Los chicos bailaron, se rieron, se emocionaron y aprendieron -y los padres se entusiasmaron- durante sus incursiones por Sapolandia, una mágica tierra libre de contaminación donde todo es posible. Eso fue la sala del teatro Alberdi, conquistada toda la tarde por el famosísimo Sapo Pepe y sus Pepas. Nadie dejó de cantar a lo largo de tres funciones atestadas "Yo tengo un sapo que se llama Pepe...", la canción compuesta por Candela que hizo perder a chicos y grandes la aversión por los mansos batracios.