Nadie quiere opinar. Más bien, ni siquiera hacen el ademán de mirar hacia allí. "Yo con ellos prefiero no meterme", dice un vecino, que visita todos los días el parque Guillermina para correr algunos minutos antes de entrar al trabajo. Y así, mirando para otro lado, es la única forma que tienen de conservar esta tensa y -al menos por ahora- pacífica convivencia con los inquilinos del paseo público.
Detrás de un enorme montículo de basura, varios ojos sumidos en la pobreza se ponen en alerta. Están incómodos ante la presencia de LA GACETA, más incómodos incluso que ante la ronda matutina de un policía que vigila el paseo en cuatriciclo. A él ya lo tienen visto desde hace mucho, pero no hay conflicto porque pasa de largo. "Tengan cuidado -recomienda el oficial- es gente brava. Los vecinos evitan andar por ahí".
Según el principal Juan Carlos Acevedo, de la Comisaría 3a, la ronda policial evita que se cometan delitos en el interior del paseo, del mismo modo que las rejas y las cámaras de seguridad impiden que se siga deteriorando la ya devastada casona del parque. Sin embargo, entre los vecinos persiste el temor de circular por esta parte, una especie de patio trasero abandonado del predio donado por el empresario y filántropo Alfredo Guzmán.
El proyecto oficial
Por lo pronto, la Municipalidad -propietaria del parque- pretende delimitar, con los padrones catastrales en mano, hasta dónde llega el pulmón verde del suroeste capitalino. El tema de los asentamientos, como es habitual, se asemeja a un carbón encendido en las manos. "Una vez que tengamos en claro cuáles son los bordes del parque vamos a intentar delimitarlo. No con una calle de hormigón ni con una cerca, sino con equipamiento como postes de luz, árboles y seguramente un camino enripiado. Este tipo de obras ayudan a detener el avance de los asentamientos", adelantó Atilio Belloni, subsecretario de Obras Públicas, aunque no puede asegurar cuándo empezaran los trabajos.
El funcionario admitió que el parque Guillermina -oficialmente Batalla de Tucumán- es uno de los que más sufre el vandalismo, aunque no pueden certificar que los daños sean causados por los habitantes de este nuevo asentamiento ni del viejo, conocido como La Mago, ubicado sobre calle Lavalle avanzando sobre el espacio verde. "El pavimento de la calle Lavalle permitió frenar el asentamiento La Mago y revalorizó el sector porque genera más movimiento, la gente se anima a circular. El parque Guillermina es muy lindo, pero al mismo tiempo es uno de los que más sufre el vandalismo: hace cuatro años renovamos toda la iluminación y no duró cuatro meses, tuvimos que cambiar un 60 %", lamentó Belloni.
"El problema es siempre económico", evaluó el funcionario y contó que, entre otros planes, está el de tratar de integrar el predio que llega hasta la avenida Adolfo de la Vega y que también forma parte del parque Guillermina.