"Y sí, qué pensabas vos. Los yoguis también fumamos, tomanos y tenemos sexo casual", me dijo mi amigo. Así, en apenas una definición, derrumbó una altísima estantería de prejuicios surgidos en torno de los practicantes del yoga. Está claro: no solo son comedores de lechuga y bebedores de agua de manantial. Es que esa obsesión por sentirse uno con el universo sonaba totalmente incompatible con los placeres terrenales, inmediatos, intrascendentes y superficiales. Pero la realidad es que no hay tanta diferencia con el resto.
Después llegó un evento que, por la sorpresa que les genera a quienes se enteran, deja en evidencia esa carga de prejuicios: la Yoga Rave, una fiesta que se jacta de ofrecer toda la diversión y la euforia de la música electrónica pero sin alcohol ni drogas. La Yoga Rave, que vino a equilibrar dos estilos de vida diferente dentro de los yoguis, se merece un aplauso, sin dudas, y esta será la tercera edición consecutiva en Tucumán: el sábado 11, en Roof. Los años anteriores se hicieron en Robert Nesta... ¡Qué cambio!
La fiesta comienza a las 20 con un bloque de yoga y meditación "a prueba de novatos". Es en ese momento cuando hay que sacarse de la mente dos preguntas: dónde queda la barra y cuánto cuesta el fernet, Hay que concentrarse en la respiración. Después habrá tiempo para comprobar que solo vas a conseguir tragos exóticos y energizantes, pero sin una gota de alcohol (como dicen los organizadores). Cuando todos los pensamientos mundanos se hayan esfumado, llegará So What Project!, una agrupación medio rockera y medio electrónica que con esa sonrisa tan típica de los cultores de la movida hindú elevan canciones a Krishna. Y divierten, según prometen. Una vez que el trance musical llegó a las venas, los organizadores vuelven a abrir la meditación y el silencio hasta el final. La Yoga Rave es una "marca registrada" de la fundación transnacional El arte de vivir y se realiza, además de en varias provincias argentinas, en Dinamarca, Chile, Eslovenia, Sudáfrica, Lituania, Estados Unidos, Suecia y Lituania. Como casi todas las acciones de esta ONG, el objetivo es contribuir a la paz mundial.
Sin duda será una experiencia inquietante y seguramente tendrá más público que el año pasado. No solo por organizarse en un lugar más top sino porque cada día son más los que se enganchan con la movida del yoga y la meditación, ámbito en el que, por supuesto, hay de todo. Que no sorprenda entonces que, en medio de la elevación de los mantras, alguna oveja descarriada descorche su petaca en el baño.