"A medida que conocía la dimensión de lo que fue Arsenales y después de conocer Auschwitz me pregunté cuál era la diferencia. Cuando decíamos que (los secuestrados) estaban en un campo de concentración, no nos creían. Y existía. Allí se cometieron las peores torturas y fue donde se fusiló y se quemaron restos. No está Hitler. No están (Antonio) Bussi ni (Benjamín) Menéndez. Pero están los responsables de ese Arsenal, los imputados. Por ello, en la etapa que corresponda, mis representantes pedirán prisión perpetua y cárcel común". Las palabras de la jueza Alicia Noli resonaron en el recinto. Ayer, sin embargo, la vocal del Tribunal Oral en lo Criminal Federal (TOF) no estuvo en el estrado, sino como testigo en la sala. Sucede que es querellante en la megacausa "Arsenales II-Jefatura II" por el secuestro y desaparición de su marido, Enrique Sánchez.
"Fue un caso de manual"
Tocaron la puerta de la casa, ubicada en calle Ecuador al 1.000, a las 21. El joven matrimonio pensó que eran vecinos que querían conocer a su bebé. Noli escuchó que su marido -quien tenía 23 años y era estudiante universitario- abrió la puerta y preguntó: "¿por qué?". Cuando ella -que ya era abogada- fue hacia la entrada, vio a tres jóvenes armados. Les pidió la orden de detención; ellos se identificaron como policías federales y la apartaron. Dejaron que Sánchez se despidiera del niño con un beso y se lo llevaron. Así recordó Noli la noche del 14 de septiembre de 1976, cuando su esposo fue secuestrado. Dijo que intentó ir tras el auto, y que alcanzó a gritarle a Sánchez: "¡te voy a seguir!". Fue la última vez que lo vio.
La jueza relató que llamó a los compañeros de facultad de su esposo para que le advirtieran a Juan Carreras -amigo de Enrique- sobre lo ocurrido. Y recordó que otros estudiantes desaparecieron en esa época. "Con los años me enteré que decidieron no avisarle a Carreras para que rindiera una materia. Fue el único caso en el que alguien fue sacado de un aula de la Universidad. La primera noticia que tuve de Enrique fue que en el momento de ese secuestro, lo tenían en un auto afuera. Compañeros contaron que lo vieron como enfermo", lamentó Noli. Junto a su familia emprendió un peregrinaje por la Justicia y la Iglesia, sin resultados. "El caso de mi familia fue de manual, del manual que deben haber tenido sobre cómo tratar al enemigo", consideró. Precisó luego que tanto la casa de la que Sánchez fue secuestrado como otra propiedad en la que habían vivido fueron saqueadas.
"Me arrancaron la mitad y privaron a mi hijo de una infancia normal", reflexionó. Sobre el destino de su marido, se mostró segura: "creo que se quedó en el Arsenal y que sus restos están ahí". Testigos dijeron haber visto al joven en el centro de exterminio.
Durante la mañana también declaró Santos Juárez, un ex trabajador del ingenio de Los Ralos. Consignó que en junio de 1977 permaneció 20 días en el Arsenal. Relató simulacros de fusilamiento y una violación. También mencionó que un sacerdote visitaba habitualmente el lugar. "Escuché que dos gendarmes le decían Padre Pepe", memoró. Los defensores del sacerdote José Mijalchyk, cuyo apodo es Pepe, efectuaron varias preguntas a Juárez al entender que podría estar involucrando al acusado.
"Si me vas a matar, tirame cerca de Los Ralos. Así mi familia no me busca para siempre", afirmó Juárez que le rogó a uno de sus captores antes de ser liberado.