"La primera vez que vine a Tucumán fue en el 84, a Amaicha, a hacerle un reportaje a Gerónima Sequeira. Estuve en carnaval y en Navidad. Leda Valladares me lo había indicado. El otro día vi por la tele que la hostería está derrumbada. Vengo todos los años. Tengo una conexión muy fuerte con muchos artistas que para mí son muy importantes. En la literatura, sobre todo con Juan José Hernández y con Elvira Orpheé. Yo era muy cercano a Leda porque trabajamos juntos. Empecé siendo su alumno; me invitaba a acompañarla a las escuelas. También encaramos proyectos, un disco, muchas cosas...". No hay que preguntarle cuántos años tiene porque asombra tanto como Dorian Gray. Además de no tener edad, al fascinante Leopoldo Brizuela no le cuesta escribir. Y el texto hablado le fluye tanto como el escrito.

"A Elvira la veo seguido -comenta-. Cumplió 90 (según dice, todo el mundo cree que es más). En cada respuesta es un genio y su creación poética es permanente. Vive rodeada de literatura, es totalmente original. Ella y Juan José son grandes narradores de la provincia. Tucumán tiene esos privilegios que no veo en otros lados: está presente de una manera mucho más profunda porque está en su propia prosa. La escritura de (Héctor) Tizón, por ejemplo, puede ser de muchos otros lados, en cambio Elvira y Juan José, siendo narradores de altura universal, tienen la marca de su lugar", afirma durante una entrevista con LA GACETA.

- ¿Cómo son tus días después de "Una misma noche"?

- Estoy trabajando en retratos de grupos, en varias biografías entrelazadas. Ahora estoy estudiando a Leda (escribí sobre ella muy joven). Ayer estuve con Lucía Piossek, la única que queda de un cuarteto de mujeres. Estoy rescatando esa época alucinante, de gente tan rara... Di con unas hermanas Lozada cuyas vidas eran muy interesantes. La idea de la gente que se inventa a sí misma me interesa mucho. Estoy juntando testimonios tranquilo porque no sé con qué me voy a encontrar.

- ¿Cómo te definirías como escritor? ¿Para qué escribís?

- No me quiero definir porque me parece que eso va en contra de lo natural de escribir: uno va cambiando todo el tiempo. Algunos escritores se aferran a la definición de sí mismos y eso les impide lo natural. También algo terrible es que cuando algo te sale bien la gente te pide que sigás ahí, y eso puede llegar a ser una frustración, o muy paralizante, porque es una gran tentación. Pero, bueno, lo que yo siempre voy a hacer es contar, soy un narrador. Y es una manera de relacionarse con el mundo. Me preguntaron si todo lo que escribía era real. Ya a esta altura ya no sé si es real lo que vivo. Más allá de eso, creo que las cosas que escribí, como "Una misma noche", que tiene un componente no diría autobiográfico pero sí real, sirve para encontrarle algún sentido a la vida, si no es muy informe. Y la memoria, no te digo nada. Cuando la interrogás desde la narración te preguntás qué pasó, le vas dando una forma, y eso es tranquilizador. Como el conócete a ti mismo.

- ¿Lo último que escribiste es lo que más placer te ha dado?

- Fui muy feliz con esta novela, aunque es terrible; algunos lectores la abandonan de a ratos porque tiene mucho suspenso y es muy fuerte. También con Inglaterra (99); son esas veces que uno siente que está todo, que no tiene que hacer ningún esfuerzo. Es como una fuerza que te lleva; sentís: 'esto le va a interesar a la gente porque me interesa a mí', pero no desde el mercado sino como 'esto necesitaría ser dicho'. Esa es la felicidad, que es la verdadera. Después, no te importa si la novela es buena o es mala (importa, por supuesto, y también haber ganado un premio) pero si no me hubiera leído nadie no me importaría nada porque fui feliz.

- ¿Y la famosa página en blanco, te sucede?

- No tengo ese problema porque lleno, me sale fácil. El problema es que eso con que lleno valga algo. Voy buscando este momento que acabamos de describir. Escribo muy fácil cosas desde arriba, pero busco todo el tiempo, por ahí durante años. Es una sensación muy angustiante porque uno siempre produce espuma.

- ¿En esa búsqueda, cómo surgen los temas?

- El tema está dentro de uno, y no lo tenés muy en claro (eso es maravilloso). Incluso hasta el que escribe una novela policial con todos los detalles siempre tiene una zona de misterio. Escribir lo que uno ya sabe es aburrido. Pero, a propósito de lo que hablábamos, para mí lo más apasionante es creer que te interesa un tema cuando empezás y, cuando vas por la mitad, te das cuenta de que ya no te interesa más, que hay otra cosa por debajo. Esas son como grandes iluminaciones.

- ¿Qué andás leyendo?

- Una canadiense, Alice Munro, cuyos cuentos me parece que son como Chejov -¡a esa altura!-, en un libro que se llama "Demasiada felicidad". Después estuve viendo todos los escritores que trabajan la no ficción, que usan técnicas de novela para trabajar cosas reales, algo cercano a lo que estoy haciendo.

- Pasá tu aviso.

- Estoy trabajando sobre Leda: si alguien quiere contarme algo, estoy en Facebook. Y a mitad de año voy a volver a Tucumán para ver a toda la gente que me falta. Que me busquen. Ahh... hoy me contaron unas cosas… (dice, intrigante).

- ¡Contá!

- ¡Nooo!