Todavía queda mucho por hacer en esto de ofrecer vida en medio del dolor, sostiene María Hernández. Hace una década, ella donó los órganos de su hijo de 19 años, fallecido en un accidente de tránsito, y cree que ese acto solidario pudo calmar buena parte del dolor por la pérdida.
"No pedimos plata ni beneficios, sólo asistencia psicológica para ese momento tan difícil, cuando sale un médico y te dice que lo único que queda es la donación de órganos", remarca la mujer, que tiene otros dos hijos.
Según María, si bien la situación ha mejorado y ahora se brinda contención a personas que están en su situación, aún no basta. "Se presta más atención al trasplantado que a la familia del donante. Nos hablan en el momento y después se olvidan", opinó.