Ayer se quedaron sin festejo por el día de la primavera y a partir del lunes tampoco tendrán pan para el desayuno y la merienda. Las únicas víctimas del robo a la Escuela 175 de Las Mercedes, en la Villa de Leales, fueron los 130 alumnos que asisten cada día al establecimiento. Además de recibir clases desde jardín de infantes hasta el secundario, los estudiantes desayunan, almuerzan y meriendan en la escuela, ubicada a la altura del kilómetro 45 de la ruta 306.
El jueves a la madrugada, desconocidos se llevaron un horno pizzero, una garrafa, dos computadoras, dos impresoras, un televisor 29", dos radiograbadores, un centro musical y un reproductor de DVD. "Lo que más complica es la falta del horno porque ahí se cocinaba todo: el pan, las tartas, los pasteles de verdura... El uso que se le daba era aprovechado por todos, desde los chicos de 4 años hasta el personal", lamentó el director del establecimiento, Zacarías Sandoval.
El robo ocurrió entre la noche del miércoles y la mañana del jueves. Lo descubrió Matilde Suárez, que trabaja como personal auxiliar, cuando abrió la escuela a las 7. "Me doy con que estaba abierta la puerta del fondo, me voy a la dirección y también veo la puerta abierta, ahí me doy cuenta de que habían asaltado". La mujer detalló que los ladrones cortaron el alambrado del fondo, que linda con una finca, después sacaron una ventana y pasaron por ese orificio. Desde adentro, retiraron la traba del portón del patio y se llevaron con facilidad los elementos sustraídos. "Aparentemente vinieron en una camioneta, porque había huellas de ruedas, y después huyeron por la ruta".
Sin ayuda
El hecho apagó los ánimos de toda la población escolar. "Íbamos a preparar pollo al horno para la fiesta y, para que los chicos no se queden sin comer, nos llevamos un poco cada uno a nuestras casas para hornearlo", contó Matilde. Al final, terminaron almorzando a las 14.30 y con la tristeza impregnada en sus rostros.
De ahora en más, cocinarán en una olla sobre el fuego, afirmó Karina Estequiño, también perteneciente al personal. Pero lo más grave, explicó, es el pan.
Pese a que el horno era de vital importancia para los niños y jóvenes de la escuela, nadie se ofreció a reponerlo. El director sólo recibió dos llamadas ayer. La de su supervisora, Ana María Dorao, que lo asesoró sobre cómo proceder en cuanto a lo policial. Y la del delegado comunal, Ángel Brito, que en ningún momento le hizo una promesa concreta. "Se ofreció para ver cómo podemos solucionar esta situación de los robos, pero en un futuro", relató el docente.
De todas maneras, dijo Sandoval, en el establecimiento están más acostumbrados a resolver las necesidades con la colaboración del mismo equipo docente que a confiar en promesas. "Tendremos que trabajar más duro y en algún momento volveremos a tener el horno. Mientras tanto, vamos a ver cómo solucionamos esto. Nos ayudaría mucho que alguien nos pueda donar uno".
Al lado de la escuela sólo hay una capilla. En los alrededores son muy pocas las casas. Nadie vio ni escuchó nada. Tampoco hay sospechosos. "Somos un pueblo olvidado", resumió Karina.
Esperan donaciones
El primer robo fue en 2008. Se llevaron ollas y utensilios de cocina. La leche que iban a desayunar los chicos quedó tirada en el piso.
En 2010 volvieron a entrar ladrones. Aquella vez desmantelaron la sala de computación. Luego recuperaron algunas máquinas.
La modalidad utilizada por los delincuentes fue la misma las tres veces: siempre por el patio y rompiendo la ventana, contó el personal.
El director de la escuela hizo público su número de celular (154019315) para recibir el llamado de quienes pudieran hacer alguna donación.