"La ética debería estar por encima de todo obrar humano, para poder regularlo. Debería estar por encima de la economía y de la política. Sin embargo, pareciera que la ética es una ciencia de segunda. Se dice, por ejemplo 'la plata atrae la plata'. ¡Como si el trabajo no fuera lo que dignifica al hombre! El lugar de la ética es central pero es una materia pendiente", advirtió el presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social, monseñor Jorge Lozano, al referirse a los valores que deben regir la conducta de los ciudadanos y, en especial, la de los líderes.

El obispo de Gualeguaychú disertó anoche en la Facultad de Derecho de la UNT, durante la presentación de Escuela de Líderes Sociales del Arzobispado de Tucumán. Participó en una mesa panel presidida por el arzobispo, monseñor Alfredo Horacio Zecca, y Abel Albino, creador de la Fundación Conin (Cooperadora para la Nutrición Infantil). El médico visitará hoy la nueva sede de la institución, a partir de las 9, en Caseros 1.050, Yerba Buena.

La gran deuda
"La gran deuda que tenemos los argentinos es la deuda social. Que haya gente pobre en un país que crece económicamente es un signo de injusticia en la redistribución de las riquezas", remarcó monseñor Lozano, uno de los obispos más comprometidos con la cuestión social. Tuvo activa participación en la causa Botnia y ahora integra un frente social para evitar el avance de las salas de juego en su provincia. Lozano también alzó su voz en numerosas oportunidades para reclamar la necesidad de políticas en contra de la drogadicción y la trata de personas.

Monseñor Lozano se refirió a "las nuevas pobrezas o esclavitudes que afectan a la sociedad". Las identificó como los jóvenes que no estudian ni trabajan, la trata de personas y la drogadicción. "Debemos centrar nuestras miradas en estas nuevas problemáticas, y no sólo pensar en el ingreso per cápita sino también en que haya condiciones de vida dignas para todos", dijo. Estuvo acompañado por monseñor Melitón Chávez y Juan Carlos Hourcade, directores general y académico, respectivamente, de la Escuela de Líderes Sociales.

Ex obispo auxiliar del Arzobispado de Buenos Aires, monseñor Lozano era uno de los candidatos para reemplazar a monseñor Jorge Bergoglio cuando dejó su cargo de arzobispo de Buenos Aires para ocupar el de Sumo Pontífice.

- ¿La iglesia argentina tiene más "llegada" a Roma ahora?

- No sólo tiene más llegada, sino también más responsabilidad. Le preguntaba a un obispo italiano cómo entendían ellos que todas las miradas estén puestas en un papa argentino. Y me contestó: '¡no te equivoques! Las miradas están en ustedes, en cómo responde la Iglesia argentina a lo que el Papa está pidiendo. Lo mismo sucedió cuando Juan Pablo II fue electo. Todas las miradas se posaron en Polonia; distinto fue el caso de Benedicto XVI porque él hacía más de 15 años que estaba en la Curia vaticana, por lo que no se puso los ojos en Alemania.

- ¿Qué perspectiva se abre para el país con el nuevo papa?

Para nosotros es una oportunidad muy grande. La Argentina ha estado en las tapas de los diarios por una buena noticia. No ha sido por una sucesión de presidentes en una semana, ni por una catástrofe natural, ni por hechos de corrupción, ni por un accidente ferroviario ni por una tragedia en un boliche ... Estuvimos por una muy buena noticia que ha aportando la Argentina al mundo. ¡Es un momento para aprovechar en todo sentido..., hay un clima favorable hasta para los negocios. En esto también tenemos una responsabilidad como país: saber acompañar esta buena imagen que tenemos en el mundo.

- ¿Mejoraron las relaciones entre el Gobierno y la Iglesia?

- Sí, hay un clima de cercanía. Pero hay que hacer una aclaración: no tenemos que identificar a la Iglesia con el Arzobispado de Buenos Aires; la Iglesia es más amplia, lo mismo que el Estado es más amplio que la Casa Rosada. Las relaciones entre Iglesia y Estado también se dan entre obispos y gobernadores o entre legisladores y párrocos.

- ¿Qué opina de la política del Gobierno para erradicar la pobreza?

- Hay algunas políticas públicas que han incidido positivamente, como la extensión de las jubilaciones a quienes no habían podido hacer aportes durante su vida porque no tenían trabajo en regla, o del salario universal por hijo. Pero persisten situaciones de pobreza que han venido estancando o deteriorando algunos hogares. Todavía hay gente que no accede a los planes sociales porque es analfabeta y le cuesta hacer trámites o vive en parajes lejanos y de difícil acceso. Aún hay núcleos duros de desnutrición y pobreza. Y algo que desde la doctrina social de la iglesia insistimos mucho: la dignidad humana se establece a través del trabajo dignamente remunerado. Entonces puede haber políticas públicas que ayuden a paliar necesidades urgentes pero debemos lograr que la persona salga de la pobreza a través del trabajo remunerado con dignidad.