"Leyendo el artículo de 'el sabor a pegamento es gentileza de la casa' recordé que en el mismo supermercado le pasó algo parecido a mi madre cuando estaba de compras. Al lado de la caja había un señor que trabajaba en el súper, pintando las cajas durante la siesta.
Mi mamá describió que de allí emanaba un horrible olor. Por suerte ella compró y se fue, pero la pobre cajera de allí tenía que inhalar esos gases y seguir facturando hasta que termine su turno. Mi madre le preguntó a la mujer por qué soportaba eso, lo que le respondió: 'no me queda de otra'.
Es horrible pensar que si lo del pegamento en las masas y el olor a pintura se realiza a la vista de todos, cuántas otras infracciones se deben cometer a puertas cerradas y se dejan pasar por ser un súper grande y reconocido".
Jessica Fernanadez
jessica_vfer@hotmail.com
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