Estoy contento de lograr el objetivo, pero sinceramente me quedé con gustito a poco por no ganar una medalla. Estoy conforme de haberle regalado a la provincia y al país tanta adrenalina, como me comentaron, pero más que nada a la gente que quiero.
Mi papá estuvo conmigo y antes de empezar a competir me dijo: "hijo este es mi sueño desde hace 20 años". Yo he aprendido con el tiempo a desligarme de sus sensaciones, pero eso me llegó muy profundo porque sé todo lo que él me quiere. Tampoco sé qué puede pasar dentro de cuatro años, así que ya le hice un regalo hermoso. Y a mi mamá también; ella se pone muy nerviosa. Creo que le grabaron todo para que vea.
Acá también tuve mucho apoyo. Además de mi papá, estuvo Roberto Sagra, Carlos Denegri y Horacio Muratore. Mediante una carta que le dejé al gobernador cuando lo visité en la Casa de Gobierno, le había expresado mi deseo que alguien represente al pueblo tucumano en la tribuna. Al no haber pasado eso me puso muy contento que una autoridad como Muratore (es presidente de FIBA América) haya estado alentándome.
Después de competir me tocó ir al antidoping. Cuando terminé, tomé el teléfono que no paraba de recibir llamadas y mensajes. Lo mismo con mi Facebook que está saturado. Después de cenar con mi papá y festejar, empezamos con Héctor Campos (combate hoy en hasta 90 kilos) y los chicos a armar la lucha contra el cubano.
Aquí quedó claro que mi categoría no es sólo dura a nivel mundial, sino también a nivel Panamericano porque en cuartos de final estábamos Leandro Guilheiro, de Brasil, Travis Stevens, de Estados Unidos, Antoine Valois-Fortier, de Canadá y yo.
En la lucha contra Jae-Bu Kim sabía que no me iba a dar ningún hueco para entrar. Él es el Messi del yudo y sabía que iba a tener pocas oportunidades. Cuando lo quise levantar con las dos piernas me tiró un poco la ingle. En situaciones como éstas uno no mide y da el 100 por ciento siempre.
Que me hayan quitado el yuko en la pelea contra Valois-Fortier no es que me sacó, pero sí me obligó a cambiar la estrategia. Yo pienso que le hice el punto en buena ley y me hubiese gustado tenerlo todo lo que restaba de la lucha. También reconozco que él hizo un trabajo mejor a largo plazo.
Quiero agradecerle a Lucía, a "Nico", a Emilio y Sebastián Luque y en especial a Carlos Lezana (supervisa y colabora con sus entrenamientos). "Toti" es mi gran apoyo fuera de mi familia y si no lo hubiese conocido, no hubiese crecido tanto con todas sus enseñanzas.
¿El diploma? ¡Todavía no me lo dieron! Estoy desesperado por saber cómo es. Apenas lo tenga le sacó una foto y se los muestro.
Perfecto. La primera lucha ante Fetra Ratzimiziva fue el debut ideal. Dominó absolutamente al yudoca de Madagascar y lo venció por ippon. Además, Lucenti no se desgastó porque la victoria llegó cuando faltaban todavía 3'43" para el final.
De lo mejor. Ante Alain Schmitt utilizó uno de sus fuertes para derribar al francés: los pies. La barrida obligó al error del europeo que cayó al tatami y los árbitros le dieron a Lucenti el ippon cuando quedaba menos de un minuto para el final de la lucha.
Ante el mejor. Ya tenía el diploma que fue a buscar. Pero quería más y se notó cuando enfrentó al número uno del mundo, el coreano Jae-Bum Kim. La velocidad del asiático fue demoledora aunque el triunfo llegó por las penalizaciones y no por las maniobras del luego campeón olímpico.
El final. Ambos se conocían. Contra el canadiense Antoine Valois-Fortier se enfrentaran seis veces. Visiblemente exhaustos, aunque Lucenti un poco más. El tucumano aguantó el cansancio y hasta lo despojaran de un wazari a su favor. El combate fue para el canadiense que ganó por el mismo fallo. Luego conquistó uno de los dos bronces en juego.