EL CAIRO.- La lucha por el poder entre militares e islamistas en Egipto se está convirtiendo en una pelea jurídica, después de que el Parlamento pidió ayer la intervención del Tribunal de Casación, para que decida sobre la disolución del propio Congreso y la convocatoria a nuevas elecciones legislativas, tal cual lo dispuso una sentencia de la Corte Constitucional.
Los diputados islamistas que apoyaron la propuesta del presidente del Parlamento, Saad al Katatni, pertenecen a los Hermanos Musulmanes y al grupo salafista. La izquierda y los liberales no acudieron a la sesión, al considerar que la Justicia le había retirado legitimidad al cuerpo, y pese a que el presidente, Mohammed Mursi, ordenó el domingo la reinstalación del Poder Legislativo.
Este decreto fue derogado el lunes por el Tribunal Constitucional, que ratificó que las elecciones parlamentarias reservadas para la designación directa de candidatos independientes no se habían desarrollado correctamente, sino que habían participado en ellas afiliados a partidos políticos. La Junta Militar acogió el fallo, disolvió el Parlamento y se hizo cargo de sus funciones.
Los Hermanos Musulmanes realizan movilizaciones en las principales plazas del país, en especial en la cariota Tahrir, en respaldo al mandatario, que integra sus filas. El secretario general del movimiento islámico, Mahmoud Hussein, explicó que el objetivo es apoyar a Mursi en "su decisión de atender las demandas populares".
El premio Nobel de la Paz, Mohammed el Baradei, instó a buscar una salida al conflicto institucional. "La conciencia nacional exige un encuentro inmediato entre el Presidente, los representantes del Poder Legislativo y la Junta Militar para alcanzar una solución política y jurídica, que evite la explosión del país", señaló. (DPA-AFP)