Contraposición o diferencia notable que existe entre personas o cosas, significa la palabra "contraste". Publicada en 1881 y ambientada en 1547, "Príncipe y mendigo" cuenta la historia de dos niños de apariencia física idéntica: Tom Canty, un mendigo que vive con su padre cruel en Offal Court, Londres, y el príncipe Eduardo, hijo de Enrique VIII de Inglaterra. La hermosa novela de Mark Twain pintaba los contrastes de realidades sociales diferentes, y encontraba en ellas algunas coincidencias. Tal vez una aproximación a esta obra del escritor estadounidense -que valdría la pena que leyeran los adolescentes- sean las historias de dos tucumanos que desarrollamos ampliamente en nuestra edición del domingo: la de la joven de 17 años que integró el equipo argentino que participó en la Olimpíadas Internacionales de Matemáticas en Londres, y la del joven de 16 años, cuya madre lo encadenó a una silla para que no saliera a robar y a drogarse.

Ambos chicos son productos de esta misma sociedad; las realidades reflejan el futuro promisorio de una y el sombrío horizonte de otro, como bien lo señaló una lectora en nuestra sección Cartas del lunes. Mientras Azul, alumna de la Escuela Normal "Juan Bautista Alberdi", piensa estudiar matemáticas en la Universidad Nacional de Córdoba, José vive con su madre y seis hermanos en una casilla a la vera del río Salí. "Me gustaba la escuela, hace mucho que dejé", le dijo el adolescente a nuestra periodista. Su madre, que tiene otros dos hijos con problemas de adicción, dijo. Una vecina del barrio El Palomar contó que su hijo tiene 26 años, pero por el daño que le han ocasionado las drogas su cerebro funciona como el de un chico de 10 años. "Vivimos con la angustia de saber que en cualquier momento alguien golpeará la puerta para avisarnos que nuestro hijo ha muerto o que ha matado a alguien", afirmó. El médico del CAPS señaló que muchos de los chicos son los desnutridos de 2002. "A las secuelas que les dejó el hambre, ahora le suman las adicciones. El futuro que les espera es tremendo, hay que hacer algo", dijo.

Desde hace tiempo, el paco hace estragos en niños y adolescentes de los barrios de La Costanera. La inflación también llegó al precio de la droga: el "papelito" de paco que costaba $5 ahora se lo consigue por $10 o $15, razón por la cual se incrementaron los robos. Según los vecinos, hay ausencia policial en la zona. Un juez de Menores dijo que la mayoría de los menores detenidos por delitos actúa bajo los efectos de la droga.

Esta realidad, que salió a la luz en 2008, es ampliamente conocida por el Gobierno. La Municipalidad anunció hace tiempo que uno de sus planes más ambiciosos era urbanizar la vera del Salí, donde están los barrios de La Costanera. El ex arzobispo Héctor Villalba había advertido ya sobre la urgencia de actuar en esta zona para impedir la destrucción de la juventud. No se entiende por qué aún no hay una política al respecto que contemple un relevamiento a cargo de asistentes sociales, así como acciones coordinadas de distintas áreas con la presencia de alfabetizadores, de profesores de Educación Física que lleven adelante programas en las distintas disciplinas deportivas o personal capacitado que organice a los vecinos y a los jóvenes en cooperativas para tener una salida laboral. El paco está matando lentamente a muchos de nuestros niños y adolescentes. ¿Qué esperamos para actuar?