Salís a tomar algo y elegís un bar al azar. Pero en cuanto cruzás la puerta te encontrás con un espectáculo que te sorprende: como si estuvieras dentro de la película "Mi novia Polly" (la de Ben Stiller y Jennifer Aniston), las parejas se mueven al ritmo de la salsa entre las mesas. Los cuerpos se contorsionan muy cerca unos de otros, la sensualidad vibra en el aire y una energía indefinible empieza a invadir tu cuerpo: te invaden las ganas de bailar. No estás dentro de una película hollywoodense, sino en una de las tantas salseadas que calientan la noche tucumana.

Los ritmos caribeños han salido de los gimnasios de la provincia (donde se los utilizaba para hacer ejercicios) y empezaron a colarse en la vida de muchos entusiastas que jamás se imaginaron eso de andar moviendo las caderas de miércoles a domingo. Es que Tucumán se convirtió en la provincia más salsera del norte, según cuentan Sebastián Mustafá y Luciana Allende, organizadores del IV Congreso Nacional de Salsa "Unidos por la clave", que terminó ayer. Del encuentro participaron más de 150 bailarines de distintas provincias. Se dictaron talleres sobre Mambo en 2, Afro Cubano, Salsa estilo Los Ángeles y Bachata, entre otros estilos.

"Muchos se enganchan en las salseadas que se hacen en los bares. A veces caen de casualidad y el ritmo los termina atrapando", explica Luciana, quien es la pareja de baile de Sebastián. Ellos se conocieron en una salseada: unos amigos salseros la habían invitado al cumpleaños de Sebastián que, como no podía ser de otra manera, estuvo repleto de ritmos caribeños.

La salsa es el nombre que se le dio en Nueva York a un estilo musical que resultó de la fusión de ritmos cubanos con el jazz. Y tiene algo que lo hace irresistible. Al menos eso es lo que afirman aquellos que alguna vez entraron a una salseada y nunca más pudieron salir. "Es un ambiente sano y abierto. Comenzaron en las casas de los profesores: se juntaban de noche a divertirse", recordó Luciana. Para bailar no hay límites de edad ni de patadurismo: cualquiera puede aprender. Lo mejor de todo es que, según Luciana, nadie puede decir que no.