejorar la efectividad de la técnica. En años con frecuentes lluvias o días nublados, el efecto de la técnica puede verse disminuido.
Biofumigación: combina los efectos de la solarización pero a diferencia de ésta, se incorporan al suelo, previo a su cobertura con polietileno, diferentes tipos de enmiendas y materiales orgánicos sin compostar (abonos verdes, estiércoles, restos de cultivos, residuos orgánicos de la industria, etc). Se realiza a razón de 5 a 10 kg por m2 (según el material orgánico a incorporar). En este caso, además de la acción del sol, se produce otro fenómeno a partir de la acción de los microorganismos, al descomponer la materia orgánica.
Así se genera gran cantidad de sustancias químicas de origen natural (amonio, fenoles, sulfídrico y un importante número de sustancias volátiles y ácidos orgánicos) que actúan como controladores de los patógenos del suelo. La incorporación de materia orgánica por sí misma, estimula el desarrollo de los microorganismos benéficos, disminuyendo las poblaciones de plagas.
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