Esa risita que libera a la luz sus colmillos blancos es un signo de felicidad. Si Isidoro Cañones fuera deportista, no caben dudas que sería íntimo amigo de Nasser Al-Attiyah. El Príncipe, este Príncipe que vuela cuando conduce autos del rally mundial; que nunca se cansa si debe recorrer la carrera más dramática del planeta, como lo es el Dakar, es una autopista en cualquier deporte, bah. Nasser juega a la pelota, al ludo y hasta dispara con su rifle y gana medallas. Sí, amigo. Al-Attiyah es la reencarnación del Hombre Nuclear, porque está en todos lados y todo lo que hace lo hace casi a la perfección. De Londres 2012 el qatarí se irá con una medalla. Volverá a casa con un bronce que no le fue sencillo tomar. Fue hasta al desempate, y a disparo limpio bajó a un ruso que deseaba lo mismo que él.
Llegará el momento del brindis de este Isidoro deportivo. Llegará el momento del descanso; llegará el momento de cambiar de rol y volver a los autos; después a la camioneta y por último, armar las valijas, cruzar de continente y encallar en Tucumán, donde en enero de 2013 será uno de los grandes atractivos de un nuevo Dakar relleno de emociones, gustoso se formar parte de la realeza de una competencia de que hasta los príncipes salen con la ropa sucia.