Juan Antonio González - Doctor en Ciencias Biológicas

Si la justicia provincial y/o federal no actúa para parar la quema de cañaverales, Tucumán será el infierno de Dante: fuego, humo y contaminantes gaseosos invadirán nuestras propiedades y nuestro cuerpo con sólo respirar, mencionando también que se provocan accidentes en rutas y daños en líneas de tensión o perjuicios en el sistema aéreo. La quema en cañaverales, y de cualquier tipo de vegetación, produce compuestos como vapor de agua, dióxido de carbono, monóxido de carbono, distintos tipos de óxidos de nitrógeno, dióxidos de azufre, hidrocarburos de cadena corta y otros muy peligrosos para la salud humana como son las dioxinas, furanos, hidrocarburos aromáticos policíclicos e incluso PCB´s. Esto ya fue comprobado en mediciones realizadas en Sao Pablo, Brasil (Ciudad de Araraquara), en 1995, de manera que no existen dudas acerca de la peligrosidad de esta práctica. Justamente las Naciones Unidas (División Productos Químicos de Ginebra, Suiza) ha colocado a las dioxinas y furanos entre la llamada "docena maldita" o "docena sucia", haciendo referencia a doce compuestos químicos que la civilización ha decidido eliminar del planeta por su peligrosidad. Ya en el año 2004 puse en conocimiento estos datos y solicite la intervención de la Justicia federal, ya que entendía que se estaba violando la Ley de residuos peligrosos Nº 24.051 (art. 55), el Código Penal (Título 7, Capítulo 1, art. 186, inciso 2º b), la Ley provincial de Medio Ambiente (Nº 6.253). Inclusive, muchas de las sustancias que se generan en la quema de cañaverales están contempladas en el decreto 831/93 de la Ley 24.051. Ya no quedan dudas, la quema de vegetación en general, y de cañaverales en la zafra tucumana, produce daños ecológicos y en muchos casos esta práctica precede a la cosecha. Por otro lado, al incurrir en esta acción se están violando leyes provinciales y nacionales. Por lo tanto, existe la legislación necesaria para actuar. Antecedentes de lugares de quema y propietarios también existen en las actuaciones de los organismos de control y técnicos de la provincia. Sólo hace falta que la ley alcance a algunos de estos infractores y automáticamente el cielo de Tucumán cambiará de color.